El escritor japonés de novelas policiacas Seishi Yokomizo
El escritor japonés de novelas policiacas Seishi Yokomizo
LIBROS

Seishi Yokomizo nos cuenta un «Asesinato en el Honjin y otros relatos»

Kosuke Kindaichi es un detective a la altura de Poirot y Sherlock Holmes

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«La gente, cuando descubre que soy escritor de novelas policiacas, suele contarme aquellos homicidios que ha vivido de cerca o de los que ha oído hablar», así nos introduce Seishi Yokomizo (Hyogo, 1902-Tokio,1981) en la primera peripecia literaria del detective Kosuke Kindaichi, un personaje a la altura del belga Poirot, creado por Agatha Christie,o el británico Sherlock Holmes, de Arthur Conan Doyle; tan popular en la literatura de género japonesa como los mencionados detectives occidentales en la ficción criminal europea y anglosajona.

Tal es la fama de Yokomizo en Japón, que uno de los premios literarios con mayor dotación económica del país lleva su nombre y se otorga anualmente a la mejor novela inédita de misterio. Lo más curioso, algo que notará rápidamente el lector que se adentre en las páginas de los tres relatos incluidos en la breve antología editada por Quaterni es que, a pesar de ser reconocido como una fuente habitual de inspiración para el manga y el «anime», el universo de Yokomizo bebe a partes iguales de la tradición nipona y la novela negra internacional, nutriéndose de la primera para el contenido de sus historias y de la segunda para darles forma.

Metaliteratura

«Asesinato en el Honjin» nos sitúa en una pequeña población rural, en el año 1937. Allí la familia Ichiyanagi, que regenta un prestigioso albergue exclusivo para samuráis se prepara para celebrar el matrimonio de su primogénito con una profesora de ascendencia campesina. Y es en esas mismas vísperas cuando un desagradable individuo llega a la zona y se incorpora a la trama, que alcanza su clímax con el macabro crimen de la noche de bodas.

La interpelación constante al lector y la metaliteratura convierten este relato en una pieza ágil, donde la acción se desarrolla más como un problema de lógica que como una tragedia. La historia, como el crimen que la protagoniza, está escrita a sangre fría.