LIBROS

«Los hombres del SAS», juego de truhanes

De la historia del SAS Británico («Special Air Service») se ocupa el libro del periodista Ben MacIntyre. Sangre, sudor

(y pocas lágrimas) tiñen la trayectoria bélica de este cuerpo

Las SAS contaron con el decidido apoyo de Churchill (en el centro de la imagen)
Las SAS contaron con el decidido apoyo de Churchill (en el centro de la imagen)

El Special Air Service (SAS) británico fue creado en julio de 1941 como el primer cuerpo de operaciones especiales de la historia, actividad a la que prestó decidido apoyo el «premier» Winston Churchill, gran aficionado a las operaciones militares no ortodoxas desde su experiencia en la guerra de los Boers. Este tipo de actuaciones, tan antiguas como la propia guerra, atrajeron en la campaña del Norte de África a un heterogéneo ramillete de militares inconformistas, inadaptados y granujas, cuya descripción caracterial, que se aborda en las primeras páginas, se detiene en su trasfondo sexual y violento.

El periodista Ben MacIntyre, estudioso de las operaciones de espionaje durante la Segunda Guerra Mundial, elabora un ameno relato de esta extravagante unidad militar, y presenta el libro como la primera historia autorizada del SAS, avalada por la propia organización de antiguos combatientes y basada tanto en entrevistas a los escasos supervivientes como en el diario de guerra del regimiento, que fue recopilado en 1945.

Aunque se incluye una lista exhaustiva de operaciones militares y el cuadro de honor del regimiento, ello no implica que se dé cuenta de las operaciones que el SAS ha realizado desde la posguerra hasta la actualidad, tanto en acciones contrasubversivas en las antiguas colonias (por ejemplo, en Malasia o Adén), como en operaciones contraterroristas (a destacar la polémica «Operación Flavius» que acabó con la vida de tres miembros del IRA en Gibraltar en marzo de 1988) o en guerras más o menos convencionales (de Corea a la actual lucha contra ISIS) que siguen estando sometidas al secreto impuesto por el Ministerio de Defensa británico.

L figura de su mítico fundador, Sterling, alberga puntos oscuros

La figura de su mítico fundador, Daniel Sterling, alberga también puntos oscuros que apenas se citan: vástago de una familia aristocrática escocesa, elitista e indisciplinado, insufló en sus hombres un espíritu de aventura y despreocupación casi deportivo que no escondía la ferocidad de los ataques. En los años sesenta organizó una empresa militar privada que actuó en Zambia y Sierra Leona, se dedicó al tráfico de armas y en los setenta creó la organización Great Britain 75, grupo ultraconservador que trató de minar la influencia social de los sindicatos laboristas.

Sorpresas

Nada de esto se cuenta en este libro, que se centra en las operaciones del SAS durante la Guerra Mundial, destruyendo aeródromos en el Norte de África, liderando los desembarcos en Italia o saboteando la retaguardia enemiga el Día D. Sterling se dio cuenta de que en el inmenso espacio desértico de Libia, tan extenso como la India, había grandes oportunidades para efectuar maniobras por sorpresa. Sus primeras acciones, marcadas por su característica improvisación (la Operación «Squatter» en noviembre de 1941 o los ataques anfibios a Brouerat en enero y a Bengasi en marzo de 1942) fueron un rotundo fracaso, pero los sabotajes a los aeródromos del Eje en el Golfo de Sirte a fines de 1941 abrieron la vía a un método de lucha basado en la audacia, la sorpresa y el empleo de nuevas armas, como la bomba de relojería Lewes, o los vehículos todo terreno del Long Range Desert Group, que operaron en un radio de 500 kilómetros armados con ametralladoras pesadas «Lewis», de enorme potencia de fuego. Tras sus ataques a los aeródromos de Bengasi para aliviar la presión del Eje sobre Malta a mediados de 1942, el SAS se convirtió en un pequeño ejército casi independiente, capaz de librar una guerra diferente bajo el lema «quien arriesga vence».

A pesar del secretismo que rodeaba sus incursiones, el SAS se convirtió en la estrella emergente del teatro de operaciones de Oriente Próximo, cobrando un aura de romanticismo similar a la que se forjó Thomas Edward Lawrence en la anterior Guerra Mundial. La fama de estos «bucaneros de la arena» llevó a que Randolph Frederick Edward Spencer-Churchill, hijo del primer ministro, decidiera incorporase a sus filas.

A pesar del fracaso de la Operación «Bigamy» (un nuevo ataque por sorpresa a Bengasi en septiembre de 1942), este destacamento de «ratas del desierto» se convirtió en regimiento, y poco más tarde se desdobló en dos, a pesar de las reticencias manifestadas por el ordenancista nuevo jefe del 8º Ejército, general Bernard L. Montgomery. La captura de Sterling por los alemanes en Túnez en enero de 1943, y su ulterior traslado a la prisión de oficiales de Colditz, coincidió con una radical transformación del SAS en fuerza de reconocimiento a las órdenes de los cuarteles generales para la invasión de Sicilia y el Sur de Italia.

Sembrar miedo

De la guerra de guerrillas se pasaba a la guerra más o menos convencional, pero en Francia el SAS volvió a efectuar incursiones en la retaguardia enemiga (Operaciones «Houndsworth« y «Bullbasket») en colaboración con el SOE y los grupos locales de la Resistencia, con quienes realizaron emboscadas a convoyes enemigos y sabotajes ferroviarios.

Su brutalidad no disminuyó. Se trataba de sembrar «miedo y abatimiento» entre las filas alemanas en retirada, lo cual implicó un progresivo desdibujamiento de los límites entre la justicia severa y el asesinato puro y simple. Su fama alcanzó tales extremos que Hitler dio orden expresa de ejecutar sumariamente a los miembros del SAS que fuesen apresados.

El SAS fue disuelto oficialmente en octubre de 1945, pero una parte de su estructura permaneció secretamente en activo hasta su reconstitución oficial en 1951. Aún hoy sigue siendo una unidad de élite, modelo para el SEAL norteamericano y otras fuerzas especiales de la «Commonwealth». Su fama de audacia y ferocidad le precede: «Llegamos a todas partes [...] por la noche no sabes quién asomará por la ventana».

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