Irene Polo, retratada por Gabriel Casas mientras bromeaba con Buster Keaton
Irene Polo, retratada por Gabriel Casas mientras bromeaba con Buster Keaton
RAROS COMO YO

Irene Polo, la intrépida reportera

Presentamos la primera de las dos partes de nuestra semblanza de Irene Polo, que fue una de las mejores periodistas catalanas de comienzos de siglo pese a lo breve de su vida

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En la muy valiosa generación de escritoras catalanas que florecieron durante la Segunda República no podemos dejar de incluir a quienes consagraron (o dilapidaron) sus talentos en el periodismo. Si María Luz Morales fue, sin disputa, la mejor periodista en castellano en la Barcelona de la época, el título equivalente en catalán corresponde a la precoz (y efímera) Irene Polo. Había nacido en Barcelona el 27 de noviembre de 1909, primogénita de un guardia civil que fallece cuando ella apenas ha estrenado la adolescencia. Para subvenir las necesidades de la madre viuda y de sus dos hermanas pequeñas, tendrá que abandonar la escuela y empezar a trabajar. Durante algún tiempo lo hizo en las oficinas de una pequeña empresa de la que sería despedida en 1931, por haber encabezado una protesta contra su propietario, que había decidido bajar los sueldos de sus empleados, para mantener los beneficios. Un par de años más tarde, desde su tribuna en «L’Opiniò», defenderá con vehemencia a los oficinistas y dependientes de comercio, cuando por fin se decidan a organizar una huelga en reivindicación de sus derechos laborales.

Pero ya antes de su despido, desde junio de 1930, Irene Polo había comenzado a colaborar en la revista «Imatges». Allí publica una divertida crónica, sobre una frustrada entrevista al inaccesible Cambó; y también un reportaje en torno a la visita a Barcelona del matrimonio formado por Natalie Talmadge y Buster Keaton, a quienes acompaña en una excursión a Sitges. Aunque consigue que el genial –y siempre impasible– caricato le haga algunas bromas y carantoñas, Irene no logrará en cambio arrancarle una sonrisa, que era el trofeo más ansiado (en vano) por el fotoperiodismo de la época. De aquel divertido encuentro queda constancia en algunas fotografías de Gabriel Casas, el retratista más penetrante de Irene Polo, quien mejor supo captar su belleza ingenua y radiante, siempre coronada por un modernísimo peinado garçonnière, siempre iluminada por una sonrisa de niña grande.

Entrevistadora y sufragista

En noviembre de 1931 comienza a colaborar en el vespertino «La Humanitat», dirigido en sus inicios por Lluís Companys. Allí, en la contraportada del diario, entrevista a mujeres célebres (de Imperio Argentina a Clara Campoamor) y hace ardorosa campaña a favor del sufragio femenino. También su firma se hará asidua en «La Rambla», donde se estrena entrevistando a un expansivo Pío Baroja (que se siente «divinamente» cada vez que visita la «meridional y simpática Barcelona»), para enseguida especializarse en cuestiones de moda, que aborda de manera muy malévola y socarrona.

En noviembre de 1932, con ocasión de las elecciones al Parlament, abandona los temas «femeninos» para centrarse en asuntos políticos más vidriosos. Publica una vibrante crónica sobre la derrota de Lerroux, vapuleado por Esquerra en el distrito del que se había proclamado fatuamente emperador; y también un reportaje desgarrador sobre la mendicidad en Barcelona. Asimismo, cubrirá las huelgas y conflictos mineros que se han desatado en Sallent, denunciando las condiciones miserables en las que malviven los inmigrantes charnegos, alojados en barracones, y sus rifirrafes con la población autóctona.

Se enemistó con la CNT, que la llamó «fiera corrupia de Las Ramblas» y «tan fresca como su apellido»

El tono de sus reportajes tal vez no gustasen a la dirección (los mineros charnegos eran apacentados mayoritariamente por la CNT) y la firma de Irene Polo desaparece de súbito de «La Humanitat». En febrero de 1933 reaparece en L’Opinió, órgano oficial de la escisión esquerrista acaudillada por Josep Tarradellas. Toda la carrera periodística de Irene Polo, con sus brincos y zigzags, sirve para ilustrar las desavenencias y hostilidades entre los diversos grupos de la izquierda catalana. Sus reportajes en «L’Opinió» le terminarán ganando la inquina de la CNT y la FAI, organizaciones a quienes Polo considera «agentes de la política reaccionaria». En abril de 1933, «Solidaridad Obrera» le dedica un artículo muy vejatorio, en el que se afirma sin empacho que es «tan fresca como su apellido» y se la moteja de «fiera corrupia de las Ramblas que, por su hermosura, ostenta el título de Miss Opinió».

Querellas y películas

Polo inicia por entonces una serie de reportajes a favor del abaratamiento del pan; y, en plena campaña de hostigamiento de los anarquistas, sorprende con una crónica que denuncia la desaparición de un joven faísta, Viriato Milanés, infiltrado al parecer entre las juventudes del Estat Català de Macià y apalizado por sus comandos paramilitares (los briosos y malandrines «escamots»). Luego se dirá que este Milanés había intentado poner una bomba en un centro de la Esquerra (por lo que la denuncia de Polo puede entenderse como una querella más entre escisiones esquerristas).

Son los años de mayor ajetreo y esplendor de nuestra autora, que también se encarga de la publicidad de la productora Gaumont en Barcelona (como María Luz Morales se encargaba por las mismas fechas de la publicidad de la Paramount). Y en noviembre de 1933 será elegida vicesecretaria de la Agrupación Profesional de Periodistas de Barcelona. Ya sólo le resta, para alcanzar la cima del estrellato periodístico, infiltrarse en alguna manifestación multitudinaria de la derecha española y conseguir entrevistar a sus líderes…

(Continuará).