ARTE/CINE

Francisco Leiro, el «leñador de bosques mágicos» que saca palabras a las piedras a golpe de martillo

Aser Álvarez dirige «Sísifo Confuso. Trabajos y días De Francisco Leiro», un documental que muestra el lado más cercano del escultor gallego

Francisco Leiro
Francisco Leiro - ARRAIANOS PRODUCIÓNS

«Para mí el arte es aquello que buscas y nunca encuentras, porque no sabes dónde está», reflexiona Francisco Leiro. El escultor, que todavía persigue su rastro entre Cambados, Madrid y Nueva York, acaricia la piedra y le susurra al granito hasta que la roca, moldeada al ritmo del cincel y del sudor del gallego, toma forma y habla, por fin, descubriéndoselo. Aunque él no lo sepa.

Trabajador infatigable, introvertido y esquivo, Leiro, contrario siempre al exhibicionismo, muestra por primera vez al público su refugio, los lugares donde piensa, dibuja y crea. Como si la cámara del director Aser Álvarez no existiese, embiste un material inmutable hasta que él lo toca. Siempre parco en palabras, prefiere expresar con su intención, ese ahínco con el que transforma la madera y las piedras «buscando el xeito para sacarles partido». Por eso apenas hila cuatro frases seguidas en el documental «Sísifo Confuso. Trabajos y días De Francisco Leiro», de la productora Arraianos.

«Nuestro objetivo era mostrarlo sin más, con naturalidad, sobriedad y manteniendo cierta distancia, centrando el proyecto audiovisual en las condiciones físicas y mentales de su trabajo, sin teorizaciones, discursos ni pretensiones biográficas», afirma a ABC el director, que ha sido la sombra del artista durante más de tres años. Acechando, sigiloso, el rastro de un esfuerzo mucho más que físico, a veces intangible. «Leiro trabaja con el otro lado, con lo desconocido, con la memoria y la parte no racional del ser humano. Con la intuición y el lado oscuro, y eso me atrae», reconoce Álvarez. El escultor no solo moldea la piedra, también la retranca y la ironía, y asume su estoico oficio con una sensibilidad inaudita que camufla bajo esa apariencia de «leñador de bosques mágicos».

Entre esbozos y figuras picassianas, a la deriva en su imaginación incombustible, el artista dibuja y emborrona, dando dimensión a la creación, y luego vida.

Más que palabras, Álvarez busca sensaciones. Más que significado, emociones. La delicadeza paradójica de empuñar un buril y un martillo, la ansiedad sutil con la que Leiro raspa la piedra, «superviviente de una etapa heroica de la escultura que ya no existe», como dice su colega y amigo vasco Txomin Badiola. Al ritmo de las herramientas del escultor, la banda sonora compuesta para el documental por la gallega afincada en Berlín Lucía Martínez sigue el consejo de Robert Bresson, afina la empatía y convierte el ruido en música. «Esas sonoridades hacen que las imágenes cobren una dimensión hasta entonces desconocida», explica el director.

Como el mito de Sísifo, obligado por castigo a cargar una piedra hasta la cima de una montaña en un bucle eterno, Francisco Leiro repite su rutina, y sus figuras la emulan. «Para mí el arte es una cosa abierta, amplia… No tengo una idea muy clara de lo que quiero hacer», divaga el artista. Y, por eso, quizás, es «Sísifo confuso», porque busca el arte… sin saber que la tiene ante sus ojos.

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