Anthony Stark, sentado sobre el sofá «tuneado» por Fernández-Pinedo, su compañero de estudio - ERNESTO AGUDO
DE PUERTAS ADENTRO

Anthony Stark: huir y regresar al lugar de trabajo

Si puede elegir, Anthony Stark prefiere trabajar en solitario. Pero ahora comparte estudio con un amigo de toda la vida: el también pintor Juan Manuel Fernández-Pinedo. A este lugar acude cuando tiene algo que contar. Y de él se aleja para buscar inspiración

MADRIDActualizado:

Gris, Limpia y Bicha tienen claro que, en el entorno diáfano en el que nos encontramos, no hay espacios acotados, pese a que es fácil discernir que son dos los artistas que trabajan allí. Gris, Limpia y Bicha son tres gatas, cuyo dueño, Juan Manuel Fernández-Pinedo, es el mismo que el de este estudio en Carabanchel en el que recalamos esta mañana. Por eso no les suene extraño si les digo que una de ellas descansa remoloneando sobre el alféizar de una ventana, junto a los útiles de pintor de su amo, mientras otra se agazapa en la zona destinada a almacenaje de obras, y es imposible localizar a la tercera, que escapa por la gatera de la puerta de atrás.

Gris, Limpia y Bicha nos recuerdan que hemos entrado en «su» territorio, cuyas fronteras –término este que, por desgracia, tanto estamos escuchando estos días– solo existen para nosotros y en nuestra cabeza, ya que ni siquiera los dos habitantes de este taller respetan, por mucho que cada uno de ellos –el mencionado Fernández-Pinedo y el joven Anthony Stark– busquen el calor del sol (que no la luz, la cual no necesitan para pintar) en los extremos más cercanos a los ventanales, mientras sus pertenencias, sus materiales, sus útiles, van ocupando de manera aleatoria el entorno circundante.

Un duelo entre caballeros

Si no fuera porque trabajan de espaldas el uno al otro, si no fuera porque estamos en pleno siglo XXI, imaginárselos volcados en su labor sería lo más parecido a un duelo entre caballeros en la época romántica. Cada uno con su lienzo colgado directamente a la pared (sin bastidores, en el caso de Anthony), con sus caballetes vacíos, sus respectivas mesa de trabajo, sus pinturas y sus pinceles. No se trata de ser el más rápido a este lado del Manzanares (la imagen que me viene ahora a la cabeza es la de dos pistoleros del Lejano Oeste. Me nubla la visión las barbas y bigotes de nuestro protagonista), sino de disfrutar con la pintura, de avanzar en el sometimiento de lo matérico, cada uno de ellos con su estilo.

A Stark le gusta que la luz le llegue desde la izquierda, aunque luego pinte con la de los fluorescentes, sobre todo porque sus anárquicos horarios le pueden llevar a refugiarse en las últimas horas de la tarde, cuando no en la misma noche

Anthony Stark confiesa que él está aquí «de prestado» (entiéndase el chiste), pues el estudio, en realidad y como ya hemos comentado, es propiedad de Pinedo: «Este era un antiguo edificio industrial que en la actualidad está ocupado por artistas». Porque entre sus plantas se distribuye el taller que comparten Stark y Fernández-Pinedo, y la vivienda de este último, un nivel más arriba, que fue el primero en llegar a este lugar. Y un piso más abajo, y así bien consta en el cartel de la fachada, la base de operaciones del colectivo fotógráfico Ojo de Pez.

Anthony Stark trabaja en una de sus obras
Anthony Stark trabaja en una de sus obras- ERNESTO AGUDO

«Cuando Juan Manuel llegó aquí yo aún vivía en Argentina. Al volver a España comencé a trabajar con él de una forma natural, ya que somos amigos de toda la vida. Yo he ido entrando y saliendo, porque he vuelto a trabajar varias veces fuera, pero cuando regreso a Madrid esta es siempre mi base de operaciones». Stark, el artista que se esconde tras el pseudónimo (muy poca gente conoce su verdadero nombre, con el que firmó durante una etapa de su vida que ya da por zanjada), reconoce que es receloso de compartir taller: «Soy un hombre al que le gusta la soledad, al que le cuesta limitar el espacio. Sin embargo, si pudo romper ahora esta regla es porque Pinedo es «un íntimo» al que conoce desde siempre: «En momentos de bonanza uno trabaja donde quiere. Cuando no ha sido así, Juan Manuel me ha acogido siempre en su regazo. Que este sea un lugar propicio al manejo de formatos grandes y sus fabulosas vistas también ayudan a que sea el estudio con mejores condiciones en el que he desarrollado mi labor en Madrid».

Buenos y malos recuerdos

Porque no es el primero. Probablemente tampoco será el último. Stark estuvo antes en Malasaña, en un taller en Divino Pastor del que tiene muy buenos recuerdos y que luego ocupó Guillermo Mora (que no debe de guardarlos tan gratos, ya que se le terminó incendiando). De ahí regresó a la casa familiar, dado que comenzó a usar formatos muy grandes y no podía pagarse un lugar también grande en el que entrasen los cuadros. La vida le terminó llevando a Buenos Aires, donde no tuvo más remedio que meter el estudio en la vivienda –experiencia que no le satisfizo– y a la Patagonia, «donde el campo era el taller». Finalmente, nuestro artista se estableció de forma más o menos continuada en el espacio en el que nos lo encontramos ahora.

