LIBROS

El baile de Javier Aznar

«El guardián» era el seudónimo con el que Javier Aznar firmaba su «blog». Ahora llega su primer libro

Javier Aznar, autor de ¬ę¬ŅD√≥nde vamos a bailar esta noche?¬Ľ
Javier Aznar, autor de ¬ę¬ŅD√≥nde vamos a bailar esta noche?¬Ľ

Imaginemos por un momento la sala de un museo llena de restos. Botellas vacías de vino y champán, confeti y serpentinas, cigarrillos apagados por el suelo. Pensaríamos, sin duda, que aquella había sido una gran fiesta. La limpiadora encargada de poner orden en el Museo de Arte Contemporáneo de Bolzano también lo pensó, de manera que fue arreglando los desperfectos. Hasta aquí, nada fuera de lo normal si no fuera por un pequeño detalle: aquel desorden era, en realidad, una instalación de las artistasS. Goldschmied y E. Chiari. El disgusto llegó al día siguiente y no por falta de limpieza: la sala estaba como los chorros del oro. Para las artistas, la obra era «una metáfora de la década de los ochenta...», pero existía otra interpretación más pegada a la realidad, la de la limpiadora, para quien aquello no era más que una montaña de porquería. La pieza se llamaba «¿Dónde vamos a bailar esta noche?»

Javier Aznar (Santander, 1985) toma prestado este título para su primer libro, que aúna distintas piezas narrativas -desde «posts», relatos inéditos o columnas periodísticas- que nacen de estas paradojas de la vida moderna, de esos instantes geniales en los que la vida es susceptible de ser entendida o bien como una sublime obra de arte o como el más inútil montón de escombros. A Aznar lo conocimos hace años gracias a un «blog» ya mítico y desaparecido, «Manual de un buen vividor», y en cuya cabecera decía hablar de libros, canciones, películas, restaurantes, copas, noches y chicas. Aquella era una buena carta de presentación que, sin embargo, se quedaba corta y que tampoco nos sirve ahora para hablar de los textos aquí recogidos.

Los textos incluidos tienen el encanto, la ligereza que ilumina la profundidad

O nos sirve, aunque parcialmente, porque más allá de libros, canciones, películas, copas... está lo otro, lo que no se dice, que es, como suele ocurrir, lo más importante. En algún lugar leí que el collar no lo forman las perlas sino el hilo y el hilo de todos estos textos es la inabarcable belleza de lo efímero. No sabemos cómo se dice lo efímero, pero J. Aznar le pone distintos nombres, y como el buen observador que es, recolecta instantes de luz antes de que se diluyan. Porque en la vida, las cosas que se van no son muchas sino todas. No hay fuegos de artificio ni grandilocuencia en estos cuarenta y siete textos que conforman una especie de educación sentimental, unas memorias tempranas sin cronología o fechas. Abordan los vestigios de esa tierra perdida, la infancia, pasando por la compleja adolescencia, hasta llegar a las reflexiones de un chico que pasea por la ciudad o que habla sobre su serie favorita.

La ternura es muda

Milena Busquets contaba en un artículo que la ternura es muda y, en cambio, la cursilería es exhibicionista y latosa. Estos textos tienen algo de mudos, de no querer hacer ruido para no molestar, como quien se cuela de puntillas en una estancia pero deja prendida una luz fuera y es esa luz, tenue al principio, la que termina proporcionando otra manera de habitar. Una vez, años atrás, me contaron que una de las cosas más importantes en la vida era encontrar el «swing». Al principio no entendí a qué hacía referencia aquello del «swing», pero más adelante pensé que la gracia era esa: que careciera de definición. Se tiene «swing» con muchas cosas: con la vida, con uno mismo, con tu pareja. No se me ocurre una mejor definición para los textos incluidos en «¿Dónde vamos a bailar esta noche?» Tienen el encanto, la ligereza que ilumina la profundidad. Esa armonía tan efímera que recuerda que la vida es un baile, un paseo. Y si solo es eso, hagamos que sea divertido, ¿no?

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