ALTA INFIDELIDAD

Canción del verano: vacaciones todo el año

De capa caída desde que internet comenzó a fragmentar las audiencias y a impedir las generalizaciones, la canción del verano recupera la forma y el brío con «Despacito», himno y expresión de una superficialidad que ya no espera al calor

Una joven se contonea en el recinto del festival de la Isla de Wight
Una joven se contonea en el recinto del festival de la Isla de Wight - REUTERS

Tocaba hoy hablar de OK Computer, por lo bien que le ha quedado a Radiohead su OKNOTOK, versión ampliada, pero sobran las palabras. Todo está dicho sobre una obra que, al margen de sus valores creativos, ha sido la excusa para legitimar y amparar durante los últimos años el entramado pseudo y semiexperimental en el que se apoyan la industria del pop y sus profetas. Tocaba celebrar el veinte cumpleaños de OK Computer y recordar lo requetebién que envejece, acabáramos, una obra que nadie tiene interés en dejar atrás y cuyas arrugas difumina el eco de quienes le hacen la ola sonora. Tocaba enharinar la pescadilla que se muerde la cola a la altura del estribillo de Karma Police, pero queda tan lejos el mundo real del canónico que, por simples criterios de utilidad y servicio, era mejor opción darle una vuelta a la ya extinta canción del verano. En 1997, Radiohead publicó su OK Computer, pero a lo que estaba la gente era a La flaca, de Jarabe de Palo.

Playa de la Malvarrosa
Playa de la Malvarrosa- EFE

Aunque la gama cromática del invierno haya avanzado considerablemente en los últimos tiempos, el colorido que proyectan las sombrillas abiertas en la playa de la Malvarrosa explica por sí mismo la reacción en cadena que de dentro afuera provoca el verano en el ser humano. No hay más que comparar el tono parduzco de los paraguas -temporada baja, metida para adentro- con esas sombrillas valencianas, expresión de la desinhibición que acompaña a los meses estivales, no solo apreciable en los complementos playeros. La paella, la sangría o la canción del verano, manifestaciones cortadas por el mismo patrón cultural, símbolos del desparrame y de la rebaja de los estándares cualitativos de consumo, confirman que ningún sentido queda al margen de la fiesta. En verano, lo importante es el colorido, y la sinestesia que lo traslada a cualquier lenguaje, gastronómico o musical. Sangría, paella, sombrillas y canciones de colores.

Por decisión de la democracia real de las redes sociales, volvemos a tener canción del verano
Determinado por el movimiento de la Tierra alrededor del Sol, el ciclo de la vida también tiene su reflejo en una sociedad que se pone mohína con el frío y se descoca con el calor, como si fuera una planta de hoja caduca o un bicho que hiberna. Hasta 2013, año en el que se detiene el trabajo de campo realizado por el RTVE Lab sobre la canción del verano, quizá por la dificultad creciente de identificar y registrar unos pepinazos a los que cada vez les cuesta más cuajar entre un público que se ha ido fragmentando y dejando atrás la sintonía única que le hacía bailar al mismo son, el repertorio estival es la hoja de ruta hacia una pérdida de valores casi absoluta, como la de quien acude a un chiringuito para pedir un plato o un combinado cuyo atractivo es directamente proporcional al número de cosas que tenga flotando en su superficie, gambas o melocotones.

Piezas como Ai si eu te pego, Me enamoré, Tacatá, Te pintaron pajaritos, Ella no sigue modas, Gol o Te voy a esperar, última entradas en la lista histórica elaborada por el RTVE Lab, comparten su limitado alcance para llegar a una audiencia que a comienzos de siglo y a través de internet descubrió la diversidad de señales, informativas o de ocio, que han terminado por descomponerla. La universalidad de fenómenos como el Despacito de Luis Fonsi, sin embargo, pone de manifiesto la capacidad de la canción del verano para volver por sus fueros y lograr un quorum que desde hace años resultaba impensable y que ahora, con todos de acuerdo, hace viable su resurrección.

Vuelta a las andadas

Al insospechado regreso de la canción del verano contribuye la viralidad de internet, aceptada ya como fuente informativa por unos medios generalistas que, con menos papeles que una liebre, han decidido sobrevivir -barcos sin honra, mejor que honra sin barcos- a costa de rebajar sus exigencias periodísticas, sacrificar la excelencia y programar las baratijas, no solo musicales, que circulan por la red para no quedarse atrás. Lo que iba a ser una fractura del público en miles de pedazos se ha convertido, por la debilidad de los medios tradicionales, en una vuelta a las andadas, reconstitución de un statu quo ya devaluado por la falta de medios económicos y morales. Ahora vamos a descubrir el trap y a bailar, todos juntos, con C. Tangana.

Con Despacito, y por decisión de la democracia real de las redes sociales, retransmitida en directo por cadenas de televisión, emisoras de radio y periódicos, volvemos a tener canción del verano. Y del invierno. La voluntaria regresión que representaba el verano para aquella sociedad que se daba un respiro cuando apretaba la calor se ha extendido al resto del año, una ligereza basada en la superficialidad de los contenidos informativos y de esparcimiento que no solo se manifiesta en el ámbito del pop de consumo. La canción del verano que dura todo el año, como Despacito, es la expresión de una opinión pública que no está para profundizar. En nada y en ningún momento, aunque haga frío. Como el culto a OK Computer, la canción de Luis Fonsi es capaz de explicar muchas de las cosas que suceden.

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