Philip Pullman
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LIBROS

La fantasía metafísica de Philip Pullman

El conocido autor de «La brújula dorada» regresa a su particular multiverso en «El libro de la oscuridad»

MADRIDActualizado:

Philip Pullman (Norwich, Inglaterra, 1946) carga con el sambenito de escritor de género fantástico para niños, en gran parte debido a la adaptación cinematográfica de Luces del norte (1995), el primer libro de su afamada trilogía La materia oscura. La película de marras adoptó el mismo título que el libro en Estados Unidos, La brújula dorada, y siguió la estela de los filmes basados en la saga de C. S. Lewis Las Crónicas de Narnia, enfocados a un público infantil-juvenil. Algo que sin duda hizo que Pullman se tirara de los pelos, muy poco partidario de Lewis, del que dice que es «descaradamente racista y extremadamente misógino» en sus novelas.

El multiverso (mundos paralelos) de La materia oscura es, en el fondo, un anti-Narnia. La brújula dorada fue un fracaso en taquilla a pesar de su lujoso elenco -Nicole Kidman, Daniel Craig, Sam Elliott y Eva Green-, eliminó hechos luctuosos del texto original y suavizó las críticas del autor al cristianismo (lo que no evitó el enfado de grupos católicos conservadores de Estados Unidos).

Enfrentar el mal

Englobado en la tradición del fantasy británico, Pullman intenta desmarcarse de Tolkien y Lewis sin llegar al modelo antisistema de China Miéville. «Lo mío es literatura para jóvenes adultos», afirma. En el fondo, todos los escritores que exploran mundos secundarios -a los que se puede acceder a través de ventanas o armarios, o simplemente asumiendo su existencia- son mucho más complejos de lo que parecen. También podrían firmar esta frase de Chesterton: «Cuanto más genuinamente vemos la vida como un cuento de hadas, con más claridad se resuelve el cuento mediante una lucha contra el dragón que está desolando la tierra de las hadas». Dragones, orcos, brujas, cadáveres exquisitos que cobran vida o devoradores de almas. El Mal siempre encuentra gateras en el multiverso, no podemos escondernos de él, sino enfrentarlo. Pullman reconoce que uno de sus libros de cabecera es El paraíso perdido, de John Milton, origen del tópico literario de la lucha entre el Bien y el Mal.

La bella salvaje, como se llama esta primera entrega de la nueva serie, hace referencia no a una persona, sino a la canoa con la que el protagonista, Malcolm, un chico de once años de Oxford, se mueve por el río Támesis. Encontramos los mismos elementos alegóricos y metafísicos que en las anteriores obras de Pullman. Así que el escritor salta del rosbif con pudin de Yorkshire a la idea de que la conciencia es una propiedad normal de la materia, no algo espiritual, y que existe una partícula elemental etérea llamada Polvo que es un residuo del pecado original. El Magisterio, órgano de autoridad de la Iglesia (es decir, los malos), trata de impedir que se investiguen estas cosas. A los personajes les acompaña su daimonion -alma que habita fuera del cuerpo en forma animal-, que actúa como voz de la conciencia. No estamos ante un autor para niños, salvo que esos niños entiendan sus digresiones filosóficas.

Puede leerse esta entretenida novela -donde los diálogos se comen a la narración- sin información previa, aunque enganchará más a los que conozcan las andanzas de Lyra Belacqua, la protagonista de La materia oscura, que aquí es un bebé que Malcolm trata de proteger. Una precuela que acaba, sin disimulo, con la palabra «Continuará...».