Detalle de «El pintor bloqueado», de Baselitz
Detalle de «El pintor bloqueado», de Baselitz
ARTE

«Los héroes» de Baselitz, cincuenta años después

El Baselitz de los comienzos, el de la serie «Los héroes», se enfrenta en el Museo Guggenheim de Bilbao al de conjuntos más recientes. El experimiento destaca los avances del pintor

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La selección de pinturas de la exposición Los héroes, del alemán Georg Baselitz (Deutschbaselitz, 1938) recoge parte de un corto pero productivo periodo del pintor, ya que la serie se realizó entre 1965 y 1966, compuesta por unas sesenta pinturas y unos ciento treinta dibujos que han sido conocidos como Pinturas de los héroes o Los tipos nuevos. El museo bilbaíno ha conseguido complementar la parte expuesta de esta serie con unas impresionantes obras de gran formato de la primera década de 2000 denominadas Remix por el propio artista.

Comenzadas en 2005, las piezas de Remix forman parte de un proceso por el que su autor volvía sobre algunas de sus obras anteriores. La exposición, según el propio centro, trata de marcar una línea de continuidad ideal entre el pasado y el presente al incluir esta selección de pinturas más actuales. Un acierto, pues la exposición podría mostrarse algo monótona de no ser por estos monumentales lienzos de hasta tres metros.

Otro de los logros del museo vasco ha sido otorgar un lugar íntimo a un cuidado gabinete de dibujos y grabados que, sin duda, son de lo más sugerente. Lo interesante de esta muestra es que uno se enfrenta directamente con la pintura del artista en uno de sus periodos de investigación más potentes, un joven Baselitz de apenas treinta años que, gracias a esta contraposición de series, puede compararse con el de la madurez de las piezas de 2007. La serie Los héroes muestra las influencias de su autor en sus periodos iniciales, como la visita a la exposición La nueva pintura americana, en Berlín, o a la documenta 2 de Kassel, en 1958, donde pudo nutrirse de la pintura de Pollock, de Willem de Kooning… De los grandes formatos y de todo ello, curiosamente, no se verá un reflejo claro hasta años después.

Baselitz nunca ha podido desprenderse por completo de la figuración, y es en esta muestra donde podemos revisar cómo sus manchas de color son intervenidas de manera constante por gruesas líneas que dibujan contornos que las delimitan, signos claros de la influencia de pioneros del expresionismo alemán como podría ser el grupo Die Brücke. Del mismo modo que Los héroes arrastran mochilas, el artista arrastra en parte el estigma de la represión de su país natal hacia las vanguardias, o a lo que se denominó la «Pintura degenerada». Aún así, el gesto, la mancha y la impronta de Baselitz -que se podría tomar como un precursor del neoexpresionismo alemán- es una constante de la cita.

En una época en la que las máximas de los teóricos aludían a que el arte se había vuelto pura abstracción y que se debatía entre adversarios y defensores de la misma, el alemán nunca adoptó una posición ideológica clara, ya que interpretaba que el futuro del arte no residía ni en la denominada abstracción ni en el realismo socialista.

Rodeados de objetos

La cita «de lo que nunca pude escapar fue de Alemania y de ser alemán» -del propio Baselitz y que abre la muestra- deja patente cómo él mismo se sabía aún enganchado a condicionantes que contenían, en parte, una potencial expresión pictórica, hasta que pudo expandirla por completo en sus últimos años. La gran diferencia entre Los héroes y los Tipos nuevos con la serie Remix es que los protagonistas de los primeros están -como decíamos- dotados de objetos recurrentes que portan sobre sus cuerpos: petates, paletas y pinceles, o instrumentos de tortura, además del repetitivo formato -algo menor a los dos metros- para todas las obras; Remix, en cambio, muestra una soltura, rapidez y decisión en los trazos y las manchas que convierten la serie en una evidencia de la transformación técnica del artista.

En progresión

En la primera, a pesar de su monotonía, cada pieza varía levemente en sutiles cambios compositivos y cromáticos, y, al ver toda la secuencia, se permite realmente entender delicadamente cómo el autor avanza en su expresión hasta conseguir llegar a sus Pinturas fracturadas -predecesoras de sus famosas Pinturas invertidas- o a las realizadas sobre fondo negro.

La muestra del Guggenheim Bilbao consigue así hacer un recorrido por las inquietudes y los condicionantes del artista, sus fantasmas y sus miedos, y, con perspectiva, ver cómo se desprende de estos en una creación más madura, libre, expresiva y contundente en composición y color. Sin duda, lo más íntimo -los citados dibujos y grabados que se exhiben a modo de gabinete- es la mayor joya de la sala.

La muestra sólo permite ofrecer una visión sesgada de la figura de Baselitz, aunque apabulla tener series tan recientes y de grandísimo formato recibiendo a los visitantes, esperamos, ansiosos de una gran retrospectiva del alemán en nuestro país.