Una escena de «El casamiento»
Una escena de «El casamiento»
TEATRO

«El casamiento», un «Hamlet» contemporáneo

La Sala Réplika de Madrid nos ofrece un exigente montaje de «El casamiento», obra de Witold Gombrowicz nunca antes representada en España

MadridActualizado:

Witold Gombrowicz nace en la localidad polaca de Maloszyce el 4 de agosto de 1904, en el seno de una familia de raigambre aristocrática, aunque venida a menos. Tras estudiar Derecho en la Universidad de Varsovia, frecuenta los ambientes literarios, y decide dedicarse a la literatura. Publica algunos cuentos, y en 1937 la novela «Ferdydurke», que desencadena polémica. Dos años después la compañía polaca de navegación, le invita, junto a otros intelectuales, a un inaugural viaje trasatlántico a bordo del Chorbry. El destino es Buenos Aires y estaba previsto que pasase allí unos días. Pero los planes se trastocan al precipitarse el estallido de la Segunda Guerra Mundial. La ocupación de Polonia por los nazis, le lleva a quedarse en la capital argentina, donde permanecerá más de dos décadas. En Buenos Aires su vida, sobre todo al principio, no es precisamente fácil. A duras penas consigue sobrevivir, hasta que, ayudado por algunos compatriotas, logra un empleo en la sucursal porteña del Banco Polaco. Pero, naturalmente, ese cometido burocrático no le satisface, si bien no puede rechazarlo, pues caería de nuevo en la pobreza.

El viaje a Buenos Aires fue por azar, pero su estancia allí le permite, como el propio Gombrowicz reveló, escucharse por fin a sí mismo. Escribe otra novela, «Transatlántico», y comienza su «Diario», considerado una de las muestras más acabadas y brillantes del género. Y, también, la pieza «El casamiento», la mejor y más representativa de su producción teatral -formada por esta y otras dos obras más: «Yvonne, princesa de Borgoña» y «Opereta». Una producción escasa, pero de singular categoría, múltiples posibilidades escénicas y muy influyente en la dramaturgia moderna, como recalca el pedagogo teatral y director de escena polaco afincado en España Jaroslaw Bielski: «A pesar de haber escrito solo tres obras, su impronta es indudable. Gombrowicz apuesta por la autonomía del teatro frente a otras artes, y nos propone un teatro, innovador y comprometido intelectualmente, pero a la vez con cierta dosis de comicidad y distanciamiento».

Un mundo en ruinas

El pasado año, Bielski dirigió un montaje de «El casamiento», pieza nunca antes representada en nuestro país, aunque sí en numerosas ocasiones en otros lugares, sobre todo desde que Jorge Lavelli lo sube a las tablas en 1964, con lo que entra de lleno en el repertorio mundial. En la actualidad, en Polonia, se celebra periodicamente un Festival Gombrowicz, en cuya última edición Bielski participó con este montaje. El interés y admiración por Gombrowick en su país natal no fue, sin embargo, siempre así. Enormemente crítico con todo totalitarismo, el régimen comunista polaco, en su momento, repudió y prohibió a Gombrowicz -se leía clandestinamente y hubo incluso alguna representación escénica secreta-, quien nunca volvió a Polonia, muriendo en Francia en 1969, donde está enterrado.

El régimen comunista polaco, en su momento, repudió y prohibió a Gombrowicz

Muy bien acogido por crítica y público en su primera temporada, ahora la madrileña Sala Réplika recupera «El casamiento», y podrá verse el viernes 24 y el sábado 25 de febrero, y todos los sábados de marzo-a las 20:30 h. y 20 h. respectivamente-, dirigido por Bielski, e interpretado por Raúl Chacón, Socorro Anadón, Manuel Tiedra, Juan Erro y Eeva Karoliina.

«El casamiento» lo protagoniza el soldado Enrique, que regresa a su casa después de una guerra y se encuentra con un mundo en ruinas, ruinas físicas, pero, sobre todo, morales, con un mundo en el que ya nada es como antes. La contienda de la que vuelve Enrique puede ser la II Guerra Mundial, pero Bielski ha querido darle una dimensión más general y universal. Señala, asimismo, que «El casamiento» es una pieza compleja, de la que ha elaborado una versión que extrae su esencia: «Sin alterar su sentido, he potenciado su núcleo, su sentido ritual. No olvidemos que Gombrowicz se refiere a esta obra como una "missa solemnis”. Por otro lado, he reducido al mínimo los más de veinte personajes que tiene el original. Por ejemplo, es el primera vez que se representa sin el personaje del borracho».

Y añade: «En "El casamiento", Gombrowicz, en buena medida, nos habla de sí mismo, pero también, como él mismo confesó, de las inquietudes del hombre contemporáneo a caballo entre dos épocas, e impelido a ser responsable de su propia vida. Pienso que hay pocas obras dramáticas cuya forma y asunto se refieran con tanta claridad a la desazón que provoca en el hombre de hoy la pérdida de valores tradicionales. De alguna forma, Enrique construye su propia realidad a través de la fuerza de la palabra, y nos sumerge en un inquietante juego entre ficción y realidad. Porque también podría resultar que Enrique, según comentó el propio Gombrowicz, vive un sueño, con no pocos momentos de pesadilla”.

Contra corriente

Recuerda Jaroslaw Bielski que se ha relacionado «El casamiento» con el «Hamlet» shakesperiano: “De alguna manera, Enrique es un Hamlet contemporáneo. Gombrowick tenía una decidida fascinación por Shakespeare, y en esta pieza se comprueba especialmente. Asimismo, en «El casamiento» se encuentran ecos del Segismundo de «La vida es sueño», de Calderón de la Barca. Sea como fuere, es una obra de altura, una fascinante metáfora, que, además, enlaza a la perfección con nuestro presente. Vivimos en un universo líquido, en una sociedad líquida, como muy bien la ha caracterizado Bauman. Parece que no somos capaces de tomar el timón de nuestras propias existencias y nos dejamos arrastrar por la corriente que establecen otros. Hay un poeta polaco, Zbigniew Herbert, que nos advirtió de que con la corriente baja la basura. Así que hay que ir contra la corriente. Es el camino que marca Witold Gombrowicz , y sobre lo que nos espolea a reflexionar en "El casamiento"».

Sin duda, este muy trabajado montaje, en el que la huella del inmenso Tadeusz Kantor -compatriota de Gombrowicz y de Bielski-, y su electrizante «teatro de la muerte», le otorga gran altura, nos llama a disfrutar, de nuevo, de la calidad que rubrica las producciones de la Sala Réplika que, pese a las muchas dificultades que hoy ha de sortear la escena alternativa, no tira la toalla.