Toby Jones y Rachael Stirling en «Capital»
Toby Jones y Rachael Stirling en «Capital»
PANTALLAS

«Capital» y «El crimen de Liverpool», violencia y dinero, cerdos y diamantes

El escaparate británico de series sigue a la cabeza del mundo, sobre todo en formatos de pocos capítulos

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Siempre hay que estar atentos a las series que nos llegan de Gran Bretaña, puede que con el Brexit incluso más. Sus virtudes son impagables. A su característica brevedad -luego está «Doctor Who», para compensar- añaden una capacidad para el retrato sociológico de su tiempo que no superan en ningún otro país del mundo. La única pena es que a veces nos parecen marcianos y no todo lo que cuentan es trasladable a la sociedad española.

«CAPITAL» es un perfecto ejemplo de lo dicho unas líneas más arriba. La especulación, las grandes corporaciones, los inmigrantes y sus religiones, el extremismo islámico, los aborígenes explotadores y un sinfín de objetivos más son descritos de forma transversal -con perdón por sucumbir a la palabra de moda-, casi sin salirse de una calle de Londres. El protagonista más conocido (Toby Jones) es quizá el más despreciable -y su mujer no es mucho mejor-, pero el catálogo de personajes incluye a seres que generan otros sentimientos, como la señora mayor o la chica que pone multas de tráfico.

El retrato coral forma una imagen panorámica y no demasiado discursiva, aunque a ratos juega al despiste. Inspirada en el exitoso libro de John Lanchester y ambiciosa a su manera, en 2016 ganó el Emmy como mejor miniserie. Es solo uno de los motivos para ver sus tres capítulos. Lo pueden hacer en Sundance TV, canal presente en las principales plataformas.

«EL CRIMEN DE LIVERPOOL» tiene cuatro capítulos en lugar de tres y es de lo mejorcito de la última cosecha en las islas. Cuenta un caso real, el terrible crimen de un niño de once años por el disparo de un adolescente en una guerra entre bandas. De una verosimilitud desgarradora, ahonda con pericia en el dolor de los padres y nos asoma al abismo que se abre ante y entre ellos, pero también al sufrimiento del policía que lleva el caso. Stephen Graham («Snatch: cerdos y diamantes») se muestra desesperado, cargado de odio hacia unos delincuentes que se aprovechan del miedo de la gente decente. No es habitual que la ficción acierte de ese modo al perfilar un rostro tan humano entre las fuerzas del orden.

La serie de Paul Whittington (director) y Jeff Pope (guionista) sabe transmitir también el desamparo de los vecinos, su pánico a denunciar lo que sabe todo el mundo. Señala asimismo la actitud terrible de los padres de los malhechores. El caso fue mediático, pero se excluye del relato la pirotecnia periodística. Va directo al corazón, en un inglés ininteligible, de acento tan cerrado que se antoja anticomercial. Es realismo trágico del bueno. En España lo pueden ver en Filmin, plataforma patria cuyo catálogo no tiene nada que envidiar al de los gigantes americanos.