Al compartir disciplina, es inevitable que Stark y Fernández-Pinedo se contaminen. Sin embargo, el paso del tiempo lo matiza todo

Allí, en esta habitación sin límites fijos (estos los marcan las necesidades de trabajo y de almacenamiento de cada uno de sus inquilinos), a Stark le gusta que la luz natural le llegue desde la izquierda, aunque luego pinte con la de los fluorescentes, sobre todo porque sus anárquicos horarios le pueden llevar a refugiarse en las últimas horas de la tarde, cuando no en la misma noche. Y, según explica, necesita tener el espacio cargado con pocas cosas: «No me gusta anclarme a un lugar. De hecho, la pintura ya es de por sí una técnica que genera muchos residuos, que pesa mucho. Me basta con mis tubos, mis pinceles, mi aguarrás y mi paleta. Este es un espacio de trabajo, no de inspiración. Por eso es también un lugar desordenado, como mis horarios. Lo veis tal cual está normalmente, ni lo hemos recogido para que quede más vistoso, ni hemos colocado una bicicleta en la puerta para que parezca más moderno. Este es un sitio para ensuciarse y ensuciar, en mi línea de trabajo, con mucha carga metérica, y en el que se busca un gesto cada vez más libre».

Stark conversa con Fernández-Pinedo en el espacio en el estudio del segundo
Stark conversa con Fernández-Pinedo en el espacio en el estudio del segundo- E. AGUDO

Dicho esto, es fácil pensar que las jornadas de trabajo para Anthony Stark no existen: «Te puedo explicar cómo fue mi día ayer», puntualiza. Se levantó pronto, hizo ejercicio, desayunó y se trasladó andando hasta el estudio en un paseo largo (vive en Embajadores, y ya nos ha quedado también claro que no le gusta trabajar en el mismo espacio en el que duerme): «Cuando llego aquí me pongo a pintar, al menos, a intentarlo. El mío es un proceso de prueba error, pero nada intuitivo. Es fuera del estudio donde se desarrolló previamente la labor de análisis. Por eso cuando me bloqueo necesito salir de aquí, necesito pasear o realizar actividades que no tengan que ver con el acto de pintar».

La falta de fetiches personales de Stark en el taller hace que nos hayamos fijado irremediablemente en objetos de su compañero, en un sofá totalmente cubierto de pintura en el que hemos acabado haciendo la entrevista al pintor. Justo en ese momento llega su autor, el mismo Fernández-Pinedo, que nos cuenta anécdotas del mismo: En realidad, su apariencia actual fue el resultado de ir depositando restos de material pictórico sobrante de los cuadros, hasta dotarle de una nueva cobertura tan matérica. «Ahí mismo tienes 30 euros en óleo», dice entre risas su autor, señalando un preminente pegote. Esa es la razón por la que incluso quiso incluirlo como «obra» en una exposición, aunque al final desestimó la idea: «En la actualidad, lo tengo en Wallapop». «Por 300 euros puede ser tuyo», nos chiva más tarde Stark.

Saber sin preguntar

Pinedo y Stark han desarrollado tal nivel de complicidad que, como explica el segundo, «podemos saber cuál es el estado de ánimo del otro sin preguntar»: «No nos estorbamos, aunque coincidimos bastante. Él viene mucho más amenudo, dado que vive justo arriba. Y cuando estamos juntos, el ambiente puede ser muy relajado o de una juerga absoluta. Eso es bueno, lo hace todo más distendido, quita seriedad y aporta frescura. Resulta más enriquecedor. Cada uno de nosotros es para el otro una voz crítica al lado a la que respetamos. Eso es muy importante».

Al compartir disciplina, es inevitable que ambos artistas se contaminen. Sin embargo, el paso del tiempo lo matiza todo: «Eso sucedía más al principio. Ahora ya no ocurre porque nos conocemos demasiado, cada uno a sí mismo y cada uno al otro. Cada uno ha generado su estilo y sólo coincidimos en la pasión por la técnica, por la manera de entender el proceso. Ahora bien: si se producen las influencias, bienvenidas sean».

«Es fuera del estudio donde desarrollo previamente la labor de análisis. Por eso cuando me bloqueo necesito salir de aquí, necesito pasear o realizar actividades que no tengan que ver con el acto de pintar»

Stark se define como pintor-pintor («y ahora hay que decirlo con voz alta, porque la técnica ha estado muy denostada»). Sus intereses han rondado siempre las relaciones humanas, «los grandes temas», del amor, a los vínculos personales, pasando por el sexo, y hasta la pornografía, tema de su última individual en la galería Fernando Pradilla. Estos son siempre una excusa, pues lo importante –le escuchamos– es el proceso, el empleo del material, «ser más libre en los actos y pensar menos en la pintura: que esta se coma la excusa del cuadro, su parte más conceptual». En la actualidad, el artista culmina unos lienzos que podrían verse pronto en próximas ferias (¿Estampa, quizás?), con una temática nueva que llevaba tiempo queriendo explorar, y con unos resultados en los que las fórmulas abstractas van ocupando cada vez más las escenas esquemáticamente figurativas.

«No puedo pensar en este como un estudio definitivo. Espero que sí que lo sea para Pinedo. Soy inquieto, me aburro de las cosas, de mi propia vida. Sin embargo, si continúo viviendo en Madrid, seguiré aquí. Ya me he hecho al espacio». Como Gris, Limpia y Bicha se han hecho a nuestra presencia y se han hecho con nuestros enseres y bártulos. No hay límites en este estudio.

Detalle de los materiales acumulados en el estudio
Detalle de los materiales acumulados en el estudio- E. AGUDO