libros

La autoedición: vender más que Stephen King

La cifra asusta. Según una encuesta de Kindle, a un 67 por ciento de los españoles les gustaría escribir un libro. Los más atrevidos se han puesto manos a la obra e, incluso, se han autopublicado sus obras. La autoedición, un fenómeno en alza

La autoedición: vender más que Stephen King

La señora E. L. James no colgó al señor Grey y sus Cincuenta sombras de un pino. No, lo colgó de una plataforma (Amazon) y esperó a que la siembra en el espacio exterior de internet diera sus frutos. No fue inmediato aquello de triunfar en el mundo de la venta y la literatura virtual y de ahí el salto al papel, a la edición clásica, con su famosa trilogía, que ha superado todas las marcas de Londres a Coronel Pringles, el extraño nombre de un pueblo argentino donde nació César Aira, escritor en las antípodas del fenómeno «paranormal» que relatamos. Si la señora E. L. James hubiera colgado al señor Grey de un pino, propio de cualquier escritor con dos dedos de frente y de exigencia (Aira, por ejemplo), habría matado la gallina de los huevos de oro. La señora E. L. James era un ama de casa a la que le dio por escribir historias eróticas mientras batía huevos.

Su caso, más que conocido, no es el único. La punta del iceberg, como se dice en esta literatura de verbo fácil y bastante tópico, un fenómeno que en España se contabiliza de la siguiente manera. Koro Castellano, directora de Kindle en español, apunta que «una encuesta que realizamos durante el mes del libro entre más de cinco mil personas, nos confirmó que un sesenta y siete por ciento de españoles responden que algún día les gustaría escribir un libro. Más de la mitad. Te da un poco la perspectiva de hasta qué punto tienen esta idea en la cabeza. Materializar la novela ya resulta más complicado. Si proseguimos en la encuesta, casi un cincuenta y siete por ciento dice que escribiría una novela. Un veinte por ciento, una autobiografía, explicar un poco su vida en un libro. Y, cuando les preguntábamos si han empezado alguna vez a escribir un libro, un cincuenta y cuatro por ciento de españoles dice que sí. Es interesante».

Tan interesante como espeluznante, apunto yo, porque ¿puede haber tanta gente con algo interesante (valga la triple repetición de esta palabra) que contar? Con ganas de hablar, muchos. Demasiados. Basta acercarte a la máquina de café en el trabajo. Tres minutos de reloj en subir una escalera y echar las moneditas se pueden convertir en una eternidad parloteada. La fama de los taxistas cuentacuentos se ha extendido al grueso de la población, y de ahí a escribir un libro: coser y cantar o batir unos huevos. Se trata de un buen método psicoanalítico también. Lo curioso es que no sólo aumentan los datos de libros autopublicados (de los 25 libros aparecidos en Kindle, 12 se corresponden con el fenómeno aquí referido): a los psiquiatras, en estos tiempos críticos, les va fenomenal. Me lo ha contado uno.

Redes sociales

Bromas aparte, la mayoría de las personas que deciden lanzarse desde la plataforma de la autopublicación al vacío del ¿quién hay ahí?, ¿quién me va a leer?, ¿quién va a escuchar mis cuitas?, proceden de los ambientes y profesiones más cotidianos. Su compañero de pupitre puede ser uno de ellos o estar a punto. «Fernando Trujillo trabajaba como informático en Madrid –relata Castellano–. Dejó los ordenadores y ahora vive de esto. Reside en Alicante. Tenía dos niñas pequeñas y por la noche, después de acostarlas, se ponía a escribir La saga de los longevos. Todas las noches durante dos años. La autopublicó y luego le fichó una editorial. O Manel Loureiro, un abogado de Pontevedra que tenía un blog sobre apocalipsis zombi y los fans estaban tan emocionados que le pidieron que lo convirtiera en libro. Entonces, empezó con una trilogía de zombis y Amazon lo descubrió, lo tradujo al inglés y le lanzó en Estados Unidos, donde ha vendido, según él mismo ha confesado, 200.000 unidades de su trilogía. Incluso hubo un par de semanas en las que en ese ranking estuvo por encima de Stephen King. Por supuesto, Loureiro dejó la abogacía.»

Almudena Navarro, que no estaba batiendo huevos ni arrancando carne a bocados, en plan gore, narra así su experiencia: «Había leído sobre este fenómeno y los autores autopublicados en Estados Unidos y en España. Estudié los pros y los contras. Miente quien diga que todo es maravilloso, pero también quien dice que es solo un camino secundario. Yo nunca había escrito, no sabía realmente si la historia era buena o mediocre. Empecé a idear La alcoba escondida durante un reposo por embarazo de riesgo. Di forma a la novela en el hospital. Por circunstacias personales yo ya era feliz con colgar mi novela y esperar a que unos pocos lectores dieran su opinión. No esperaba tener miles por todo el mundo. Para mí, todo han sido sorpresas y ventajas, pero no es tan sencillo como parece. Se autopublican muchas novelas y la tuya corre el peligro de perderse en la jungla».

Twitter es un hervidero de información al respecto. Uno detrás de otro llegan los tuits de autores que hasta la fecha ni conocías pero que anuncian sus historias recién salidas del horno de su cocina y puestas al servicio de todo lector que se cruce en su camino de amateur o, como los define Koro Castellano, «ilustres desconocidos». «Soy una persona muy activa en redes sociales –comenta Mario Escobar, autor de, entre otros libros, El país de las lágrimas–. Me gusta contactar con los lectores y otros escritores. La relación con el público es mucho más directa, pero, sobre todo, tiene un carácter global. Me escriben todos los días autores de América Latina, EE.UU. o diferentes países de Europa. Aunque lo más gratificante que me han dicho varios lectores es que se han convertido en escritores tras leer mis libros.»

