Un momento de «El laberinto mágico»
Un momento de «El laberinto mágico» - MarcosGPunto
TEATRO

El aliento épico de Max Aub

El madrileño Teatro Valle-Inclán acoge «El laberinto mágico», un intenso montaje basado en el ciclo novelesco de título homónimo de Max Aub. Lo dirige Ernesto Caballero y la dramaturgia corre a cargo de José Ramón Fernández

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En el ciclo novelesco «El laberinto mágico», formado por «Campo cerrado» (1943), «Campo de sangre» (1945), «Campo abierto» (1951), «Campo del moro» (1963), «Campo francés» (1965) y «Campo de los almendros» (1968), Max Aub (París, 1903-Ciudad de México, 1972) elaboró una de las obras más ambiciosas de la literatura española del siglo XX. Con el trasfondo de nuestra Guerra Civil, Aub escribió, en su exilio mexicano, un gran fresco, ambientado en tres ciudades, Madrid, Barcelona y Valencia, y poblado por un sinfín de personajes golpeados por la devastadora contienda.

No menos ambición es la que ha guiado a Ernesto Caballero al llevar a las tablas «El laberinto mágico», en un montaje que puede verse en el madrileño Teatro Valle-Inclán hasta el 10 de julio. El envite no era fácil, pero Ernesto Caballero se lo ha tomado, confiesa, «como un apasionante reto». En la tarea ha contado con José Ramón Fermández, encargado de la dramaturgia, con quien ha trabajado en estrecha colaboración, y con un elenco -compuesto por quince actores, dando vida cada uno a varios personajes-, del que Caballero se siente especialmente orgulloso.

Pieza coral

Comenta al respecto: «En esta puesta en escena recae un enorme peso en los intérpretes, que han comprendido a la perfección su singularidad. Necesitaba actores muy flexibles, que manejaran la provisionalidad y estuvieran dispuestos a arriesgar en una pieza coral. Muchas veces me sorprendían con enfoques sobre sus personajes en los que yo no había reparado». Porque ha habido mucho trabajo de todos -dramaturgo, director, actores...-, a pie de escenario. El laberinto mágico se gestó en el marco del Laboratorio Rivas Cherif -una de las principales apuestas de Ernesto Caballero cuando accedió a la dirección del Centro Dramático Nacional (CDN)-, como un espacio de investigación escénica, auténtico «banco de pruebas», recalca su creador.

«Max Aub es un Everest, en una literatura soberbia, la española, en la que hay tantas cumbres», señala Ernesto Caballero

En 2015, su resultado se sometió al veredicto de los espectadores, a los que, después de la representación, se pidió su opinión mediante una encuesta. La respuesta del público fue mayoritariamente entusiasta por lo que se decidió incluir el espectáculo dentro de la programación regular del Centro Dramático Nacional (CDN). Lo que ahora puede verse en el Teatro Valle-Inclán, señala Caballero, «mantiene en esencia el espíritu del primer montaje, que, no obstante, hemos depurado y ajustado, también a pie de escenario, tras la experiencia precedente».

Y añade: «En la labor de adaptación a las tablas del ciclo novelesco se ha realizado sobre todo una operación de condensación, de síntesis, con el propósito de contar en poco más de hora y media un material que habría ocupado cerca de diez horas. Pero no queríamos en absoluto hacer una suerte de escenas yuxtapuestas, sino lograr una coherencia interna, que le otorgase el carácter de odisea de la Guerra Civil, el aliento épico que el propio Max Aub quiso proporcionar a sus seis novelas que, por otro lado, contienen, numerosos elementos dramáticos, pues no olvidemos que Aub fue también un excelente autor teatral. Por ejemplo, una de sus mayores cualidades es que resulta capaz de hacernos partícipes de la historia de un personaje, de sus rasgos, de su peripecia, con solo tres frases. Asimismo, «El laberinto mágico» es un claro ejemplo de algo de lo que estoy absolutamente convencido: la existencia de un valiosísimo caudal teatral encapsulado en la narrativa española. De ahí también mi empeño en poner en marcha el ciclo "De la novela al teatro"».

Hacer patria

En «El laberinto mágico», Max Aub se sitúa en el lado de los vencidos, pero, subraya Caballero, «sin maximalismos, con una honestidad y una humanidad asombrosas. La Guerra Civil fue un fracaso colectivo y, además de la insustituible pérdida de vidas y el destroce del país, supuso un terrible quebranto de valores, de ilusiones, de inocencia, como se aprecia en muchos de los personajes de la obra».

Para Ernesto Caballero, Max Aub es un autor al que «es imprescindible sacar del purgatorio, como en buena medida y por otras razones, le ha ocurrido a Jardiel Poncela -sobre el que estoy preparando un espectáculo para la próxima temporada-, a pesar de estar en posiciones divergentes. Aub es un Everest en una literatura soberbia, la española, en la que hay tantas cumbres. En el proceso del concurso público para dirigir el CDN me preguntaron qué pretendía. No dudé en contestar que deseaba hacer patria, una palabra que, por cierto, también emplea Max Aub. Creo que, más allá de todas las dificultades -estamos aún en un presupuesto de vacas no sé si flacas, pero sí anémicas-, trabajar y luchar por un teatro con salud, de calidad, es hacer algo por la patria. Sueño con un gran país, con una sociedad culta y cohesionada, que sienta como algo muy suyo el rico patrimonio teatral».