Una escena de «Historia del cerco de Lisboa»
Una escena de «Historia del cerco de Lisboa»
TEATRO

El Festival de Almada dramatiza el cerco de Lisboa

La adaptación escénica de la novela de José Saramago «Historia del cerco de Lisboa» es uno de los platos fuertes del Festival de Teatro de Almada (Portugal), que ofrece una variada e interesante programación de carácter internacional

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Del 4 al 18 de julio el 34º Festival de Teatro de Almada desarrolla una variada y muy interesante programación, con propuestas nacionales e internacionales, que hace de este certamen portugués una de las citas más destacadas del verano teatral europeo. Dirigido por Rodrigo Francisco, el festival rinde este año homenaje al gran escenógrafo, figurinista y artista plástico luso António Lagarto.

Una «Hedda Gabler» de Henrik Ibsen, dirigida por Juni Dahr y a cargo del Visjoner Teater de Noruega; «Bovary», empeño flaubertiano de Tiago Rodrigues, por la compañía del francés Théâtre de la Bastille; «Svaboda», escrita y dirigida por el argentino Bernardo Cappa; «Ricardo III está prohibido», de Matej Visniec, con puesta en escena de Razvan Muresan, al frente del rumano Teatro Nacional de Cluj-Napoca; «Golem», de la británica Suzanne Andrade; «Vangelo», del italiano Pippo Delbono, con su Teatro Fondazione, y «Une île flotante», espectáculo creado por el suizo Christoph Marthaler a partir de una obra de Eugène Labiche, en un montaje del Théâtre de Vidy-Lausanne, son algunos de los espectáculos del menú internacional de Almada.

De producción portuguesa son, entre otros, «Ela diz», de Carlos J. Pessoa, por el Teatro da Garagem; «História do cerco de Lisboa», a partir de la novela de José Saramago, con dramaturgia de José Gabriel López Antuñano y dirección de Ignacio García; «Moçambique», de Jorge Andrade, a cargo de la compañía portuense Mala Voadora; «A perna esquerda de Tchaikovski», otra pieza de Tiago Rodrigues, esta vez con la Companhia Nacional de Bailado; «Karl Valentin Kabarett», de Karl Valentin, con dirección de Ricardo Neves-Neves al frente del Teatro do Eléctrico; «Por nascer uma puta não acaba a Primavera», espectáculo dirigido por Alexandre Tavares y Anouschka Freitas e inspirado en «Memoria de mis putas tristes» de Gabriel García Márquez, y «A morte do príncipe», un montaje de Ricardo Boléo que utiliza textos de Fernando Pessoa, Heiner Müller e William Shakespeare.

Entre todas las apetecibles citas del programa del 34º Festival de Almada, una de las más esperadas es la mencionada adaptación de la novela de Saramago «Historia del cerco de Lisboa». El autor dedicó el libro a Pilar del Río, la granadina con la que se casó, y fue ella hace un par de años, y precisamente en Almada, quien, como explica José Gabriel López Antuñano (Madrid, 1949), les propuso a Ignacio García (Madrid, 1977) y a él adaptar ese texto.

Antuñano, con amplia experiencia ensayística y pedagógica en el ámbito teatral, ha realizado diversas versiones y adaptaciones, las más recientes «Enrique VIII y la cisma de Inglaterra», de Calderón, para la Compañía Nacional de Teatro Clásico, y «Lágrimas sobre el viento», dramaturgia sobre la obra poética de León Felipe estrenada en España y México por la Compañía Nacional de ese país. La novela de Saramago, sin diálogos, es sobre el papel un hueso duro de roer a la hora de llevarla a escena, aunque López Antuñano detalla que la estudió durante más o menos medio año y, «una vez tuve claro cómo desarrollar dramáticamente los tres planos en que se desarrolla el texto, escribí la adaptación de un tirón, la historia y los personajes tiraban de mí. Ha sido un ejercicio de reescritura que concentra el espíritu de la novela y es, siempre escénicamente hablando, muy respetuoso con el texto de Saramago, que contiene pasajes de gran fuerza dramática».

