«Los granjeros y los helicópteros», de Dinh Q. Lê
«Los granjeros y los helicópteros», de Dinh Q. Lê
ARTE

Estímulos en el C3A de Córdoba

Para su consolidación, el Centro de Creación Contemporánea de Córdoba apuesta por artistas internacionales de carácter combativo

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Ritual de iniciación es el título de la exposición del artista y activista vietnamita Dinh Q. Lê (1968), en la que se muestra una selección de sus últimas videoinstalaciones, desde 2006 hasta hoy, a partir de las cuales es posible valorar una metodología de comunicación creativa que parte del enfrentamiento visual y conceptual. Ésta con frecuencia desemboca en sutiles paradojas cuyo trasfondo resulta ser siempre la guerra como paisaje de la memoria para toda una colectividad. Y la imagen arquetípica que ejemplifica los nuevos modelos bélicos en la de Vietnam ha sido, sin duda, el helicóptero.

Si en Pishkun Mar de China (2009), rememora la evacuación norteamericana de Saigón y el lanzamiento al mar de esos aparatos ya inservibles desde las cubiertas de los portaviones, en Los granjeros y los helicópteros (2006) enfrenta el recuerdo de ese arma destructiva con su innegable utilidad en tiempos de paz, en mitad de la realidad de un país con graves deficiencias y sumido en la economía de la autogestión, donde se fabrican todo tipo de aeronaves de manera autodidacta y artesanal.

El colectivo danés Superflex, por su parte, conformado en 1993 por Jakob Fenger, Bjornstjerne Christiansen y Rasmus Nielsen, despliega en el atrio del C3A una instalación -Bancos en bancarrota (2012)- que tiene algo de ceremonial, de captura bélica que finaliza en la exposición de los despojos capturados tras una pírrica victoria. Pero en este caso no son pendones los exhibidos, sino logos de entidades financieras que quebraron con la crisis. La ironía «de» y «en» el absurdo, que sirve como mecanismo de denuncia al tiempo que de válvula de escape, prosigue en Contratos de corrupción (2012) donde también tratan de establecer un diálogo directo con el espectador, a quien se le ofrece la posibilidad de suscribir un compromiso que normalice, si no lo está ya, nuestra relación cotidiana con la falsedad, el soborno o el fraude.

Tras un difícil arranque, el C3A parece encauzar un interesante presente, al menos como soporte de oferta expositiva. Se han sabido ajustar las necesidades museográficas, tanto en las dos exposiciones abordadas cuanto en la intervención con voluntad de permanencia -Para ver el cielo (2017)- de Yoko Ono, al edificio de Nieto y Sobejano, de monumental presencia pero inhóspito, frio e inflexible. Cuestión distinta es transformar el espacio en aquello que se previó. Para esto, más que contenedores se requerirán contenidos que se vinculen con la realidad andaluza.