Detalle de «Palimpsesto. Superman», lápiz sobre papel de libro de Historia
Detalle de «Palimpsesto. Superman», lápiz sobre papel de libro de Historia - D. r.
«Darán que hablar»

Diego de los Reyes: «Soy un retratista de los de antes, pero aliado con las nuevas tecnologías»

El retrato es el punto de partida de Diego de los Reyes a la hora de elaborar sus reflexiones sobre la masculinidad. La vanidad y las formas de socializar del siglo XXI actualizan su discurso. Él ya es de los artistas que «Darán que hablar»

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Nombre completo: Diego de los Reyes Tovar. Lugar y fecha de nacimiento: Sevilla, 31 de marzo de 1977. Residencia actual: Madrid. Estudios:Técnico especialista superior en fotografía artística por la escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Sevilla. Licenciado en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid. Máster en Dirección de Arte y Diseño Gráfico. Ocupación actual: Artista plástico, Director de arte, fotógrafo de producto y redactor en «CuradorMAG».

Qué le interesa. Baso todo el trabajo en buscar las claves de los procesos de representación y autorepresentación de las construcciones masculinas. Parto de la base de que estas representaciones y autorepresentaciones de género tienen fuertes lazos con ideas de estética, narcisismo, ego, ética, valores, pertenencia al grupo, roles o política. Intento elegir imágenes que definan estas características y estereotipos o prototipos de la masculinidad actual. Estamos acostumbrados a escuchar hablar de las nuevas masculinidades, aunque las mismas construcciones prototípicas se dan en todas las épocas. Mi proyecto tiene como intención descubrir si existe algo diferente en los prototipos actuales que no tenían los estereotipos precedentes, mostrándolos y redundando en ellos.

De dónde viene. Ingresé en la universidad bastante tarde, con 30 años, y me licencié en 2012. Es a partir de esa fecha cuando empiezo a exponer de forma profesional. Principalmente, he presentado mi trabajo en Madrid, tanto en colectivas como en solitario en salas como en El Foro de Pozuelo (una sala mítica), pero fundamentalmente en la galería Factoría de Arte y Desarrollo, situada en la calle Valverde, en Madrid, con la que también he participado en Room Art Fair. He presentado mis proyectos en Sevilla, en la galería Punto de Valencia, y en festivales de Pontevedra, Vigo, Ourense, Zaragoza, Berlín y Nueva York.

Casi siempre he tenido la suerte de que en los sitios que me han ofrecido para exponer me gustaban de antemano. Quizás uno de los que guardo más cariño es el Museo Municipal de Arte Contemporáneo de Vigo, donde expuse en solitario la serie «Narcisos». Un festival en el que me encanta participar es Postcards from the Edge, organizado por Visual AIDS en Nueva York para recaudar fondos para la investigación contra la enfermedad.

Supo que se dedicaría al arte desde el mismo momento que… Creo que siempre ha estado presente en mí el pensamiento de dedicarme a algo relacionado con el arte. Cuando era muy pequeño, pensaba que sería cantante (alucinaba con los vídeos de Miguel Bosé en la época de Amante bandido), pero ya en el colegio me di cuenta de que la única clase en la que tenía interés real era la de artes plásticas. Fue entonces cuando me marqué la meta de hacer la carrera de Bellas Artes y ser pintor.

En mi familia más directa nadie se dedica a una profesión que esté relacionada con lo artístico, y este tema siempre se ha tratado con indiferencia. En la familia más lejana, la expresión artística está más presente: bailarines, bailaoras, compositores, cantantes, actrices... Casi todos pertenecen a las artes escénicas, y no recuerdo ninguno que se dedique a la plástica. La verdad es que no sé si esto va en los genes o no.

¿Qué es lo más extraño que ha tenido que hacer en el mundo del arte para «sobrevivir»? Por el momento, el arte no es mi principal fuente de ingresos. Esta profesión es una carrera de fondo y siempre he tenido claro ciertas líneas que no se han de traspasar. Pero, aún así, me he visto comprometido en ocasiones, como cuando, por amistad, accedí a exponer en una sala que no me gustaba en absoluto y, después de cerrar la participación, me pidieron dinero por exponer. Nunca expuse en ese sitio, está claro.

