El escritor estadounidense George Saunders
El escritor estadounidense George Saunders - ABC
ENTREVISTA

George Saunders: «Estados Unidos tiene ahora los mismos problemas que en la época de Lincoln»

El escritor estadounidense, genio del relato, ganó el premio Man Booker 2017 con su primera novela, «Lincoln en el Bardo», que ahora se publica en España. La muerte del hijo de Abraham Lincoln, Willie, a los doce años, es la excusa para revisitar la historia de su país

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Cuando George Saunders (Amarillo, Texas, 1958) terminó de escribir «Lincoln en el Bardo» (Seix Barral) experimentó esa sensación que sólo se tiene con los «libros importantes»: ahí puedes dejarlo. Un vértigo creativo comparable a la necesidad de tirarse que siente el que tiene miedo a las alturas al llegar al último piso de la Torre Eiffel. Como si de una sinfonía narrativa se tratara, el estadounidense compuso una novela magistral, que aparentemente aborda la muerte del hijo de Abraham Lincoln, pero que en realidad es un hermoso salmo sobre la pérdida, el luto y el amor.

¿Qué hizo que, siendo un genio del relato, se decidiera a escribir su primera novela?

No quería, pero el material lo demandaba. Con los años he aprendido que tienes que escuchar al libro, el libro es el jefe, y si te dice que tienes que hacer una cosa, la haces. Fue divertido, porque cuando publiqué el último libro dije cuanto me gustaba el relato y que nadie debería escribir novelas... Y, de repente, me vi escribiendo una. Es el deber del artista: admitir que no sabes nada sobre el trabajo que haces.

No sé si le sorprenderá, pero en la novela encuentro ecos de Walt Whitman.

Me gusta lo que piensa (ríe), pero ojalá estuviese a su nivel. Whitman fue una influencia para esta novela. Lo que me encanta de él es que escribió en una época en la que EE.UU. aún no sabía qué país era, y tenía una idea muy hermosa y optimista sobre eso. Al volver a él, me he dado cuenta de que seguimos sin saber qué país somos. Ahora necesitamos voces que nos recuerden que podemos ir en una dirección realmente buena o realmente mala. Nuestra visión poética de nosotros mismos es lo que hace que nos convirtamos en algo.

Es muy difícil escribir sobre la muerte de un niño sin caer en el sentimentalismo, pero usted lo ha conseguido.

Espero que sí. Una de las cosas que intenté recordar es que, al escribir sobre la muerte, escribes sobre el amor.

Estoy de acuerdo: el amor y la muerte son lo mismo.

Exacto, son lo mismo. Por suerte, no sé nada de fantasmas jóvenes (ríe), pero sé de amor. Al recordar el amor que siento por ciertas personas intenté imaginar cómo Lincoln sufrió la pérdida de su hijo y se enfrentó a ella.

¿Representa Lincoln el rostro de la pena, de la tristeza, para los estadounidenses?

Sí. Se ha convertido en eso, porque incluso antes de la muerte del chico tuvo una racha bastante depresiva. Es interesante, porque los estadounidenses no piensan que sean personas tristes.

Más bien todo lo contrario.

Sí, no nos gusta admitirlo. Tenemos una opinión muy optimista de nosotros mismos. Pero si miramos la violencia de nuestra historia... Los estadounidenses no estamos cómodos con la tristeza, y eso es un problema real. Se puede ver en el Gobierno actual: todo es increíble siempre, nunca se comete un error. Lincoln es lo contrario de eso, luchaba todos los días para hacer lo correcto y seguir viviendo. Es un modelo bonito.

¿Y cómo será recordado Donald Trump?

No lo sé. Hay gente aquí a la que le gusta mucho. Me lo recordó hace poco un amigo: lo interesante es que ha llegado al poder y tiene mucho apoyo.

Por eso se mantiene.

Y ese es el problema. Usa una energía que es muy real en el país, y eso tiene que ver con que todo el dinero ha ido a parar a ese 1% del que habla Bernie Sanders. Si va a nuestro Medio Oeste, esos pueblos están diezmados y la gente está sufriendo. Pero la gente, equivocadamente, ve algo simpático en él.

