Katharine Hepburn y Cary Grant obligaban a menudo a parar el rodaje con sus ataques de risa incontrolable
Katharine Hepburn y Cary Grant obligaban a menudo a parar el rodaje con sus ataques de risa incontrolable
CINE

La comedia perfecta cumple 80 años

El genio de Howard Hawks y las actuaciones de Katharine Hepburn y Cary Grant conservan «La fiera de mi niña» en plena forma. Prueben en casa

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«Todo te lo puedo dar menos el amor, baby...». La letra no es de Dylan, de ninguno de los dos, pero la cantaba mi primer amor cuando yo tenía diez años y TVE emitía clásicos. Para celebrar el 80 aniversario, hice de programador casero. La pequeña decía que la tele estaba «rara». Ni siquiera conocía la expresión «en blanco y negro». Al rato sonreía. Pasada una hora se negaba a acostarse sin saber dónde acaba la clavícula intercostal, el genial MacGuffin de Howard Hawks.

Maestro en cada género

Los jóvenes no lo conocen, pero si creces y repasas su filmografía descubres al artista total. Paseaba por el Oeste con altanería, en el cine negro no le tosía nadie y entendía los resortes de la comedia como si los hubiera inventado en un garaje con Lubitsch y Wilder. Hawks amaba al público más que a sí mismo, sin preocuparse de su propio lucimiento. Aceleraba igual los diálogos, un coche o un aeroplano y se casó tres veces. Vivió varias vidas en una y nos regaló decenas. No se detuvo ni a por el Oscar, hasta que aceptó el honorífico en un semáforo.

Salvaje actualidad

Lo mejor de La fiera de mi niña es su vigencia. Está adelantada a nuestro tiempo, no solo al suyo. El personaje femenino se merienda al masculino sin relamerse. Allí mismo nació un arquetipo. Grant es un muñeco en sus manos. Ella es su perdición y su paraíso, su costilla de Adán, la fruta prohibida que alterará su paz y le regalará la vida. Cuando se descubre presa, está demasiado enredado en la tela de araña. Así que opta por lo más sensato: enamorarse. Al fin y al cabo es un científico apellidado Huxley. Otro invento mil veces imitado es el arranque de la trama: el día antes de su boda, un hombre tiene la puntería de conocer a Katharine Hepburn. De todos los campos de golf de todas las ciudades del mundo... Cuántos matrimonios no se habrán salvado gracias a que solo hay una Hepburn (o dos).

Mal comienzo

La actriz no estaba habituada a la comedia e intentaba ser «demasiado graciosa». El director le buscó ayuda. Walter Catlett, veterano del vodevil, le dio los consejos precisos. La estrella de los cuatro Oscar (ya tenía uno), humilde y agradecida, le consiguió el papel de policía para tenerlo cerca. El director acabó rendido al talento. «Tiene un cuerpo increíble, como un boxeador. No da un giro equivocado. Nunca he visto a una chica con esa extraña mezcla de ritmo y control».

Otras especies

Buscaban una pantera, pero se conformaron con Nessa, un leopardo con experiencia. Al actor le daba pavor, pero no a su pareja. Más experiencia aún tenía el terrier George, que se llemaba Skippy, también conocido como Asta en la serie de Mirna Loy y William Powell.

Primer gay

En una escena desopilante, Grant explica en un arranque sus ropas de mujer: «¡Porque me he vuelto loco de repente!». En el original dice «gay» y algunos sostienen que fue el primero en hacerlo en el cine comercial. Fue una ocurrencia suya, fuera de guion. ¿Estaba el actor al tanto de la jerga homosexual? ¡Qué más da!

Desastre en taquilla

La película fue un fracaso y su autor dio por aprendida la lección: «Todos los personajes están chiflados y no hay nadie con quien identificarse». Los ejecutivos de RKO, que se olían el percal, pidieron a Hawks más romance, menos comedia visual... y que le quitara las gafas al galán. El genio desoyó las demandas. Ya era tan romántica que Dudley Nichols y Hagar Wilde, sus guionistas, se enamoraron mientras la escribían.

Lecciones

Uno: los que se juegan el dinero no son tontos. Dos: un Autor resiste las presiones y elige la leyenda. Tres: los críticos también aciertan a veces; fueron los únicos en defender el filme. Cuatro: la tele rescató su prestigio en los 50.

No se vayan todavía, que hay más. En 1940, la pareja coincidió de nuevo en la maravillosa Historias de Filadelfia. Dentro de dos años celebramos otros 80 gloriosos.