Alejandro Farnesio participó, entre otras, en la batalla de Lepanto, representada en este grabado
Alejandro Farnesio participó, entre otras, en la batalla de Lepanto, representada en este grabado
LIBROS

Alejandro Farnesio, el rayo de la guerra

Nieto de Carlos V y sobrino de Felipe II, es uno de los grandes protagonistas de la Historia de España que, curiosamente, no ha sido estudiado a fondo. «Alexander» trata de remediar este olvido

Actualizado:

En años recientes el liderazgo se ha convertido en tema recurrente para estudios de ciencias sociales y humanidades. Subyace en ello la pretensión de demostrar que historia, literatura o antropología tienen utilidad para comprender la gestión de sociedades, empresas y organizaciones. También resulta obvio que existe un interés promovido por la crisis de liderazgo, local y global, más aguda en Occidente que en otras latitudes. El estudio del pasado puede aportar soluciones contemporáneas.

En esta línea, el acercamiento a la figura central del siglo XVI español que fue Alejandro Farnesio constituye un éxito de este interesante y renovador libro, cuya metodología se relaciona más con la historia «aplicada» tan de moda en el contexto angloamericano, que con la nueva historia política del imperio español. Esta se ha centrado en su organización global y ha recuperado figuras malditas bajo perspectivas nuevas.

Absoluta precisión

Es el caso de Felipe II, presentado por el historiador Arndt Brendecke como «poderosa araña», en el centro de una tela tejida con papeles e informes procedentes de todos los confines de su imperio. O del gran duque de Alba, Fernando Álvarez de Toledo, encomiable soldado y refinado humanista para Fernando Rodríguez de la Flor, no el criminal asustaniños de la leyenda negra y relatos supremacistas.

Murió de una herida mal curada. Recuerda a quienes lejos de qujarse cumplen con su deber

En esta obra, estructurada en siete capítulos, en cambio, el liderazgo y el factor humano lo son todo. Los contextos se explican por la vía de las relaciones personales y de linaje, lo que constituye su mayor fortaleza. La maquiavélica concatenación de papas disolutos que son padres de familia numerosa con damas romanas, niñas nobles asaltadas en su cama y virtud por maridos impuestos, o artistas dudosos, se explica por el autor con el detenimiento de un entomólogo de la especie humana.

La narración contiene divertidos hallazgos retóricos: «Julia Farnesio, cuya belleza tantas ventajas habría de proporcionarles tanto a ella como a su familia, aún niña fue prometida en matrimonio a Orsino Orsini, poco agraciado físicamente, de limitada inteligencia e introvertido, pero heredero de linaje y posesiones». La tumba de Alejandro Farnesio en Parma reza solo «Alexander». La alusión al Magno no fue casual. Nacido en 1545 en Roma, descendía del Papa Paulo III y del emperador Carlos V, pues fue su padre Octavio Farnesio y su madre Margarita de Austria, hija natural del monarca. Contra lo que se suele repetir, el estigma no venía tanto de esa condición como de la ausencia de reconocimiento paterno, pero Carlos reconoció y cuidó de su hija.

Ante todo militar

Las relaciones de Margarita con su vástago, convertido en general, político y diplomático, fueron difíciles y tuvieron su peor momento cuando se negó a compartir con ella en 1581 el gobierno de los Países Bajos españoles. Soberbio y arrogante en su actitud, nos cuenta el autor, «para dar cariño a su madre, fue a pasar con ella las navidades».

Alejandro Farnesio, ante todo militar, estuvo en Lepanto, comandó los temibles Tercios españoles y los condujo miles de kilómetros por el célebre «Camino español», que unía las posesiones del norte de Italia con los Países Bajos. Más tarde le correspondió ser comandante de la expedición contra Inglaterra, que dio lugar a la derrota relativa de la «Invencible». El itinerario vital y esforzado del protagonista por las geografías de las batallas dinásticas y religiosas de los Austrias españoles, y su muerte de una herida mal curada, recuerda a quienes, lejos de quejarse, cumplieron con el deber encomendado.

Los imperios duran porque existen personas como Alejandro Farnesio, cuyo nombre llevan con orgullo un regimiento de caballería y un Tercio de la Legión.