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Marbella se viste de arte contemporáneo

Tras una jornada previa para los VIP, hoy abre sus puertas Art-Marbella, la feria llamada a convertir al arte contemporáneo de calidad a la «jet set» de la Costa del Sol. Las vibraciones son buenas

Útimos retoques en el estand de Fernando Pradilla antes de la llegada de los VIPs
Útimos retoques en el estand de Fernando Pradilla antes de la llegada de los VIPs - l. revuelta

Marbella ya tiene una feria de arte como mandan los cánones. Ha habido intentos varios, pero ninguno cuajó. Sin duda, no lo merecían. Bajo la dirección de Alejandro Zaia, la primera edición de Art-Marbella –que abrió sus puertas ayer y que permanecerá abierta hasta el domingo, 2 de agosto– va por el buen camino de cambiar las tornas. Dar la vuelta a la tortilla. La tarde previa a la inauguración oficial, en el Palacio de Congresos Ferias y Exposiciones de la ciudad, Art-Marbella era un hervidero de gente, pero no de una gente cualquiera, sino de gente de Marbella. Nada de ordinary people. Nada de nada. Todo lo contrario.

Basel-Miami empezó igual

Como apuntan los galeristas de Espacio Mínimo, José Martínez Calvo y Luis Valverde, «esto se parece a Miami». Traducido al común de los mortales: díme cómo vistes y cómo estás de operado y te diré cuánto vales. Ellos son capaces de distinguir un Valentino de haute couture (alta costura) allá en lontananza entre pieles ya tostadas por el sol. Quién sabe si un futuro cliente. Una frivolidad, también, pero la feria de Miami, Artbasel, nació en la ciudad del escaparate por antonomasia en la costa este norteamericana, la urbe de la cirugía estética en las caras estiradas hasta casi romper la piel y de poco o nada de interés por lo artístico contemporáneo. Y ahí la tienen: dueña y señora de este mercado millonario en los albores del mes de diciembre.

Ahora estamos en los prolegómenos de agosto y, para abrir el apetito, también me comentan José Martínez y Luis Valverde que han vendido la pieza más cara del estand, un trabajo de Liliana Porter (Trabajo forzado en el mar). Resulta obvio que se dan por satisfechos. Excelente señal, y no de humo. El resto de su espacio lo integran obras de calidad más que recomendable para gastarse el dinero en ellas: Annete Berning, Erwin Olaf, Manu Muniategui y de Juan Luis Moraza. Otro galerista madrileño que ha sido tentado para echar la caña en este mar lleno de peces gordos es Alberto de Juan, de Max Estrella. Él, que conoce estos lares y sus habitantes de brillante epidermis, se muestra sorprendido con la respuesta. Por lo menos en cuanto a asistencia. Asegura que «aquí están muy poco acostumbrados a ver arte contemporáneo del bueno, y si empiezan a cambiar el horizonte…». Su espacio, un ejemplo perfecto para escenificarlo con obras de Amondarain, Adrián Esparza, Markus Linnenbrink y un piezón de Rafael Lozano-Hemmer.

Tocar para creer

El colombiano Miler Lagos, con una escultura hecha con papeles recortados en una especie de ejercicio tridimensional, llama la atención de las señoras de buen ver que hasta allí se acercan para tocar. Por otro lado, destaca el montaje de la feria y el lugar que la acoge. Bastante bueno. Se pregunta si las fechas, entre meses (julio y agosto), es la mejor. Alberto está acompañado por su hermano el artista, Javier de Juan, que, copa en mano, como la mayoría de los visitantes (¡esto es una fiesta!), muestra también su asombro por los excelentes trabajos que están exhibiendo algunas de las galerías que se han decidido a probar suerte en Art-Marbella.

No cabe duda de que la bilbaína Carreras Múgica supone uno de los llamativos reclamos para atraer colegas y potenciales compradores. Este año han recibido el Premio de la Fundación Arte y Mecenazgo como los mejores galeristas por su nuevo espacio en la ciudad vasca, muy cerquita del Museo Guggenheim. Hasta aquí se ha traslado, nada más y nada menos, que con una escultura de Richard Serra. El rincón dedicado a Chillida es excelente, y los dibujos de Calder, una delicia. Obviamente, mucho más asequibles que sus móviles. Muy cerquita, porque esta feria es pequeña (no llega a las cuarenta galería), se encuentra Fernando Pradilla que se ha traído una mini exposición de Fernando Botero. Yo no me declaro «boterista» ni entrada en copas, pero no voy a negar que hace furor entre los posibles compradores que por aquí se pasean. En una feria de lo que se trata es de vender, y una venta lleva a otra y a la otra y a la otra… De lo regular a lo mejor.

De Lisboa ha venido Filomena Soares, otra buen certificado calidad, con Shirin Neshat y Peter Zimmerman. La galería Pelaires deslumbra con su Roland Fischer de la serie de La Alhambra, delante del cual más de una se hace retratar como odalisca. Espacios mucho más jóvenes y arriesgados, como la Twin Gallery de Madrid ponen el punto hipster entre las «gunillas» de turno y mayoritarias. Barbas bien rasuradas y las obras de Rosalía Banet, Carlos Nicanor y Manuel Franquelo. Yusto Giner, galería sita en la misma Marbella, pone su listón alto con Dionisio González, Miguel Laíno o Rosa Loy.

Sombras del pasado

Buenas vibraciones pero no todo es perfecto. Tampoco lo es Miami. No se lleven a engaño. Ni ninguna feria de las muchas que escancias sus propuestas. Como estamos en Marbella, tiene que haber un hueco para Gunilla Von Bismarck, que se hizo ver por allí, como una sombra del pasado que se mantiene tan pimpante. El artista de la familia Hohenlohe, Hubertus, tiene su hueco y su obra expuesta: una rebufo de pop resultón. Jordi Mollá, que no sé si sigue siendo actor, pinta y expone aquí a sus amagos. Él sigue siendo guapo con sus ojos claros. Sus cuadros pueden tener tanto tirón como él.

En resumen, doy la bienvenida a Art-Marbella que pasa su primera prueba con nota. Ojalá el año que viene nos volvamos a ver por aquí. Esta ciudad y el mercado del arte contemporáneo pueden hacer buenas migas.

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