«Commedia 2018», escultura del artista Maen Florin
«Commedia 2018», escultura del artista Maen Florin - EFE

Abanico de precios para los coleccionistas de ARCO

Pinturas, instalaciones y hasta diseños arquitectónicos basados en máquinas monetarias son las obras que el público puede adquirir en esta edición

MADRIDActualizado:

Calidad de las obras, tratar de dar visibilidad a los artistas y conseguir proyección tanto nacional como internacional no son los únicos objetivos que persiguen las 208 galerías que este año participan en la 37ª edición de ARCO. Gustar y atraer la atención del público y, sobre todo, de los coleccionistas son los factores que cada vez condicionan más a las firmas a la hora de seleccionar a los artistas que exhiben sus creaciones en la feria. El coleccionismo, influido por la crisis que ha asolado España en los últimos años, la cual ha provocado el despunte de los compradores internacionales, observa cada vez más el precio de las obras. Unos estands captan las miradas con las esculturas más vanguardistas presentadas hasta la fecha; otros lo consiguen a través del «baile» y la música.

«Los que bailan son considerados locos por aquellos que no pueden escuchar la música». Este es el eslogan de la galería suiza Hauser & Wirth. «Nuestra presentación de este año se ha inspirado en la idea lúdica del disfrute, de los momentos mágicos que compartimos», explica Susie Guzman, directora de la firma. Es por este motivo que todos sus artistas representados y las obras que exhiben, directa o indirectamente, tienen algún tipo de relación con la música o el sonido.

La obra de Dan Graham (Urbana, Illinois, 1942) es la seleccionada por la galería para que ocupe el espacio central –y casi principal, exceptuando las paredes– de su estand. El americano ha realizado un pabellón en el que se escuchan vídeos musicales a través de varios monitores. «Es un artista que está muy interesado en la arquitectura. La idea es que el público se acerque a la pieza y sea parte de ella», cuenta la directora de esta firma que, tras un parón, participa en ARCO desde hace dos temporadas. Para ellos, esta edición constituye una buena ocasión para, además de dar a conocer a sus artistas, reencontrarse con los clientes que tienen en España. Estos clientes se enfrentan a un abanico de precios que empieza en los 15.000 dólares y termina, «aproximadamente», en los cinco millones. Así lo asegura la encargada de la galería que expone una de las obras más caras de esta edición y que prefiere no dar el nombre del artista al que pertenece.

El precio más alto

La histórica barcelonesa Marc Domènech, que ha acudido a más de una veintena de ediciones de la feria, presenta «piezas destacables que aguanten el nivel de ARCO», afirma el director de una galería que califica el suyo de «mercado secundario» por especializarse en obras de los años veinte y treinta del siglo pasado. «Tenemos piezas cubistas, surrealistas y constructivistas que forman una variada selección de este periodo», relata el catalán, cuya propuesta para ARCO se basa en hacer un repaso de las exposiciones que han tenido a lo largo del año, así como también de las futuras. Sus obras, con un rango de precios menor a la anterior galería mencionada, van desde los 3.000 a los 400.000 euros.

Otra galería histórica es la madrileña Cayón, fundada en 2005. «De esta edición esperamos una mejora del mercado nacional y muchas visitas del mercado internacional», afirma el director, Adolfo Cayón. Dan Flavin es su propuesta principal, un artista cuya exposición se inicia a la vez en ARCO y en la galería. Las esculturas de cabezas de Julio González son otras de las obras que se pueden ver. De 8.000 euros es el precio aproximado de la obra más barata que el coleccionista puede adquirir en este estand. ¿La más cara? 300.000 dólares.

El precio del Futuro

Entre el verde de la nueva línea de investigación que este año exhibe ARCO, Futuro, se encuentran las obras más desconcertantes de la edición. Imagina que eres un bloque de mantequilla deshaciéndose es el nombre de la serie de esculturas de Eva Fábregas, artista representada por TENDERPIXEL. Se trata de cuatro esculturas hinchables en las que se pueden practicar diferentes ejercicios de relajación. «El público tiene unos cascos que le invitan a dar un viaje en las esculturas hasta que se derrite y se convierte en ellas». Este es el primer año de la artista en ARCO, cuyas piezas cuestan 4.000 euros.

De mantequilla a sopa. Eduardo Navarro,deNara Roesler,expone 50 dibujos metabólicos hechos con papel de arroz y tinta comestible que el espectador acompaña con una taza de sopa y, por tanto, puede degustar. En su segunda vez en Ifema, su galerista afirma que esta obra, que se vende en conjunto, se puede adquirir por 25.000 dólares.

La chilena Patricia Domínguez, artista de Patricia Ready, cuenta con siete piezas en Futuro que rondan los 20.000 euros en total. Gerentes de empresa, «dioses que actualmente manejan el cosmos», se mezclan con hierbateros rodeados de hierbas medicinales que «neutralizan el olor de esa energía negativa que los primeros desprenden», afirma la creadora.

Obras que dialogan

En la sección Diálogos las obras de cada estand conversan entre ellas. Esas conversaciones entre artistas también tienen un precio. 24.000 euros es el cuadro más caro de la berlinesa Barbara Wien, llamado We do not work alone, hecho con aceite y un lápiz de cera sobre lino.

A su lado, Graça Brandão expone cuadros y esculturas de dos generaciones diferentes: la fallecida hace dos años Ana Vieira habla con Nuno Sousa Vieira mediante la arquitectura. La obra más cara fue realizada por Ana en 1968 y cuesta 80.000 euros. «Es una obra maestra del arte portugués», afirma su director, que se puede apreciar en la parte central del estand.

Fuera de los Diálogos, JosédelaFuente se enfrenta a su sexta participación en ARCO con cinco artistas que han realizado obras en metal. «Devolverlo a la tierra de la que se ha extraído, utilizando la propia tierra como molde para realizar la fundición», explica su director preguntado por la composición de Arturo Hernández Alcázar. Otras hablan de la Historia del Arte o la situación económica de Venezuela. ¿La que más sobresale? Una máquina inventada por Enric Fort que representa la inminente desaparición del dinero físico. «Separa las monedas en función de la tonalidad que tienen por su oxidación», explica el galerista. Desde 1.100 euros hasta 25.000 sin impuestos es el precio de esta propuesta.

La obra que al final no se venderá en ARCO será la del artista Santiago Sierra, que se retiró ayer de la feria. Se trata de una serie de 24 fotografías por valor de 80.000 euros. A pesar de ello, según aseguran fuentes de la galería Helga de Alvear, un particular español la adquirió fuera de Ifema gracias a la intermediación de una galería catalana.