Adonay Bermúdez
Adonay Bermúdez - DÉBORA MORO (cortesía)
ARTE

Espacio Dörffi: Vida después de César Manrique

En unos días echa a andar en Lanzarote Espacio Dörffi, el primer centro de arte privado de la isla, que se acompaña de un ambicioso programa de residencias. Su artífice, el comisario Adonay Bermúdez, explica la génesis del proyecto

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Está feliz, aunque reconoce entre risas que va a estar «comiendo arroz» lo que le quede de vida. Llevaba años planteándoselo, pero es solo ahora, tras invertir en el proyecto todos sus ahorros, pedir un crédito y contar con la ayuda desinteresada de buena parte del sector (¡y los padres!) cuando echa a andar desde el próximo sábado Espacio Dörffi, el primer centro privado de arte en Lanzarote, de la mano del comisario Adonay Bermúdez (Lanzarote, 1985).

«Cuatro años llevaba la idea rondándome la cabeza -confiesa-, pero si lo hubiera hecho entonces habría sido un fracaso. Porque es ahora cuando tengo la experiencia para afrontar un reto como este, tengo una trayectoria para saber cómo se monta una expo, cómo funciona el mercado, qué necesita un artista». Es ese bagaje y el contexto los que han marcado los ritmos para que Arrecife, la capital de la isla, cuente ya con una apuesta de esta naturaleza: «Nos encontramos en un momento dulce en Lanzarote. Parece que el Cabildo se ha puesto las pilas con la reapertura de un espacio como El Almacén, lo que coincide con el nacimiento de hasta tres asociaciones de artistas en menos de un año con sus propios locales y actividades».

Altruismo crítico

Bermúdez pone en marcha Espacio Dörffi de forma altruista para sumarse a la corriente de aire fresco que se vive en la isla («es mi granito de arena»), pero también con vocación reivindicativa: «Vivimos en un contexto en el que no hay grises, en el que si los poderes públicos no hacen nada por el arte no podemos cruzarnos de brazos, y en el que hacen falta proyectos que aturdan conciencias, que despierten a la sociedad conejera, todavía demasiado obsesionada con César Manrique. Le debemos mucho, sí, pero otros escenarios son posibles».

Bermúdez deja claro que Espacio Dörffi no será una galería, puesto que él no representa a artistas. Sin embargo, allí también se venderá arte, «porque de alguna manera hay que sostener esto económicamente». Un total de 170 m2 acondicionados por la arquitecta Quirina Morales, divididos en dos áreas que reciben su nombre de la superficie que ocupan: Zona 46 será una sala de expos al uso en el que las muestras se sucederán cada mes y que se pone en marcha con la colectiva Me duele España, una mirada cáustica a los tópicos españoles de la mano de creadores como María Cañas, Eugenio Merino, Carlos Aires, Olalla Gómez, Acaymo S. Cuesta o Valeriano López. Del otro lado, Zona 59, una tienda para obras de pequeño formato -también libros- que rompan con la idea de que el arte es caro o solo para unas elites. Además, su mobiliario móvil hace que no sea un entorno fijo.

Exterior del Espacio Dörffi
Exterior del Espacio Dörffi

Sus dos grandes ventanales facilitan además las intervenciones en su superficie (allí se desplegará la serie de Alán Carrasco de la muestra inaugural). A todo esto se suma, por si fuera poco, un programa de residencias -Al jallo, Lanzarote- que cada año, de septiembre a diciembre, recibirá a artistas, comisarios y gestores en Teguise, en una casa familiar reconvertida en laboratorio lejos de los focos turísticos de la isla: «A este programa se accede por invitación o por convocatoria pública (Rita Andreu llega gracias a un acuerdo con el Bòlit de Gerona), y de él se beneficiarán en su arranque artistas como Avelino Sala y Jorge García, los comisarios Blanca de la Torre y Carlos Delgado Mayordomo, la codirectora de JustMad, Semíramis González, o Tomeu Simonet, director de Addaya. Lo único que se les pide a cambio es que su profesionalidad revierta de alguna manera en la isla».

Un traje a medida

Espacio Dörffi y sus residencias recuerdan a otras experiencias, como la mencionada de Addaya, el Pinea de Los Vendaval, a La Gran en Valladolid o a ADN Platform («también a espacios más alternativos como Strom & Drunk o NoLugar»)... sin ser nada de eso. Es un poco de todos, un traje hecho a medida por su impulsor con aquello que sabía que le funcionaría y se identificaba. De hecho, ¿no les ha llamado la atención su nombre? Es el de la aldea en la que Heidi vivía feliz con su abuelo en los Alpes. «Yo soy así, me tengo que divertir con lo que hago; me gusta usar un tono que dinamite cualquier atisbo de elitismo. Espacio Dörffi suena a algo muy elevado, pero es muy friki, y así tendrá que ser: un espacio vivo, crítico, mi reflejo como comisario... Es mi hijo y me voy a permitir malcriarlo como me dé la gana».

Su «bebé» nace con financiación privada, pero con deseo de convertirse en algo híbrido, en el que se pueda contar con el apoyo de instituciones públicas. «Nada me gustaría más que poder desvincularme de él en el futuro, de poder contratar a un director. Porque yo, con lo que disfruto no es vendiendo arte, sino comisariando».

Preguntado por sus expectativas, el canario tiene claro que estas ya se han cumplido a una semana de la apertura: «Se trata sobre todo de la visibilidad que ha alcanzado y el nivel de la propuesta, a la que no le han faltado apoyos». El joven comisario se pone como plazo acabar el primer ciclo de residencias para sacar conclusiones. Espacio Dörffi busca su espacio. Sin prisas.