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ARTE

Benjamin Buchloh: «Las galerías han asumido estructuras de corporaciones»

Uno de los proyectos más impactantes de la temporada fue «Oroxxo», de Gabriel Orozco. Este da pie ahora al teórico Benjamin Buchloh para reflexionar sobre el mercado del arte

Benjamin Buchloh
Benjamin Buchloh

Hacía tiempo que una exposición no causaba tanto revuelo en México. La última obra de Gabriel Orozco (Xalapa-Enríquez, 1962), Oroxxo, generó furor. Durante el mes que permaneció abierta miles de personas visitaron la galería Kurimanzutto y apareció una cantidad inverosímil de reseñas. En las redes, circularon memes y se vitalizaron vídeos de youtubers: Oroxxo se convirtió un clásico instantáneo.

Me reuní con Benjamin Buchloh (Colonia, 1941), uno de los historiadores de arte más influyentes, para discutir en profundidad sobre esta obra. El objetivo era dejar de lado los comentarios coyunturales y aportar una perspectiva teórica e histórica que permitiera comprender la complejidad y alcance de la instalación de Orozco.

Para mí, el elemento central de «Oroxxo» era la tabla que explicaba los precios de los productos intervenidos, hoja de instrucciones del juego entero: eran 300, con 10 copias de cada uno. La primera costaría 30.000 dólares; las siguientes, la mitad de la anterior. D. Harvey utiliza el mismo problema matemático para ejemplificar cómo funciona la acumulación del capital. En Orozco operaba una acumulación eterna invertida, una anti-teoría del valor. ¿Está de acuerdo?

Sí, pero en el registro simbólico porque sólo sucede dentro de la esfera de la producción artística. Esta es una esfera donde puedes invertir las jerarquías sin subvertir las realidades económicas. Diría que es casi una inversión teatral, pero no una deconstrucción real de la teoría del valor existente.

¿Es posible que las críticas en el registro simbólico se materialicen más allá de la esfera de producción artística?

Creo que no. Esa es la tragedia y la comedia de una obra como Oroxxo y de todos los otros intentos en la Historia del siglo XX que han operado de manera similar, haciendo una sustitución o una inversión, de Duchamp en adelante. Dentro del proceso de recepción, el valor siempre crecerá. Si piensas en los ready mades, las pinturas de Warhol de 1962 o los objetos de Oldenburg en The Store, siempre encontrarás el intento de los artistas de invertir radicalmente el orden jerárquico. Sin embargo, está claro que el mercado del arte y el proceso de recepción reinvertirá la inversión realizada. Cuando Oldenburg vendía en 1960 objetos hechos a mano en The Store a 20 dólares, nadie los compró. Argumentaría que estaban operando de forma similar a Oroxxo: valorizando objetos artísticos. El proceso histórico los ha convertido en la venta más alta de objetos escultóricos de los sesenta. Uno no debería demandarle a un artista o una obra de arte que invierta las realidades económicas. Lo que están realizando son operaciones simbólicas. Sería demasiado pedir que existiera una consecuencia real.

Detalle del despliegue de «Oroxxo», de Gabriel Orozco
Detalle del despliegue de «Oroxxo», de Gabriel Orozco

Una de las críticas más recurrentes que se hicieron a «Oroxxo» fue el estar operando un juego masturbatorio o cínico, en la medida que no lograba escapar de la estructura de la galería y del mercado del arte.

No lo llamaría masturbatorio. Es un juego que sabe de antemano que es de sombras. Tiene presente que, mientras invierte el orden del mercado, también afirma su propio estatus dentro de su estructura. Orozco lo sabe: dudo que sea naíf y asuma que con Oroxxo está desestabilizando la organización jerárquica del mercado.

¿Eso disminuye su potencia?

No. La importancia simbólica de esta obra es la transparencia con la que comunica, el énfasis con el que señala cómo operan las estructuras que definen el valor y la posición de la obra de arte, del mismo modo que han hecho otros artistas antes, sin tampoco haber sido capaces de cambiar esas estructuras.

Al reutilizar su famoso diagrama de círculos, parecía existir una autoconsciencia irónica por parte de Orozco de su agencia como productor de valor o, si se prefiere, como marca.

Me parece que Orozco está enfrentándose a la pregunta de qué sucede si un signo que pretendía ser subversivo se convierte en marca, si tiene que operar dentro de esa dicotomía incluso si en principio pretendía hacerlo de forma diferente. Eso sacude sus propias cadenas.

Algunas personas plantean que la especificidad mexicana de la obra de Orozco radica en la presencia de detritus. En esta última obra esta ha sido abandonada por OXXO, una cadena de más de 14.000 tiendas.

Pasa en todo el mundo. Es la colonización incluso de la unidad más pequeña de la vida cotidiana. Es probable que Orozco esté reconociendo eso y preguntándose si las galerías de arte aún funcionan como tiendas de proximidad. En la medida en que el mercado del arte ha cambiado, ha decrecido el nivel de intimidad, privacidad e individualidad. Cuando una galería tiene veinte sucursales por el mundo ya no es exactamente una lujosa tienda exclusiva. Funciona más bien con principios similares a los de una corporación. Orozco se enfrenta a este hecho. Él tiene presente que las galerías han asumido cada vez más estructuras comparables a las del capitalismo corporativo avanzado, que se han alejado de las practicas del capitalismo individualista. La cuestión es: en este momento, ¿cuáles son las conexiones entre el capital de inversión y la distribución del arte? La mayoría ni siquiera sabemos el grado de interacción entre el capital a gran escala, sea lavado de dinero o inversión especulativa, y el mundo del arte. Hay muy pocos economistas que afirmen entender cómo opera este mercado. Para la mayoría todavía es completamente milagroso.

Con «Oroxxo», ¿está su autor adhiriéndose al espectáculo o está ideando un contraespectáculo?

Hoy, el simple hecho de diseñar un contraespectáculo es más difícil que nunca. Pero es lo que Orozco trató de hacer. Como Duchamp, Oldenburg, Manzoni o Warhol. Lo que sucede es que las estructuras del contraespectáculo cambian con cada década, si no cada temporada. Y cada vez se vuelve más difícil ejecutar esas operaciones cuando las demandas del sistema llegan a ser tan integrales. Cada gesto se vuelve parte del aparato del espectáculo. Es difícil idear un contraespectáculo. Eso requiere elementos de ingenuidad, deshonestidad o autoengaño.

En sus clases, usted frecuentemente repite una pregunta: «No hay duda de que esta obra es maravillosa, pero cómo explicamos que se volviera un icono». ¿Podríamos reutilizarla para «Oroxxo»?

Una de las preguntas más serias es si es más que una broma pop art. Yo creo que sí. Plantea cuestiones profundas. Las intersecciones aquí son el desplazamiento de cierto tipo de marketing por otro. Orozco ve esto reflejado en una franquicia, pero lo que tiene en mente es el mundo del arte y el impacto que ha sufrido el sistema de galerías. No sé si Oroxxo se volverá un icono. Sin embargo, está claro que es una intervención mayor.

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