El poder del español

Almudena Navarro va más allá: «El autor que autopublica debe saber que tiene que trabajar mucho para que su libro no muera en la jungla: lectores, cero; varias correcciones, maquetación, portada profesional, la influencia del precio; pero también debe hacer promoción y marketing en las redes. Además, hay factores difíciles de prever: los gustos de los lectores, el resto de los libros que se hayan publicado a la vez y esa «chispa» que hace que el tuyo se recomiende de boca en boca (o de muro en muro). También es gratificante contar con la opinión de blogueros experimentados, porque con sus críticas puedes mejorar y aprender. Gracias a ellos, he modificado y ampliado mis dos novelas. Son, por tanto, una parte importante de ese equipo. Además, es emocionante recibir mails y mensajes de tus lectores a diario».

Cerca de un sesenta por ciento de españoles quisieran escribir un libro. Lo dicen las encuestas antes referidas. Son cifras elevadas que no dejan de sorprenderme, pero está claro que ninguno de los autores con los que he hablado se lo toma como un asunto frívolo. Sacan tiempo de donde no lo hay y marcan sus rutinas como el más profesional de los profesionales. Por la mañana, por la tarde, por la noche o entre horas, se aplican aquella máxima –dicen que de Picasso– de que la inspiración te tiene que pillar trabajando. Las razones de que «sacrifiquen» tanto esfuerzo las explica Koro Castellano: «Hay autores a los que simplemente les importa llegar al mayor número de lectores. Otros buscan ganar dinero, y otros quieren que les fiche una editoria al uso».

Aunque suene arcádico, planteamiento de ONG, Mario Escobar lo resume en: «Yo escribo para hacer feliz a la gente, para que encuentren consuelo en la habitación de un hospital, relajados junto a la piscina o en la playa. Escribo para hacer que se sientan un poco más cerca de nosotros los miles de españoles que han tenido que emigrar y descargan mis libros por ahí fuera». Más allá de lo idílico de la declaración, Escobar ha dado con una de las claves de este mercado editorial online: el idioma. En este caso, el castellano y su creciente fuerza internacional. El potencial de lectores se multiplica por millones.

«Hay dos razones que valoran muy positivamente los autores que se autopublican –explica Castellano–. La primera es que tú tienes el control de toda la obra. Eres el editor, tienes el manuscrito, tus correcciones, eliges tu portada, subes tu libro, seleccionas los países donde quieres venderlo y, en cualquier momento, puedes cambiar la trama. Puedes matar al protagonista porque te lo han pedido los lectores con sus comentarios o modificar la ambientación, algunos capítulos, la portada. Y la segunda razón que valoran es poder llegar a los millones de lectores que hablan español, de EE.UU. a Latinoamérica. Curiosamente, Israel sale entre los países que compran más obras en español.»

Recién peinados

La autora Almudena Navarro, experta en estas lides, parece que encaja las reglas de este «follón» en el que se ha metido con unas altas dosis de realismo y los pies en la tierra. No ve todo tan de color de rosa. «Una de las grandes desventajas de la autoedición reside en que te expones mucho –apunta–, te desnudas completamente y estás accesible al cien por cien. No estás protegido por un editor y una editorial. El autor es responsable de todo, de todos los fallos. Por eso digo que para autopublicarse hay que ser valiente, porque te tiras al vacío sin sujeción. Cualquier libro que cogemos en una librería lleva detrás un arduo proceso de edición y de corrección por terceras personas. Es como un posado profesional, con maquillaje, ropa elegida por un estilista… Mientras que un libro autoeditado va con la cara lavada, con un poco de crema hidratante.»

Lavados, recién peinados y recién «colgados» en las redes. Así es como las editoriales de toda la vida (las que te lo hacen todo, ponen toda su maquinaria al servicio de...) localizan y fichan a algunos de sus autores. El producto está testado por el público. «Para una editorial clásica arriesgar por alguien nuevo resulta complicado, pero si alguien nuevo ya ha demostrado que sabe escribir y vender libros, ese riesgo, evidentemente, se reduce», señala la directora de Kindle. Por tanto, no parece que hablemos de mundos cerrados ni que resulten excluyentes. Incluso, como en una película futurista, nacen lo que ella misma denomina autores híbridos. A lo Blade Runner. «Aquellos que están experimentando. Que van de lo digital al papel, otros que pasan al papel y luego regresan a lo digital. Se quedan con los derechos digitales y los explotan ellos mismos. Rosa Montero y Matilde Asensi, por ejemplo, recuperaron los derechos digitales de algunas de sus novelas descatalogadas y les han dado una segunda vida al ponerlas a disposición de los lectores que están interesados.»

Condenados a entenderse los dos espacios editoriales que ahora se miran desde el mundo real y el virtual. Cualquiera puede «jugar» a ser escritor y en cualquier momento ser pescado por uno de los grandes. Libre competencia, que se dice. La calidad o la inmortalidad ya es harina de otro costal. Por si alguien se siente tentado después de leer estas líneas, opte por la ficción histórica, la novela romántica o todo lo que tenga que ver con el misterio o el thriller. Es lo que más tira.

Toda la actualidad en portada

comentarios