Detalle de Galería Mari Boom en 1985
Detalle de Galería Mari Boom en 1985
ARTE

«La cara oculta de la luna»: de Madrid, y otras movidas

Los actuales espacios alternativos de Madrid tienen unos «padres» que se gestaron con la llegada de la Democracia. CentroCentro repasa su Historia hasta el cambio de siglo

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Llevamos décadas dándole palos a La Movida cuando apenas tiene otra presencia que en la telebasura de la mano de personajes ridículos o caraduras arribistas. La llamada «Cultura de la Transición» ha recibido tantos varapalos que renacerá aunque sea en modo «zombificado» para amargarnos la retórica «subversiva».

Afortunadamente, la muestra titulada «La cara oculta de la luna» no pierde el tiempo revisando las infamias posmodernas, sino que tiene otras intenciones más honestas: ofrecer una panorama de los proyectos artísticos alternativos en Madrid desde finales de los ochenta hasta comienzos del siglo XXI, desplegando una Historia que «nos habla del desarrollo del tejido creativo en nuestra ciudad, de la inteligencia colectiva, de la sed de conocimiento y de la audacia en la innovación».

En una de las plantas de Centro Centro (un espacio, por cierto, en el que no es nada fácil montar una exposición), se plantea un recorrido que va desde el mítico Espacio P (recientemente analizado en una muestra en el CA2M de Móstoles) hasta Acción!Mad. La variedad de propuestas es evidente, porque tiene que darse cuenta de iniciativas como Cruce, que apostó por lo expositivo (recuerdo muestras excelentes con instalaciones de Nacho Criado o Javier Utray) pero que, sobre todo, trenzó los debates teóricos y filosóficos con las inquietudes de los artistas, hasta las aportaciones curatoriales del colectivo El Perro. No es fácil desplegar paralelismos entre la provocación de la Galería Mari Boom y las acciones que se realizaron en Circo Interior Bruto; nada tiene que ver el Almazén de la Nave -donde lo mismo se podía escuchar una conferencia de Ángel González que visitar el taller de José de León- con las fascinantes ediciones de La Más Bella. La irreverencia pictórica de Estrujenbak apenas tiene puntos de tangencia con «Revista Caminada»; y el planteamiento curatorial de Doméstico acogía a artistas habituales del galerismo «normalizado» frente a otros espacios en los que los habituales asumían conscientemente su marginalidad.

Al fondo habría sitio

He escuchado a a algunos actores decisivos de esa escena alternativa indicar que la propuesta tiene importantes desaciertos. Evidentemente, no están todos los que son, si bien el desajuste mayor viene dado por el protagonismo excesivo que se da a algunas propuestas. Tomás Ruiz, el comisario, es juez y parte, dado que fue promotor de la galería Valgamedios, El Ojo Atómico y el proyecto Antimuseo. Las instalaciones de Javier Pérez Aranda adquieren un protagonismo desorbitado en un recorrido que se cierra, de forma sorprendente, con una lona reciente de Maria Acha que desborda la acotación temporal que iba desde los ochenta hasta 2003.

No queda claro, con todo, qué razón lleva a detener la revisión de los espacios alternativos en esas fechas, cuando hemos asistido en los últimos tiempos a propuestas muy dinámicas (Liquidación Total; Los 29 enchufes; Nadie, Nunca, Nada, No...). «No existe -afirma Tomás Ruiz- ningún museo en Madrid que recoja nuestras historias». Si lo determinante era «liberar la creación de los límites que imponen la institución y el mercado», parecería que esta reivindicación de un «Museo de lo Alternativo» fuera paradójica. La historia documental que plantea la cita funcionaría mejor en forma de libro, pero también requiere de un mínimo de autocrítica para no caer en el maniqueísmo que vendría a convertir al arte «institucional», del que gran parte de los alternativos han formado en alguna medida parte, en la fuente de todos los males.