Ajuste de letras La autobiografía involuntaria de Mairal

El autor de «Una noche con Sabrina Love» reúne diez años de escritura en blogs, revistas y diarios. Lo ha titulado «Maniobras de evasión»

Pedro Mairal se dio a conocer al ganar el Premio Clarín en 1998. Tenía 28 años
Pedro Mairal se dio a conocer al ganar el Premio Clarín en 1998. Tenía 28 años - VICTORIA GESUALDI

Cuando me llegó «Maniobras de evasión» (Ediciones Universidad Diego Portales), yo no sabía quién era Pedro Mairal. Así que se lo pregunté al propio autor.

—¿Quién es Pedro Mairal?

—Ni idea. Según cómo me despierto cada mañana. Puedo ser padre, amigo, profesor, vago, peatón, poeta, narrador, espía de Dios... Como decía el gran Whitman, contengo multitudes.

Poeta, narrador… Mairal ganó en 1998 la primera edición del Premio Clarín con su primera novela. Solo tenía 28 años cuando convenció a un jurado formado por Bioy Casares, Cabrera Infante y Roa Bastos. «Una noche con Sabrina Love» cuenta lo que le ocurre a un adolescente de pueblo que gana un concurso cuyo premio es pasar una noche con una estrella del porno. El libro se tradujo a otros idiomas, se vendió hasta en los quioscos y fue adaptado al cine. Mairal fue entrevistado en televisión y una fotografía de él suspendido en el aire en la portada del suplemento «Mujer» provocó que a un amigo suyo se le atragantara una hamburguesa. Fue tanta su exposición mediática que tardó siete años en publicar su siguiente novela.

Mairal se refugió en la poesía, en los cuentos y en el anonimato de internet. Dos años antes del Premio Clarín ya había publicado un poemario, Tigre como los pájaros, y mientras llegaba su segunda novela se entretuvo escribiendo sonetos eróticos con el seudónimo Ramón Paz. Decidió publicarlos cuando, al leerlos en un bar, percibió que gustaban. Era el arranque de los años 2000: los blogs cumplían entonces la función de redes sociales. «Existió en Argentina una comunidad de narradores y poetas que nos conocimos por los blogs. No había manifiestos, pero había un entramado, una camaradería, una manera de explorar la época», me dice Mairal. Sus seudónimos Adriana Battu y Miguel U le ayudaron a hacer la bitácora «El Señor de Abajo».

El poder de la web, lo llama Mairal. Lo descubrió en un viaje a Estados Unidos: un alumno le preguntó por un texto que había subido a internet hacía diez años y el escritor argentino comprobó que las palabras habían volado «por encima de todas las barreras analógicas» hasta los ojos de ese chico. Ese orgullo bloguero lo llevó a escribir: «A los libros que se originaron en blogs, cuando los abro en la librería, me parece que les falta un switch para encenderlos, son como blogs apagados».

—¿Por qué publicas un libro antológico de textos, la mayoría rescatados de internet?

—Los textos que se publican online, si tienen alguna repercusión a través de las redes sociales, circulan mucho, se leen un tiempo, después se pierden en el tornado de la red. Yo empecé a intuir que estos artículos y crónicas conformaban un conjunto, una constelación, y eso solo puede hacerlo el libro en papel (o un libro digital, pero un libro al fin).

La reportera Leila Guerriero vio que en esas «estrellas desparramadas» había forma y le pidió un libro.

—Lo editó genialmente, sacó muchos textos, vio por dónde venía la historia, cuáles textos le daban cohesión al libro, cuál era su esencia. Diez años escribí en blogs, revistas y diarios. Y «Maniobras de evasión» es un destilado de ese trabajo. Una autobiografía involuntaria.

«Diez años escribí en blogs, revistas y diarios. Y 'Maniobras de evasión' es un destilado de ese trabajo»

En esta «autobiografía» hay textos que justifican lo que me dice Guerriero: «Pedro es uno de los mejores autores argentinos contemporáneos». Mairal consigue hacer interesantes un ensayo sobre las tetas y otro sobre el culo de una arquitecta, trae a la memoria aquellas primeras veces en «Tocar a Gimena» y escribe comienzos así de potentes: «Me desperté un poco antes del choque».

Sus reflexiones sobre la escritura son todavía mejores. ¿Dónde aprendió? «Nada me enseñó tanto a escribir como la poesía de Mermet [cuyos manuscritos inéditos Mairal pasó a limpio junto con cuatro colegas]. Me enseñó a no resignarme con la expresión aproximada, parecida a lo que quiero decir; siempre se puede ser más preciso». ¿Cómo escribir? «Transformo en imágenes las ideas, no las dejo en paz, necesito corporizarlas, volverlas tangibles». ¿Por qué? «Porque me gusta recrear la experiencia sensible a través del lenguaje: quiero que el lector toque, huela y sienta que está ahí». ¿Cuándo pulió su pluma? «Escribir en blogs me permitió relajar mi estilo, acercar mi narrativa al habla cotidiana, bajar del pedestal de lo literario», me dice.

«Escribir en blogs me permitió relajar mi estilo, acercar mi narrativa al habla cotidiana»

Y la crónica, ¿qué aporta la crónica? «El periodismo te saca de tu zona cómoda y te lleva hacia temas sobre los que no sabes ni qué pensás. Te obliga a aprender, a exponerte. La libertad total, el famoso “tema libre”, la escritura automática ilimitada, pueden ser el infierno, una cárcel de máxima seguridad. Dame un punto de apoyo y moveré el mundo».

Es la manera de entender la escritura de un autor que llevó a sus padres a ver «El club de los poetas muertos» para convencerlos de que los estudios de medicina no eran lo suyo. En la película un joven se suicida porque no puede seguir su vocación. «Volvieron pálidos y me dijeron: “Creo que es importante que estudies algo que realmente te guste”», dijo Mairal en una entrevista.

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