ENTREVISTA

Luis Camnitzer: «El arte es un instrumento para mejorar la sociedad»

El artista uruguayo ha venido a España a dictar una conferencia en el Museo Picasso, de Málaga, sobre el poder educativo de la creación. Su poesía visual se hace palabra alta y clara

Luis Camnitzer en el Museo Picasso de Málaga
Luis Camnitzer en el Museo Picasso de Málaga - MUSEO PICASSO

No sé si Luis Camnitzer (Lübeck, Alemania, 1937) se identifica con Malraux o no y sus teorías sobre el Museo imaginario. No se lo pregunté y, tal vez, debiera haberlo hecho, porque ahora, asimilado sus discurso, él parece un nuevo Malraux por cuanto dice y opina sobre estos espacios: su ser o no ser más allá del contenido. Camnitzer es uruguayo, pese a su origen alemán y su residencia en Estados Unidos desde hace muchos años, donde impartió clases. Él ha sido cocinero (artista) antes que fraile (educador). Sus obras, de poemas visuales a trasuntos conceptuales de pura cepa, descansan, por cierto, en los mejores museos del mundo, de la Tate al MoMA.

Explíqueme su «revolución».

Lo importante es la forma de pensar artísticamente y no la manualidad de hacer arte: cómo se adquiere conocimiento, la libertad de imaginación e imaginar sin límites, y eso es algo que cualquier ciudadano debiera poder realizar en cualquier disciplina que elija.

Me suena a utopía tal y como discurre la realidad.

Ustedes tuvieron un ministro que dijo que las artes distraen de las cosas importantes. Esa bestialidad es antipersona. Los países industrializados están dando preferencia a ciertas disciplinas en contra de las humanidades. Y las humanidades, incluido el arte, están siendo disminuidas, para que los países sean más competitivos y consigan más para la economía nacional. Esto va en detrimento del crecimiento y maduración del individuo. Hay que tener en cuenta que los individuos maduros maduran a la comunidad. Hay que mejorar la capacidad de imaginar, de fantasear, de fracasar, incluso, de identificar lo poético en la vida.

«Hay que mejorar la capacidad de fantasear, incluso de identificar lo poético de la vida»

En una de sus últimas acciones artísticas ha unido los destinos de Christo y de Trump en torno al muro que separa Estados Unidos de México.

Eso fue una acción muy humorística, tanto contra Trump como contra Christo. A mí el arte público no me interesa. Lo de Christo, al cabo, es efímero, pero tiene aspectos totalitarios, por la escala, y lo de Trump también es un disparate totalmente totalitario. Así, que se aúnen los dos y se anulen entre ellos y todo vuelva a la normalidad. En realidad, no creo que volvamos a la normalidad, pero por lo menos, con un poco de humor, uno puede mantener la salud mental.

Usted acaba de dar una conferencia en el Museo Picasso y le pregunto por el futuro de espacios como este.

Los museos monográficos viven un dilema: ser depósitos documentales de obras que alguien determinó que son buenas y que se le presentan al publico como algo que admirar y, por otro lado, está el proceso educativo de incentivar el potencial creativo del individuo que va al museo. También tenemos esta la idea de que cuanta más gente circule por los museos más importante es la institución, y, a mí, lo que me interesa es cuánta gente cambia su percepción y se libera de lo convencional después de haber visto una exposición.

¿Quememos los museos, como dijeron los futuristas?

No hay que matar la Historia, pero yo concebiría los museos no como un espacio cerrado arquitectónicamente, sino como un espacio rodeado de membranas de las que tanto se entra como se sale.

¿Quememos las estructuras dominantes del universo arte?

De hecho, el arte se dividió en dos partes. Por un lado, la producción de objetos que terminan en el mercado, que es lo que la gente entiende generalmente como arte, y el acto cultural transformativo y de adquisición de conocimientos que se produce a través del ejercicio artístico que no necesariamente produce obra. Este es el que realmente me interesa a mí, porque es el que afecta a la forma de pensar y ayuda a construir una comunidad. No importa la autoría de quién pintó un cuadro y de cuánto costó en el mercado, importa qué efecto transformador tiene en la gente y, a su vez, qué efecto transformador tiene en cadena para llegar a otra gente. Es un proceso evolutivo, muy lento, pero muy importante, y lo estamos perdiendo porque se está dejando de lado el desarrollo del individuo maduro, crítico, pensante, independiente y creativo.

«La crítica mediadora, la que ayuda a acceder a la obra de arte, es la importante»

A tenor de la realidad, ¿todo arte tiene que ser político?

Todo el arte es político aunque sea apolítico. Se trata, más bien, de dónde se ubica políticamente. Creo que el arte es un instrumento para mejorar la sociedad, pero eso no se logra poniéndole contenido político a la obra, porque lo único que consigue es expresar la opinión del artista y le impide conectar con el público, aportar estímulos para que llegue a una conclusión. La conclusión tiene que ser percibida por el espectador y no sermoneada por el artista.

Y en este contexto es necesaria la crítica: ¿esta educa o, por el contrario, maleduca?

Hay crítica descriptiva que lo único que hace es contar cómo es la obra e interpretativa que trata de abrir la puerta para que la gente pueda entender la obra. Luego están las divas que intentan demostrar cuán inteligentes son. La crítica mediadora, la que ayuda a acceder a la obra de arte, es la importante.

¿Artista o educador, con cuál de sus «profesiones» se queda?

Si tengo que elegir entre producir objetos artísticos o educar me interesa más esto último. A estas alturas creo que es más eficiente invertir mi vida en criticar que colgar una obra en una pared.

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