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ARTE

Galerías: el arte y la cultura a pie de calle

Expertos en arte, representantes, vendedores, promotores, psicólogos... ¿Qué son los galeristas? Todo esto y más. Pero no quieren ser elitistas, sino acercar la cultura a la gente

Interior de la galería Ponce+Robles de Madrid
Interior de la galería Ponce+Robles de Madrid - IGNACIO GIL

En mitad de la entrevista, un coleccionista entra en la oficina (sí, junto a esos espacios diáfanos y pulcros, casi siempre pintados de blanco, donde se expone el talento, hay habitáculos más prosaicos, con ordenadores, impresoras, estanterías cargadas de libros y carpetas, papeles aquí y allá, el típico desorden dentro de un orden). «Vengo a por lo mío». Lo suyo es una obra realizada por un joven fotógrafo mexicano que se presentó en la última edición de PHotoEspaña, que le entregan envuelta cuidadosamente en plástico de burbujas. El cliente, fiel desde hace un par de décadas, intercambia bromas con los galeristas y queda con ellos para el próximo evento, un cóctel en el que va a estar Ding Musa, artista brasileño que protagoniza la exposición con la que la galería madrileña Ponce+Robles abre el curso.

«Hoy todo es presionar la tecla intro para conseguir algo un segundo después; sin embargo, en nuestro negocio la gestión del tiempo es esencial. Internet es una herramienta útil, pero el trato personal es imprescindible. Hay que tomárselo con calma», comenta Raquel Ponce, una de las dos almas de esta galería. «El gran privilegio es el contacto con los artistas en su fase de creación», añade José Robles, la otra alma. «Los anglosajones dominan el mercado del arte, pero son más fríos».

Raquel Ponce y José Robles
Raquel Ponce y José Robles- I. GIL

Expertos en arte, representantes, comerciales, promotores, gestores, relaciones públicas, comisarios de exposiciones, psicólogos, filósofos, en ocasiones hombros en que llorar, muchas veces coleccionistas, siempre emprendedores, el carácter poliédrico de los galeristas no ha ayudado a que sean conocidos por el gran público, que tiende a simplicar, a quedarse con el tópico: ¿no son unos tipos que se dedican al comercio elitista, que venden obras de arte que están al alcance de unos pocos?

«En realidad ofrecemos cultura gratuita a pie de calle, funcionamos de forma capilar», comenta Miguel Ángel Sánchez, director de ADN Galería (Barcelona) y ADN Platform (Sant Cugat del Vallès). «Son espacios abiertos a todos donde no cobramos la entrada. En los últimos años acude gente muy joven, algunos incluso millennials que rara vez compran. Cogen la hoja de sala, que está escrita en un lenguaje convencional, no para expertos, y disfrutan de la exposición. La mayoría dice: “Yo colecciono visitas y experiencias”. Son los compradores del futuro. Es lógico que carguemos con el sambenito de elitismo porque en los titulares de prensa aparecen las grandes subastas de Sotheby’s. Hay que romper los clichés. Nosotros hacemos cultura de base y programamos a artistas que empiezan su carrera en una galería y que tardan años en entrar en los museos. De alguna forma, es una labor social».

Miguel Ángel Sánchez
Miguel Ángel Sánchez

Aunque estos profesionales, como es lógico, no viven de esas buenas intenciones. «Aquí se vende, ese es el elemento diferenciador», matiza José Robles. «La oficina es, por tanto, el corazón de la galería. El arte se utiliza a menudo para decorar, pero no es decoración. Esto no es como vender sofás. Es cierto que ofrecemos una experiencia. No es barata, lo cual no significa que nuestros clientes sean millonarios».

Hay cerca de tres mil empresas operando en el mercado español del arte, 2.845 en el sector de las galerías y 120 en el de las casas de subastas, según un informe de 2017 publicado por la Fundación «la Caixa». Se calcula que mantienen más de 10.000 puestos de trabajo cualificado. Las principales galerías se agrupan en diferentes asociaciones locales y en un consorcio nacional, aunque no todas participan de un proyecto gremial. Las ventas en 2016 alcanzaron los 385 millones de euros (un aumento del 7 por ciento con respecto al año anterior), una cuota muy pequeña en el mercado global, pues apenas llega al 1 por ciento. Se estima que las galerías facturaron 310 millones, lo que representa el 80 por cien del valor total del mercado y un aumento del 11 por ciento en la tasación interanual; su nivel más alto desde 2008, cuando arrancó la crisis que también las golpeó sin misericordia. El IVA del 21 por ciento que se aplica a sus transacciones tampoco ayuda. La mayoría (el 63 por cien) se realiza por menos de 5.000 euros. Solo un 1 por ciento tuvo precios superiores a 250.000. Las ventas on-line representan el 5 por ciento, y en ferias, el 41.

