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ARTE

«Damos» y «caballeras», en Swinton & Grant

La muestra «GenderFree» del proyecto «Free Wee Project» invita a artistas en la galería Swinton & Grant a rediseñar los tradicionales elementos de señalización de los cuartos de baño público en pos de otros más inclusivos y no discriminatorios

Aportación de Andrés Senra a «GenderFree»
Aportación de Andrés Senra a «GenderFree»

Es hablar de baños públicos y dispararse la imaginación de más de uno. ¡Si las puertas de algunos retretes hablaran! Porque muchas son las cosas que se pueden hacer en un urinario. Incluso, discriminar y humillar a una persona. Hace unos años, el estado de Carolina del Norte generó un buen revuelo cuando intentó legislar la entrada en los mismos mostrando un documento acreditativo (se trataba de la ley House Bill 2, de seguridad y privacidad en instalaciones públicas). Suponemos que evitaban así que las peras se mezclaran con las manzanas, pero atentaban de pleno contra la intimidad de los sujetos.

Este fue el punto de partida del proyecto «Free Wee Project», que ahora presentan en el espacio expositivo de Swinton & Grant los gestores Ricardo Recuero, Mari Fuentes, Giulia Bonnat, la educadora Anahi Canela, la fotógrafa Eva Viera y el responsable del Espacio Labruc Ángel Málaga. Eso y una reflexión de Cabello/Carceller, al hilo del proyecto «Historias del WC», en la que las artistas explicaban cómo este tipo de espacios, los baños públicos, son los ámbitos en los que la segregación de género se aplica de forma más brutal, con el agravante de que son los propios usuarios los que aplican la normativa y velan por su cumplimiento sin necesidad siquiera de que alguien les obligue a ello.

Lo que nos separa

«Lo que proponemos aquí es una exposición de arte [la titulada «Gender Free», hasta el 29 de julio, dentro del proyecto general] en la que un total de 21 artistas se han puesto a rediseñar y reelaborar los tradicionales elementos de señalización de los baños públicos para eliminar aquello que nos separa por géneros hombre-mujer en favor de otros nuevos de carácter más neutro y que promuevan no sólo la igualdad entre todos, sino que atiendan además a la diversidad de la ciudadanía», explican los responsables de Free Wee Project, cuya vertiente artística y expositiva utiliza Swinton&Grant como plataforma para darse a conocer. En definitiva, de lo que se trata es de poder ir al servicio sin necesidad de identificarse o definirse.

Hasta 21 artistas se han puesto a rediseñar y los tradicionales elementos de señalización de los baños públicos para eliminar lo que nos separa por géneros, en favor de otros nuevos de carácter más neutro e inclusivo
Para sus promotores, teniendo en cuenta que los baños públicos ya no son lugares de reunión (como en Roma o el mundo árabe medieval) y su función es exclusivamente cubrir una serie de necesidades fisiológicas e higiénicas compartidas por todos, no tiene mucho sentido que se atienda a consideraciones disgregadoras que tan solo perpetúan comportamientos que venimos arrastrando desde el pasado. Porque es en el siglo XIX, con la incorporación de la mujer al trabajo, que se fue fraguando la ideología de esferas separadas como parte del ideario victoriano. La concepción del cuerpo femenino como inferior y más débil que el del hombre comenzó a establecer una serie de leyes para «proteger» a la mujer, cuando en realidad se la estaba discriminando y excluyendo socialmente.

«Un viaje a ninguna parte», de Andra Perissinotto
«Un viaje a ninguna parte», de Andra Perissinotto

Desde entonces, según los organizadores, no se ha producido una revisión sobre cuál es el uso y cómo deben estar configuradas, señalizadas y establecidas este tipo de instalaciones. «La realidad social es más compleja y diversa. Y también avanza y asume los cambios con normalidad –explica Recuero–. Yo recuerdo cuando hace unos años los probadores de las tiendas hacían distinción entre hombres y mujeres. Eso tiende a desaparecer». Porque, en el fondo, de lo que se trata es de trascender esta anécdota –la de plantearse quién puede entrar o no en el wc– y pensar el encaje en sociedad de personas transexuales o intersexuales con las que convivimos a diario de manera natural y con las que, con barreras tan bobas, «se llega a incurrir en delitos de exclusión», tal y como señalan nuestros interlocutores.