En ese sentido, ¿cuál es la mejor forma de continuar: resistirse o mostrar empatía?

Tengo claro que yo no voy a ser un fanático, no voy a ser violento, no voy a odiar. La empatía suprema es tener el control de tu mente y tu corazón para trabajar siempre por el bien. Quizás la gente está un poco mimada, no está acostumbrada a los conflictos reales.

Durante las elecciones de 2016, cubrió mítines de Trump para «The New Yorker». ¿Cómo fue la experiencia?

Comprobé que el país está afrontando ahora los mismos problemas que entonces. Nunca se resolvieron. Desde que Trump fue elegido, hay mentiras increíbles, racismo, y eso es porque esos problemas nunca se corrigieron tras la muerte de Lincoln. La diferencia entre el estado de ánimo que tenía cuando estaba terminando este libro y el estado de ánimo que tenía con Trump... son dos personas diferentes, en realidad.

¿Y a qué persona prefiere?

A la primera, porque tenía más confianza, era más paciente y tenía una sonrisa en la cara. La segunda estaba enfadada.

¿Puede un escritor ser una criatura política?

Creo que sí. Hablar de nuestras posturas intelectuales significa que el mundo tiene un léxico para la compasión y la bondad. Yo intento ser una persona compasiva que resiste frente al mal, y eso debería ser posible, aunque no es sencillo.

En la novela, los muertos creen que no están muertos y llaman a sus ataúdes «cajas para enfermos». ¿Llegamos a perder el miedo a morir o es algo que conservamos toda la vida?

No sé, yo nunca lo he perdido.

Yo tampoco.

Quizás no sabemos lo suficiente sobre la muerte. En las dos últimas semanas me han pasado varias cosas que me han recordado que todo es condicional. Eso me llevó a pensar que si pudieras vivir sintiéndote como te sentirías en los diez últimos minutos de tu vida, sería interesante. No sabemos que nos morimos, pero tampoco nos damos cuenta de que estamos vivos. Si pudiésemos darnos cuenta del estado en el que estamos, eso solucionaría muchos de nuestros problemas. Pero esto es sólo teoría. Sigo estando aterrado.

En este mundo lleno de tragedias, de guerras, de muerte a nuestro alrededor, ¿cómo se puede vivir con cierta alegría

Yo no vivo con alegría, lo intento, pero me cuesta. Te levantas por la mañana y compruebas tu estado de ánimo, que es como ser esclavo de tu propia mente.

Quizás simplemente hemos abandonado el arte...

No tengo la respuesta a eso, pero creo que la finalidad del arte es recordarte cuántos problemas tienes. Hace tiempo, escuché a un profesor decir que «la vida no tiene solución». Me parece muy bonito. Vivir alegremente es aceptar el hecho de que no hay soluciones.

Aunque su literatura no es ciencia ficción, sus historias, este libro sin ir más lejos, sí incluyen elementos del género.

Este es un libro extraño, básicamente de ciencia ficción, pero intento no considerarlo algo fijo. Es una de las cosas que pasan cuando envejeces: oyes a gente hablar de tu trabajo y decir que eres una cosa o la otra. Pero eso es el principio de la muerte de tu vida artística. Sólo tienes que decir que no sabes qué tipo de escritor eres. Para mí, hay dos cosas fundamentales: la originalidad y la conexión emocional con el lector. Vaya en la dirección que vaya, tengo que conseguir ambas cosas.

Para terminar, me gustaría recordar la charla que dio hace unos años a graduados en Siracusa. Suelo compararla con la de Foster Wallace a estudiantes del Canyon College.

David era amigo mío y fue una charla muy inspiradora. Hizo un bonito trabajo explicando la distinción entre los valores intelectuales y los espirituales. Habló de cómo funciona la mente, fue una charla muy budista y abrió la puerta, fue el primero que lo hizo. Todo el mundo se guía por el amor y la bondad. Es extraño que estas cosas sean tan importantes en nuestras vidas y no estén representadas en la tradición intelectual.