Juego de metaficción

El protagonista es el corrector de pruebas Raimundo Silva, que decide variar el texto de una historia del cerco de Lisboa por parte de los cristianos portugueses que, ayudados por guerreros cruzados, derrotaron a los musulmanes que ocupaban la ciudad en 1147. El reinventado suceso medieval transcurre en paralelo al cerco amoroso al que Silva somete a su amada María Sara, estableciéndose una confluencia de escritura, historia, amor y realidad. El adaptador asegura que «en todo momento sabía que no debía hacer una obra aristotélica ni introducir un narrador, lo que me parecía un contrasentido desde el punto de vista teatral. Hay un juego de metaficción en el que todos los personajes están en los mundos de los demás».

«En la suma de un equipo luso-español está también el sueño integrador de Saramago de una unidad ibérica», señala Ignacio García

Por su parte, Ignacio García, el director, subraya que ha concebido el montaje «tratando de establecer analogías y paralelismos con la novela de Saramago, y así lo ha hecho en su versión José Gabriel López Antuñano. Está el humor ácido de Saramago y su pensamiento político, su capacidad dialéctica, un gran homenaje a los libros y la lectura, a la vez que una exigencia al lector de tener capacidad crítica y no aceptar todo lo leído sin cuestionarlo. Esos elementos están en el montaje, y también el juego metaliterario que hace Saramago, de muñecas rusas, en el que un relato está contenido en otro, que a su vez contiene otro dentro, en un juego estético que puede recordar a Borges o a Calvino por momentos. He intentado que el juego escénico, y el planteamiento de teatro dentro del teatro y de superposición constante de lenguajes narrativos fuera capaz de ser una profunda y respetuosa traducción teatral de la historia que cuenta Saramago, en la que se superponen planos en diferentes épocas, géneros y estilos literarios. La música es uno de los lenguajes que se replican en ese espejo constante de planos que hay en la producción, y está inspirada en la música medieval y mozárabe, pero observada desde muchas ópticas desde las arqueológicas a las contemporáneas y deconstructivas. Digamos que en todo el montaje queremos que se vean las costuras y mostrar el andamio de la estructura narrativa».

Al hablar de las dificultades de traslación de un texto narrativo a un contexto dramático, García hace hincapié en que "la gran dificultad es no quedarse en una traducción miope de la novela sino en una traslación profunda de sentido y de códigos, que vaya más allá de la reproducción de frases, acotaciones y situaciones. La novela es un elogio a la disidencia, un homenaje a quien se atreve a negar la ‘verdad histórica’ impuesta, de modo que debíamos ser fieles a ese carácter dialéctico y disidente con la propia novela, respetando su esencia pero ajustando el juego y el artificio formal que hace constantemente Saramago a nuestro tiempo y a la diferente realidad que es el escenario y el teatro».

Estéticas diversas

El espectáculo es una coproducción de las compañías de Teatro de Almada, Teatro de Braga, Teatro del Algarve y Teatro dos Aloés, lo que supone que los nueve actores del montaje proceden de diversas experiencias teatrales, y ese, asegura Ignacio García, «es uno de los grandes atractivos del proyecto porque además se trata de un caso excepcional en el panorama teatral luso. Cuatro compañías diferentes, de territorios, estilos y estéticas teatrales muy diversas, han decidido unirse para levantar este proyecto junto y darlo a luz en el Festival de Almada. Son grandes actores de una enorme experiencia y un recorrido importante en el teatro portugués, veteranos y noveles, mayores y jóvenes, que están dando la pelea para poder contar juntos una historia tan compleja. Creo que esa diferencia y esas tensiones entre estilos le vienen como anillo al dedo a una historia tan poliédrica como la que plantea el espectáculo, y todo el reparto está demostrando un compromiso absoluto con el proyecto. Se da además la circunstancia de tener en el elenco a varios directores de compañía que son directores de escena de larga trayectoria, y eso, lejos de generar tensiones con la mirada del montaje, lo está enriqueciendo y haciendo más complejo y menos previsible. El montaje, gracias a esta suma de esfuerzos de compañías diferentes, tendrá una gira por Portugal y cuarenta funciones en cuatro ciudades distintas, lo que no es nada fácil en un país donde la red teatral es más débil que la que disfrutamos en España. Creo que en eso, y en la suma de un equipo luso-español, también está el espíritu integrador de Saramago y su sueño de una unidad ibérica entre españoles y portugueses».