¿Qué hacemos con los minusválidos?

El debate que se suscita durante la presentación del proyecto no es en absoluto baladí. Hay quien llega a apuntar cómo en los espacios públicos se tiene claro que debe haber un baño para hombres, otro para mujeres y, en muchas ocasiones, uno sólo para minusválidos, como si estos carecieran de sexualidad. También hay quien señala que en la estela de lo políticamente correcto, el New Museum, en Nueva York cuenta con hasta cinco tipos de cabinas diferentes: heterosexuales masculinos y femeninos, gays, lesbianas y personas de movilidad reducida. La legislación en España es muy diferente en función de cada ciudad, pero casi todas posibilitan que el establecimiento público de turno pueda contar con una única cabina si no supera un máximo de metros cuadrados. Patricia Mateo –una de las artistas participantes en la propuesta con un urinario dunchampiano cubierto con los colores de la bandera arcoíris– zanja la cuestión con ironía: «Solo hay dos tipos de baños: los limpios y los sucios».

Es en el siglo XIX, con la incorporación de la mujer al trabajo de la fábrica, cuando se fue fraguando la ideología de esferas separadas como parte del ideario victoriano
«Como artista que forma parte de la iniciativa pero también como organizadora de la misma –señala Eva Viera, quien presenta la única obra fotográfica de la selección, en la que un mismo rostro nos alerta en un doble retrato que no es ni un hombre ni una mujer–, lo que me interesaba era plantearme cómo representar la diversidad sin volver a coartar, teniendo muy presente situaciones en las que, por el motivo que fuera, yo me he sentido excluida». En el fondo, el reto se situaba para todos los autores convocados, pertenecientes a disciplinas y generaciones diversas, en «explorar qué hay en los márgenes de dos posibles representaciones».

Algunos artistas han profundizado en su línea habitual de trabajo, frente a aquellos, como Roberto López, que se han «formateado» y salido por sus propias tangentes. entre las primeras obras en las que repara el espectador, la de Xuan Villabrille, un óleo que es casi una radiografía pictórica, al mostrar la pelvis de un esqueleto que orina, sin que podamos saber si aquello es un cuerpo de hombre o de mujer. El collage de Andrea Perissinotto se sirve del gato chino de la suerte que da la bienvenida con el movimiento de su brazo. El precioso dibujo de José Antonio Vallejo prefiere diferenciar entre «Pee» y «Poop» (los términos ingés para «pipí» y «popó»).

«Hemos trabajado año y medio en el proyecto, y su germen se recuperó para hacerlo avanzar y que estuviera preparado para el World Pride en Madrid», anuncia Recuero. Los artistas fueron seleccionados en una convocatoria pública en la que las únicas premisas que se les daba eran que sus obras pudieran reproducirse luego en un formato A-5 «y que dieran pie a una nueva señalética inclusiva y segregadora». Porque el proyecto, que cuenta con su propia web (www.freeweeproject.org), pretende ir más lejos y saltar de la galería a los espacios públicos: «Lo primero que se nos ocurrió fue transformar estas imágenes en pegatinas e invadir el espacio urbano con ellas. Pero nos pareció más sensato implicar a restaurantes, cafeterías y todo tipo de espacios públicos para que, en lugar de arrancar nuestros adhesivos, sintieran la necesidad de ponerlos en sus locales por ellos mismos, participando así en un ejercicio de defensa de la igualdad».

Detalle de una de las dos esculturas de Aurora Duque
Detalle de una de las dos esculturas de Aurora Duque

Porque los artistas, de forma altruista, ceden los derechos de sus obras para que con ellos se confeccione la señalética necesaria en forma de pegatina para que el espacio público que así lo solicite pueda usar sus motivos en sus baños, mientras que la organización se encarga de colocar en su fachada un distintivo que especifica su participación en el proyecto (es el certificado de adhesión al programa), que además pasa a formar parte de un mapa interactivo que se puede consultar en la web. Al fin y al cabo, lo que se construye no es tanto una topografía de lugares en los que uno puede hacer sus necesidades en un wc de un signo u otro, sino la generación de una red en la que uno sabe a ciencia cierta que no va a ser discriminado ni por cuestiones de identidad sexual ni de género: «Hasta ahora se han adherido a la propuesta espacios del mundo del teatro como DT Espacio Escénico, Nave 73, El Umbral de Primavera y, lógicamente, Swinton & Grant. Pero la idea es que las peticiones crezcan según se conozca la iniciativa, que echa a andar hoy». Lo que de forma aislada ya hacen muchos locales de ocio de ciudades como Madrid, Berlín o Londres, intenta sistematizarse con el «Free Wee Project» desde la capital.

