ARTE

Bienalsur: Cuando la brújula no marca al norte

La I Bienal de Arte Contemporáneo de América del Sur, dirigida por Aníbal Jozami y Diana Wechsler, echa a andar en su sede central de Buenos Aires, para expandirse después y simultaneamente a 16 países latinos, entre ellos, España

«Pets», instalación del colectivo Srur para la ciudad de Rosario (Argentina)
«Pets», instalación del colectivo Srur para la ciudad de Rosario (Argentina)

En el año 2000, cuando apenas empezábamos a adivinar las posibilidades de descentralización, simultaneidad y conexión en red que traía la tecnología digital, el Museo Reina Sofía presentó un proyecto expositivo ambicioso: Versiones del Sur. Una exploración que prefiguraba ya muchas de las ideas y puntos de vista de esta primera Bienalsur. Comprendía un abanico de exposiciones y publicaciones en las que jóvenes comisarios latinoamericanos trataban de superar las viejas dinámicas Centro-Periferia o Norte-Sur.

La idea era «articular las conexiones, complejidades y fragmentaciones del arte latinomaericano (...); no pretender historiarlo, sino buscar en las particularidades de movimientos, etapas y actitudes referencias para organizar, desde una mirada múltiple y plural, los conceptos de mestizaje y apropiación propios del proceso postcolonial, de los diferentes modos en que este Continente asume la modernidad y de las alternativas críticas que ofrece».

Una vieja línea

Han pasado, rapidísimos, casi veinte años. El proyecto del Museo Reina Sofía, con todo, no acababa de resolver la ironía geográfica de la reproducción de la vieja línea unidireccional Norte-Sur. Desde entonces, sin embargo, las nociones de «vuelco geográfico», de diálogo «Sur-Sur» y de multilateralidad y excentricidad se han vuelto más fáciles de pensar… Y de predicar con el ejemplo. También más urgentes. La tarea pendiente es mucho más compleja y no hay formas establecidas para llevarla a cabo más allá de la experimentación con varios modelos alternativos de mostrar y coleccionar arte procedente de lugares más allá del «Occidente» clásico de la historiografía moderna convencional.

Es interesante que uno de los ejes vertebradores sea la propuesta de nuevos mapas y cartografías
La «incorporación» de otras regiones -África, Oriente Medio, Latinoamérica, Sudeste Asiático- al circuito internacional del arte contemporáneo ya no puede ser entendida mediante relaciones bilaterales con ese Occidente, sino estableciendo relaciones multilaterales e independientes entre ellas. En ese contexto de «relocalización» geopolítica, quizá lo más interesante de Bienalsur sea la apuesta por conformar una nueva idea de ciudadanía cultural, a la vez global y regional: extendiéndose por más de 30 ciudades en 16 países (aunque su matriz sea claramente América del Sur), conectando instituciones e iniciativas en red y expandiéndose por otras sedes en Europa (con La Casa Encendida o Es Baluard como pivotes en España), África o Japón como formas de expandir y contrastar ese «Sur Global» que se reclama como territorio común. Del rígido planeta bipolar a un mundo multipolar y en expansión que las nuevas tecnologías pueden hacer posible.

En realidad está aún por reescribirse una Historia cultural del siglo XX que contextualice de nuevo los acontecimientos y cambios que en su día se analizaron desde un punto de vista europeo o norteamericano, porque ha empezado a diluirse la relación unilateral de poder que perpetuaba esas dinámicas. Ciertamente, habría que corregir todo lo anterior: no se trata tanto de «incorporar» nada ni a nadie a un supuesto circuito internacional, sino de entender hasta qué punto ese circuito se reducía a ciertos países occidentales y de qué manera podría probar a diluirse y contrastarse en un nuevo contexto para el que no reclamase una posición hegemónica. La clave estaría en superar un viejo tic ideológico asociado con una comprensión del Otro como «exótico», relacionado con el espíritu de «descubrimiento» que caracterizó el impulso antropológico de Occidente.

El proyecto propone un modelo de polinización cultural transnacional sin territorios
En ese sentido, es muy interesante que uno de los ejes vertebradores de Bienalsur sea la propuesta de nuevos mapas y cartografías alternativas. Y ya es toda una declaración de intenciones que sitúe el simbólico kilómetro cero de su red de comunicaciones en el antiguo Hotel de Inmigrantes del puerto de Buenos Aires, actual sede del Museo de la Universidad Nacional Tres de Febrero. Frente a los rebrotes de ansiedad por todo el mundo y los reflejos nacionalistas reaccionarios de defensa histérica ante la nueva permeabilidad de fronteras, Bienalsur propone un modelo de polinización cultural transnacional y desterritorializada tan higiénico como necesario: pensar en términos de regiones laxas y ciudadanías flexibles, más que de continentes o países, dentro y fuera de las fronteras continentales y nacionales.

La metrópoli valida

La forma en que los artistas «periféricos» se integraban en el circuito occidental ha pasado demasiado a menudo por la «validación» de las respectivas antiguas metrópolis coloniales europeas, en un claro residuo de mentalidad colonial. Dentro de América Latina, a menudo se ha impuesto una división entre esferas «hispanohablantes», «lusófonas» o «anglófonas». Para oponer resistencia a esto, Bienalsur sería sólo una punta de lanza dentro de un proyecto de desarrollo de sistemas artísticos propios: instituciones (desde escuelas de arte a galerías y museos) y mercados que articulen una mayor colaboración entre ellos.

Con esta idea en mente, la multiplicación geográfica -de Buenos Aires a Benín, de Madrid a Tokyo, de Sao Paulo a Asunción- se asienta sobre cinco líneas de pensamiento y prácticas curatoriales: las Acciones e Interferencias en el Espacio Público, que nacen de la selección de proyectos presentados en convocatoria abierta y que pretenden trascender los límites del espacio expositivo convencional; las Curadurías BienalSur, o exposiciones autónomas comisariadas sin perder de vista la escala global del proyecto; los Proyectos Asociados de centros que suman su programación propia al contexto en red; la sección Arte en las Fronteras, con actuaciones centradas particularmente en la exploración (y disolución) de los territorios fronterizos (y, a menudo, conflictivos) dentro del mapa del Sur Global; y la Colección de Colecciones, que propone itinerancias y exposiciones temporales de fondos de instituciones participantes, y que hará viajar a Buenos Aires, por ejemplo, una selección de las adquisiciones recientes para los fondos del Reina Sofía, con obras de Ibon Aranberri, María Ruido o Joaquim Jordá. Una manera interesante (y quizá con su gota de justicia poética) de continuar la dirección (e invertir el sentido) de aquellas Versiones del Sur que en 2000 ya empezaban a explorar nuevas rutas.

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