Su «yo virtual».Mi proyección virtual es fundamental para mí mismo y para mi trabajo. Como comentaba antes, hace relativamente poco tiempo que terminé la universidad, y ésta, por desgracia, es muy endogámica. Vive muy alejada de lo que es el mundo del arte real. Cuando acabé de estudiar, me di cuenta de que tenía que ponerme al día: no conocía a nadie del mundo del arte. Y fue gracias a las redes sociales que me puse en contacto con muchos artistas y pude descubrir quiénes eran y en qué estaban trabajando. Me enteraba de sus exposiciones e intenté asistir a todas las que podía. Pronto llegó la gran pregunta: ¿Tú quién eres y qué haces? Entonces fue cuando empecé a enseñar mi trabajo y a surgir las primeras exposiciones.

Cree un grupo en Facebook, «Nos vamos de expos por Madrid», que en principio era una pequeña agenda de exposiciones de la capital para mí y mis compañeros de carrera, y a la que poco a poco se fueron añadiendo más artistas, comisarios y galerías. Allí se publican todos los eventos próximos y las expos de los miembros del grupo. Además, tiene bastantes seguidores. Hoy, por ejemplo, tengo que revisar unas 300 solicitudes para ingresar en él.

Tengo perfiles en casi todas las redes, pero las utilizo de forma diferente. Facebook lo empleo para promoción y para estar pendiente de los amigos. Instagram, Pinterest y Tumblr son sobre todo colecciones de imágenes que me gustan y que guardo, ya sean por mi faceta de artista como por la de diseñador o fotógrafo. A Twitter, lo siento: no le pillo el rollo.

Dónde está cuando no hace arte. En este momento, redacto la agenda cultural para CuradorMAG. Recopilo toda la información sobre las galerías y sus próximas inauguraciones, al igual que lo realizaba paraDOZE Magazine, Por otro lado, doy clases de iniciación a la fotografía y participo en distintos foros sobre cuestiones de género, junto a otros de diseño.

Qué se trae ahora mismo entre manos. Es complicado concretar algo. Siempre estoy dando vueltas sobre distintos temas, como la construcción de identidad masculina, el género, la fisicidad, el yo y el otro, simetrías, estéticas, pertenecías al grupo, violencia adolescente, camaradería, hermandad, belleza… Estoy recopilando imágenes con cuerpos en las mismas posturas, imágenes robadas a otros en la playa, momentos dentro del hogar, dormidos, estéticas deportivas y militares... Estoy en proceso de un estudio que quizás se formalice o no.

Le gustará si conoce a... No sabría por dónde empezar a hablar de referentes, pero estos son, sobre todo, fotógrafos y pintores. Me encanta la pintura victoriana y la academicista francesa. Creo que la técnica es insuperable; los pinceles de Sargent y Leyendecker; la luz de Philip-Lorca Dicorcia; temas como los que tratan Salgado, Germán Gomez, Jack Balas, Muntean Rosenblum o Morrisroe; el documental Paris in Burning y el siempre omnipresente Warhol.

De mis compañeros de generación, también destacaría a muchísimos. Cada uno, en su estilo y en sus formas. Para empezar, vuelvo a mencionar a Germán Gómez junto a David Trullo, cuyos trabajos me encantan. Además, he tenido la suerte de exponer junto a ellos. Pero sobre todo los traigo a colación por ser unas personas generosas y porque siempre me han apoyado. Pero para mí, a los que no les tienes que perder nunca la pista serían: Sito Mújica, Juanma Carrillo, Juan Gómez Alemán, Eloy Morales, Javier Moreno, Federico Sposato, Juan Carlos Martínez, David Catá, José Luis Serzo, Javi al Cuadrado, Berto Martínez, Javier Velázquez Cabrero, Miguel Marina, Rafael Munárriz, Víctor Santamarina, Juan Francisco Casas y Rubenimichi.

¿Cuál es su obra favorita hasta el momento? Un autorretrato que no conservo de cuerpo entero y que presenté al Premio BMW titulado Obra no seleccionada. También, el retrato que le hice al artista Juan Gómez Alemán, que se realizó imitando la pose del caballero con la mano en el pecho, y que es uno de los pocos desnudos que he realizado, pese a que casi todo el mundo me lo pide. Guardo uno con gran cariño en casa, que no presto, ni vendería nunca, y que es el retrato de un gran amigo de la infancia que por desgracia murió hace un par de años.

¿Por qué tenemos que confiar en él? En realidad, no tendríais por qué hacerlo. Una cualidad que mi hermana dice que admira de mí es la constancia: cuando me marco un objetivo, da igual los años que pasen, que al final termino llegando a meta. Si me tengo que vender, diría que soy un retratista de los de antes, pero mis intereses están enfocados en cómo se muestran los demás y en sus vías de comunicación.