Mark Wahlberg y Michelle Williams tuvieron que volver a Roma a rodar las escenas en que aparecía Spacey
Mark Wahlberg y Michelle Williams tuvieron que volver a Roma a rodar las escenas en que aparecía Spacey
CINE

El honor no se compra

Ridley Scott celebra sus 80 años con el estreno de «Todo el dinero del mundo», película en la que Kevin Spacey fue convenientemente borrado y sustituido por Christopher Plummer para que sus excesos sexuales no salpicaran la taquilla

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Ridley Scott siempre ha estado muy mal acostumbrado. Fundó, de hecho, una compañía de publicidad porque consideraba que ni siquiera en la BBC tenía los medios suficientes. Después de grabar miles de anuncios, donde cada segundo de película es aún más caro que en el cine, solo regresó a este cuando pudo plasmar sus ideas sin restricciones. Moebius ayudó a diseñar el monstruo y las circunstancias en «Alien», referencia que el director británico mantuvo en los sueños futuristas de «Blade Runner». Ni siquiera su debut, «Los duelistas», puede considerarse una obra modesta. Una vez subido a la ola del lujo, no se ha bajado nunca.

En su defensa hay que decir que aprovechó bien las envidiables condiciones de trabajo y que nos ha dejado varias obras maestras y una demostración de oficio permanente. Del resto de su obra es admirable sobre todo «Thelma y Louise», aunque ganó el Oscar a la mejor película por la excelente «Gladiator». Incluso un título tan reciente como «Marte» podría ser envidiado casi por cualquiera. Pese a las críticas y las bromas, como que el Scott bueno es su hermano Tony (otro grande, aunque la historia no les dejará compartir escalón) Ridley ha tenido una carrera impecable y, en contra de la costumbre, no ha sido prejubilado en cuanto el carné de identidad convertía en un riesgo los rodajes.

Jubilaciones anticipadas

La historia del cine está llena de dramáticas retiradas a causa de la edad. A Alfred Hitchcock y Billy Wilder los empujaron al asilo antes de tiempo. Francis Ford Coppola dio la razón a los burócratas y parece más centrado en sus hoteles y viñedos. Solo ha firmado cuatro películas en el siglo XXI y ninguna buena. El cine, decía Orson Welles, es el tren eléctrico más maravilloso que se ha inventado. Y el más caro, tanto que incluso él mismo tuvo que venirse a España para pagar en pesetas algunas de las películas que aún llevaba dentro. Scott es otra cosa. A sus 80 años, aún dejan en sus manos equipos gigantescos y presupuestos de vértigo. Después de «Todo el dinero del mundo», el portal IMDb cita hasta 18 proyectos en los que el británico está involucrado como productor en los próximos dos años. Aparecen otros dos como director, incluida una nueva secuela de «Alien» que verá la luz cuando el maestro tenga 82 años. Lo que tiene por delante es casi un veinte por ciento de su filmografía anterior.

Es imposible saber cuánto se resistió el cineasta a los ejecutivos de Sony sobre la «necesidad» de sustituir a Kevin Spacey el apestado (y que conste que el actor no era o no parecía en absoluto inocente). Ridley Scott ya había lidiado con circunstancias parecidas en «Gladiator», cuando Oliver Reed murió antes de tiempo y la tecnología completó el papel, pero aquí el borrado tiene tintes casi estalinistas, pero en versión de lujo. Se dice que la sustitución por Christopher Plummer costó diez millones de dólares. El tiempo jugaba en contra. Cuando estalló el escándalo, quedaba un mes para el estreno y fue necesario volver a trasladar a gran parte del equipo a Roma. Mark Wahlberg había perdido varios kilos para preparar otra película y fue preciso arreglarle la ropa. El milagro es que, según parece, todo salió bien, hasta el punto de que Plummer está nominado a un Globo de Oro, al igual que Michelle Williams, y la cinta ha recibido elogios casi unánimes de la crítica. A España llegará el 23 de febrero.

El director de «Alien», que tiene en marcha 18 proyectos, tuvo que aceptar la decisión de Sony sobre Kevin Spacey

Lo irónico de toda la historia es que «Todo el dinero del mundo», atinadísimo título, es además una parábola sobre lo que se puede o no comprar. Para remate, el personaje de la discordia es Jean Paul Getty, millonario que en 1973 sufrió el secuestro de su nieto, John Paul Getty III, a manos de la mafia.

Scott, por cierto, no quiso enseñar a Plummer cómo había interpretado Spacey el papel, ni siquiera como pista. Luego ha admitido que ambos estuvieron brillantes, aunque con aproximaciones muy distintas al personaje. Solo el director conoce (y unos pocos más) quién lo hizo mejor. Solo él puede (y muy pocos más) juzgarse a sí mismo por acceder a una medida tan extrema y precipitada. Lo que sí sabe casi todo el mundo es que no fue una decisión moral ni de apoyo a las víctimas, sino económica. El objetivo casi único era esquivar un posible fracaso de taquilla. Kevin Spacey era un fondo tóxico del que convenía desprenderse y Ridley Scott no puede permitirse un parón en su carrera justo en la recta final. Del intérprete también se ha aplazado (aquí no hay dinero para el photoshop) su película sobre Salinger, «Rebelde entre el centeno». Que no podamos verla, como otro filme en el que da vida a Gore Vidal, sería tan increíble como que Netflix retirara «House of Cards» de su catálogo.

¿Accedería Nabokov, si estuviera vivo, a envejecer un poco a su Lolita? ¿Debería David Fincher cambiar el final de «Seven»? Al fin y la cabo, serían menos escenas. Conviene recordar que el actor, para mantener la sorpresa y por decisión propia, prefirió en aquel título no salir en los títulos de crédito. Se ahorró de paso las entrevistas de promoción. Es curioso que, casi tres décadas después, se haya vuelto a librar del compromiso.