La mexicana Rurru Mipanochia, que tuvo exposición en este espacio, la internacionaliza desde México. Su propuesta mezcla a divinidades indígenas de sexualidad indefinida. Andrés Senra juega con los emoji. Dos Jotas enumera los pronombres personales («Yo, tú, él, ella, nosotros, nostras...») y construye con ellos la taza de un váter. David Trullo apuesta por la cerámica, mientras Félix Fernández prefiere fusionar las letras de WC. «Sí que le pedimos a los creadores que no pensaran tanto como artistas, sino como diseñadores, de forma que su propuesta fuera fácilmente asimilable por el usuario del baño en el que pudieran localizarlas», puntualizan los organizadores. La única obra que no forma parte del proyecto pero que estos vieron necesario que estuviera presente son las dos cajas de luz de Pedro Almeida con las que participó el pasado año en la colectiva «Vida trans», y en la que los habituales muñecos masculinos y femeninos son identificados creando confusión entre imagen y término.

Mucho más que dar a conocer

Y justo al lado de la aportación de Jorge Cuadal (que prefiere distinguir con su aportación entre «aguas mayores» y «menores»), responsable de la imagen corporativa del proyecto (un vídeo en la sala muestra cómo se desarrolló su idea, que se repite en web y cartelería), destacan dos esculturas creadas con las piezas del famoso juguete Mister y Miss Potato. Las obras son de Aurora Duque y es importante incidir en ellas porque recalan en un sector especialmente vulnerable como es el de los menores: «Ellos también son ciudadanos y también se encuentran con estos problemas. El reto de un proyecto como este no es sólo explicar y dar a conocer una realidad, sino incidir en ella y ayudar a transformar la sociedad».

El reto se sitúa para todos los autores convocados, pertenecientes a disciplinas y generaciones diversas, en «explorar qué hay en los márgenes de dos posibles representaciones»
Esta es la razón por la que, entre los colaboradores de la iniciativa se encuentra la asociación Chrysallis, que reúne a padres de niños transexuales («un colectivo siempre abandonado, que sufre incluso discriminación y desconocimiento por parte de los homosexuales, y con el que hay que volcarse incluso el doble si de niños hablamos»). Y lo que explica que la muestra se complete con un corto de visonado más que obligatorio (son solo diez minutos), titulado «Diversxs», desarrollado por la asociación Apoyo Positivo, que asiste a enfermos de sida y que desde sus inicios desarrolló programas específicos para jóvenes.

En la cinta –galardonada en festivales como el LesGaiCineMad, pero también por RTVE en Andalucía, por citar unos cuantos premios, y que contó con el apoyo del Ministerio de Sanidad–, adolescentes con diferentes orígenes y orientaciones sexuales dan a conocer sus reflexiones sobre la transexualidad, independientemente de serlo o no, tras convivir cinco días en un campamento. Eliot deja claro que esto es algo que no se escoge. Paula lo secunda y recuerda cómo ser transexual «no es un capricho»: «Yo nací así y no es tan sencillo como hacerse una rinoplastia». Por su cultura y creencias religiosas, Bard-Edine se mostró retraido en sus primeros contactos, hasta concluir que sus compañeros son personas como otras cualquiera, «con sus dos manos y sus dos brazos». Y nos quedamos con la reflexión final de Sara (y la confesión de Izam, que por fin aprendió a bailar gracias a sus compañeros): «Yo llegué aquí con una idea, y no es así. No es así. Me voy con otra. Las cosas no son ni blancas, ni negras». Aprendamos a mirar lo que hay en los márgenes, en los matices. Ya sea en el baño o fuera de él.

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