Detalle de «Color tinta» (2017), de Iñaki Domingo
Detalle de «Color tinta» (2017), de Iñaki Domingo
ARTE

Lo que la imagen esconde; lo que la imagen expulsa

Eduardo Nave e Iñaki Domingo cuestionan y amplían lo fotógráfico en el Centro de Arte de Alcobendas (Madrid)

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En un PHotoEspaña volcado con los nombres de referencia, los «fogonazos» experimentales hay que buscarlos en las periferias. Nunca mejor dicho, porque en el Centro de Arte de Alcobendas coinciden dos artistas cuyos proyectos se caracterizan por su mensaje millennial y unas sólidas propuestas que expanden la técnica.

Iñaki Domingo (Madrid, 1978) y Eduardo Nave (1976) no son unos recién llegados. El primero es además editor en RM y responsable del programa Lanzadera en CentroCentro. Por su parte, el valenciano fue fundador del colectivo Nophoto, donde vuelca su interés por lo documental. Quizás sin pretenderlo, ambos, desde los espacios asignados en Alcobendas, han trenzado una propuesta coral que tiene mucho de poesía y de homenaje a la fotografía, a su capacidad para narrar, pero también para ocultar, borrar matices e imponer un mensaje.

La primera estrofa de este poema lo compone Domingo con Gradiente, que salta a lo instalativo (la pieza está pensada para el centro y sus complicados rincones), y que con tan sólo tres piezas (¡pero qué tres!), homenajea las dos tipologías en las que se asienta la teoría contemporánea del color: el CMYK y el RGB, que se refieren, respectivamente, a los mecanismos básicos de impresión y de grabación para dotar de fisicidad al color. Así, por ejemplo, la obra Color tinta reproduce en cascada los cuatro tonos primarios del CMYK, enfrentados a sus 256 combinaciones posibles y que se presentan como un ejército de cilíndricos papeles fotográficos. En su rincón, un bellísimo libro de artista (ejemplar único ¡un pecado en la era del fotolibro!), Gradación, en el que los porcentajes se reparten en el tránsito del blanco al negro, y viceversa, alternándo sus recorridos en páginas pares o impares. Una delicia.

La conexión entre este autor y el siguiente quizás esté en el proyecto que Domingo se trae entre manos, basado en las «dictaduras cromáticas» de Pantone. Nave también habla de la dictadura del selfie, algo que hace sin salir en la foto; de la del «like», o del fotografiar para agradar; de la del señalar nuestro estar en el mundo más que la vocación por enseñar el mundo... Y de la dictadura de la inmediatez. Él, que ha tardado 14 años en cerrar este maravilloso proyecto. Su veta romántica le lleva a preguntarse si es posible emocionarse de nuevo con el paisaje. Y, en su búsqueda de ámbitos para que surja la magia, va haciendo presencia la figura humana, que coloniza poco a poco las imágenes (distribuidas en capítulos, como en un libro, razón por la que el montaje funciona luego tan bien en el catálogo). Estas le dan la vuelta a la tortilla al imponer el predominio de «la figura» sobre «el fondo» (bienvenidos a las limitadas posibilidades del palo-selfie y a los encuadres unificados del turista), lo que da pie al artista a criticarlo con la imagen en movimiento (sus vídeos nacen de acumular imágenes fijas) y a buscar otra salida en entornos no colonizados por el hombre, como la luna o, en un último esfuerzo, la pintura, sinónimo aquí de «imaginación», de paisaje inventado.