El escritor rumano Mircea Cartarescu
El escritor rumano Mircea Cartarescu - José Ramón Ladra

Feria del LibroViajando (con libros) a Rumanía

La literatura de Rumanía, país invitado de la edición de este año, no ha dejado de dar buenas sorpresas últimamente

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En la Rumanía de Ceausescu parecía haber un solo científico, del cual todas las revistas y publicaciones del país celebraban sus fabulosos descubrimientos: la mujer del dictador, Elena. Al régimen, y al tirano, siempre le gustó fantasear con imposturas intelectuales. Sin embargo, los auténticos científicos y sufridos escritores trabajaban en la sombra, en la clandestinidad o simplemente emprendían el camino del exilio, sin saber cuándo volverían. Uno de ellos fue el arqueólogo Dinu Adamesteanu, durante años profesor en una universidad italiana. Su sobrina, la célebre escritora Gabriela Adamesteanu, activista democrática durante el comunismo y autora de una novela, «Una mañana perdida» (Lumen) que dio la vuelta al mundo, traduciéndose a multitud de lenguas, le dedicaría una bella y desgarradora obra, «El encuentro» (Xorki), ahora traducida, como siempre de forma magnífica, por Joaquín Garrigós, que no hace mucho había versionado la primera y magnífica novela de Adamesteanu, «El mismo camino de todos los días» (Xorki) que la lanzó a la fama.

Garrigós es autor asimismo de la traducción de uno de los mejores diarios del siglo XX, el del gran escritor judío, muy famoso en la época de entreguerras, Mihail Sebastian, que sobrevivió al Holocausto, para morir por un fatal accidente nada más llegar la liberación («Diario 1934-1944», Destino). De él vería la luz estos últimos años otro magnífico y estremecedor texto sobre el antisemitismo en Rumanía, «Desde hace dos mil años» (Aletheia), prologado por el gran escritor, igualmente judío, residente desde hace años en EEUU, Norman Manea. Un autor éste que cuenta con casi una completa representación en nuestra lengua, repartida entre brillantes recopilaciones de cuentos como «Felicidad obligatoria» (Tusquets), novelas, un ensayo que se puede clasificar de clásico sobre los totalitarismos, «Payasos» (Tusquets) y no hace mucho una espléndida reflexión sobre judaísmo y literatura («La quinta imposibilidad», Galaxia Gutenberg).

Gran desconocida

La novela «El encuentro» de Adamesteanu habla sobre todo del tema del regreso, y más particularmente, del imposible regreso. Su protagonista es un moderno Ulises, un exiliado político, Traian, que en 1986, en las postrimerías más paranoicas de la dictadura, es invitado a dar una conferencia al país que abandonó hace décadas. Nacionalizado italiano, este científico es ahora un blanco apetecible para los esbirros de la «Securitate», la policía secreta del régimen comunista. Alguien que se ha granjeado un prestigio en el exterior, que desertó de la «gloriosa» construcción socialista del final de la guerra y que, como los de su generación, «mantiene relaciones con los círculos hostiles de la emigración y con el nido de víboras de Radio Europa Libre», tal y como dicen los informes de los agentes que lo vigilan desde su llegada. Traian se ve de repente enfrentado a la peor de sus pesadillas, a la cara más amarga, no feliz, de la mitología del exiliado. Volver a casa es un error, tan sólo una ilusión, como le dice su mujer: «¡Exponerte a tantos riesgos! ¡No se puede volver a un lugar con la esperanza de volver atrás en el tiempo! Lo que tú quieres volver a encontrar ya no existe en ninguna parte salvo en tu mente».

Gran desconocida durante años, entre todas las literaturas del espectro europeo, y país invitado de la Feria del Libro de Madrid de este año, la literatura rumana no ha dejado de dar buenas sorpresas en los últimos años a través de traducciones, ya fuera de clásicos del pasado siglo (Mihail Sebastian, un fabuloso autor de la vanguardia como Max Blecher) o de espléndidos autores actuales, de circuito internacional. Ese es el caso del citado Manea, de Mircea Cartarescu, de Dan Lungu («Soy un vejestorio comunista», Pre-Textos), del armenio-rumano Varujan Vosganian («El libro de los susurros», Pre-Textos) o de la poeta y narradora, de singular personalidad y de tintes entre oníricos y fantásticos, Ana Blandiana, figura muy conocida de la oposición anticomunista, como Adamesteanu, presente a través de un buen número de libros traducidos: desde bellísimos volúmenes de relatos como «Proyectos de pasado» y «Las cuatro estaciones» (Periférica) a libros de poemas como «Octubre, noviembre, diciembre» (1972) y «Mi Patria A4» (Pre-Textos).

Independencia creadora

El caso del fantástico escritor que fue Panait Istrati («Kyra Kyralina» y «El tío Anghel», Pre-Textos) nacido en Braila, penúltimo puerto del Danubio, antes del delta, como Mihail Sebastian, es el mismo de Cioran: escritores rumanos, como también Ionesco, que serían conocidos internacionalmente a través del francés, que habían adoptado como lengua literaria. El mismo caso sucede hoy día con otros escritores rumanos exiliados a Francia desde la época de la dictadura, como el famoso autor teatral Matei Visniec, uno de los más representados de la actualidad, autor de una excelente novela, de tintes entre grotescos y kafkianos, como el resto de su obra, «Le marchand des premières phrases», no traducida a nuestra lengua.

Una mención aparte, por la enorme y merecida difusión que ha tenido estos últimos años, gracias al firme apoyo de la editorial Impedimenta, así como de una estupenda traductora, Marian Ochoa de Eribe, la merece Mircea Cartarescu. Un escritor de una insobornable independencia creadora, tocado por una adictiva genialidad, que no ha hecho más que cosechar éxitos, sostenidos en el tiempo, a través de magníficas obras, desde relatos con todo el aire de clásicos modernos como «El ruletista», textos autobiográficos espléndidos llenos de un humor gogoliano como «Las bellas extranjeras», hipnóticos experimentos que enlazan con sus comienzos como poeta, como la epopeya heroico-cómica de «El Levante» o una monumental obra, «Solenoide», compendio de todos sus temas principales, recorridos vitales y obsesiones como creador libre («el arte no tiene sentido si no es huida, si no nace por la desesperación de sentirse prisionero») galardonada junto a su autor el pasado año con el XVII Premio Leteo.