Daphne du Maurier (1907-1989)
Daphne du Maurier (1907-1989)
LIBROS

Daphne du Maurier más allá de «Rebeca»

La escritora nos vuelve a poner los pelos de punta con «Los pájaros y otros relatos»

Actualizado:

«Anoche soñé que volvía a Manderley», con estas palabras de la segunda señora De Winter, pronunciadas casi en un susurro sobre el paisaje de una mansión en ruinas por la actriz Joan Fontaine, Hitchcock selló su vínculo con Du Maurier y convirtió «Rebeca», el mayor éxito de la escritora británica, en un clásico del cine. No era la primera vez. Dos años antes, en 1938, Hitchcock había adaptado «La posada de Jamaica», y en 1963 recurrió de nuevo a un texto de la autora, «Los pájaros», para rodar una de las obras más emblemáticas de su filmografía. Así, un gran privilegio, llamar la atención del maestro del suspense, resultó ser al mismo tiempo una condena, porque las novelas y los cuentos quedaron ensombrecidos por el brillo de las películas. Por fortuna el olvido no fue eterno.

A principios de 2017, Alba publicó «Mi prima Rachel» y la novela se coló en casi todas las listas de lo mejor del año, acompañada de un indiscutible comentario: «ya nadie es capaz de escribir así». Este triunfo favoreció la recuperación por parte de las editoriales españolas de otros títulos de Du Maurier, entre ellos «Los pájaros y otros relatos», editado por El paseo, un volumen tan brillante que obliga a reformular la afirmación del párrafo anterior como pregunta: ¿Por qué ya nadie es capaz de escribir así? Tras su lectura, una respuesta acude a la mente: porque ya nadie es capaz de escribir sin miedo.

Fuera de tiempo

Las descripciones de «Los pájaros», como afirma Slavoj Žižek en un prólogo que es mejor no leer, son oníricas y se mezclan con la sordidez y la misantropía del resto de los cuentos. En «El joven fotógrafo» una etérea aristócrata da rienda suelta a su deseo consumando la atracción por un fotógrafo cojo, cuyo defecto físico se subraya como una mancha de tinta sobre el papel… y en «Bésame otra vez, forastero» el clímax tiene lugar en una tumba.

Hay aprensión y asco en el universo de Du Maurier, pero ambos se inoculan en la conciencia del lector a través de una aguja hipodérmica, tan fina que casi no la vemos. En la línea de Henry James y anticipándose a voces tan crudas como la de A. M. Homes, Du Maurier entiende la literatura como el punto de inflexión en el que todo se rompe y la normalidad más absoluta, el suelo firme bajo los pies, se transforma sin transición en el abismo. Sus textos, a menudo hirientes, ajenos a las modas, despojados de las convenciones y más cercanos a lo que imaginamos que a lo que hacemos, están escritos fuera de tiempo. Algo que ya muy pocos saben hacer.