Olga Adelantado
Olga Adelantado

El estudio de «la Caixa» destaca el equilibrio de género en este negocio, aunque, de hecho, en España puede hablarse de «grandes damas» en las figuras de Elvira González, Helga de Alvear y Juana de Aizpuru, sin olvidar a Soledad Lorenzo. «La discriminación que existe en otros sectores no se ha producido en este», destaca Olga Adelantado, directora de la galería Luis Adelantado de Valencia. Su padre, que da nombre a la firma, amplió horizontes con otro establecimiento en México. «No tiene que ver con la sensibilidad. ¿Acaso los hombres no tienen? Somos buenas gestoras». Helga de Alvear está de acuerdo: «No creo que el sexo tenga que ver con el hecho de ser un buen profesional».

Olga Adelantado, en la actualidad vicepresidenta del consorcio nacional, habla de su background artístico cuando se le pregunta por su decisión de dedicarse a esta actividad. «Empecé en la creación antes de dar un paso más. Antaño el perfil de galerista era más empresarial».

Helga de Alvear
Helga de Alvear- Luis Asín

«Lo primero es la pasión por el arte. Una pasión desmedida, insaciable, que no tiene fin», corrobora Raquel Ponce. Miguel Ángel Sánchez, de ADN, se reconoce un workaholic, un adicto al trabajo. «Haces de todo, desde limpiar la galería hasta rastrear autores. Yo me licencié en Administración y Dirección de Empresas y luego en Historia del Arte. Esa conjunción resultó clave. El arte no es solo comercio, es una idea. Cualquier ocupación relacionada con la cultura implica un cierto estupor al principio, más si te dedicas a vender arte contemporáneo. Todo lo nuevo es rompedor. Aunque el riesgo no es tanto porque la obra sea rara o extravagante, sino aguantar el ciclo de maduración, ya que por el camino pueden pasar muchas cosas y nuestra obligación es acompañar a esos artistas jóvenes».

Alberto de Juan
Alberto de Juan- I. PERMUY

Hay entre el común de los mortales una tentación a buscar símiles para comprender este mundillo. ¿Es la relación entre el galerista y el artista parecida a la que mantienen, por ejemplo, los ojeadores o los representantes con los futbolistas? ¿Se «roban» las galerías a sus estrellas? «Bueno, hay diferencias», reconoce Alberto de Juan, director de la galería Max Estrella (Madrid). «Cuando un futbolista es descubierto por un club pequeño y llega uno grande a ficharlo, el primero obtiene un beneficio. En nuestro negocio no ocurre esto. Hay muchos caminos para que un creador acabe en una galería. Unas veces las propuestas parten de nosotros y otras son ellos los que se ofrecen. Asumimos una enorme función de promoción». Raquel Ponce, por su parte, afirma que «trabajamos la cantera de artistas españoles -aunque también contemos con extranjeros- y entre los colegas nos llevamos bien. Nosotros no hemos “fichado” nunca a artistas de la competencia».

Rafael Ortiz
Rafael Ortiz- JUAN FLORES

Rafael Ortiz es otro de los nombres imprescindibles. Propietario de una galería en Sevilla que lleva su nombre (proyecto en el que es parte esencial su mujer, Rosalía Benítez), fue pionero en la capital andaluza, donde abrió su negocio hace casi 40 años (tiene un segundo espacio en Madrid). En sus credenciales hay grandes figuras del panorama artístico español, como Guillermo Pérez Villalta y Luis Gordillo. «Pero nunca hemos dejado de trabajar con gente joven, porque no somos exclusivos, sino inclusivos. Que el arte contemporáneo no se entiende es otro de los tópicos que debemos romper, es preciso hacer una labor educativa al tiempo que tratamos de vender las obras».

«Educar desde la escuela», añade Raquel Ponce, de Ponce+Robles. «Que los profesores aprovechen las galerías como espacios de aprendizaje; en Madrid, por ejemplo, puedes visitar cuatro o cinco en una tarde sin salir del barrio de las Letras». Olga Adelantado revela que su galería de Valencia organiza talleres para niños y visitas guiadas. Alberto de Juan concluye que «el mundo del arte es como una tarta milhojas, con muchas capas. No todo es comprar y vender picassos». Estos profesionales suman a su perfil multidisciplinar una función más: la de seductores de un público que no sabe que cada día en una galería es una jornada de puertas abiertas.

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