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«NO», el grito peludo de Verónica Ruth Frías por la visibilidad de la mujer

Las redes sociales se han confabulado de nuevo para dar pie a un proyecto coral, el titulado «NO», con el que Verónica Ruth Frías denuncia el papel de la mujer en la sociedad actual

Imagen del proyecto «NO», confeccionada con las aportaciones desde la red de diferentes mujeres - v. r. f.
Imagen del proyecto «NO», confeccionada con las aportaciones de diferentes mujeres - v. r. f.
Imagen del proyecto «NO», confeccionada con las aportaciones de diferentes mujeres - v. r. f.
Imagen del proyecto «NO», confeccionada con las aportaciones de diferentes mujeres - v. r. f.
Imagen del proyecto «NO», confeccionada con las aportaciones de diferentes mujeres - v. r. f.
Imagen del proyecto «NO», confeccionada con las aportaciones de diferentes mujeres - v. r. f.
Imagen del proyecto «NO», confeccionada con las aportaciones de diferentes mujeres - v. r. f.
«Pantallazo» del Facebook de V. R. Frías, desde el que convocó a las participantes de su proyecto - v. r. f.

Cuando Ana Mendieta caía desde la ventana, lo único que se escuchó fue un «NO». No se sabe si era un «NO me mates» o un «NO tengo más ganas de luchar». Lo único claro en esta misteriosa historia es que mientras caía se le escuchó decir esa negación. A veces yo también tengo ganas de saltar por una ventana o que me empujen y caerme. Las mujeres siempre han estado en una situación de inferioridad en esta sociedad, y las cosa NO han cambiado mucho a mis ojos. Desde la muerte de Mendieta, en 1985, seguimos siendo un porcentaje ínfimo las que participamos en cualquier bienal o feria de arte, somos tres gatas mal contadas las que maullamos con garras y dientes afilados, aunque detrás de esas tres gatas haya tres millones más.

Es triste

Es triste. Cuando voy a una exposición o cae en mis manos un catálogo, instintivamente hago recuento de cuántas mujeres y cuántos hombres hay. Si llevase un diario, con sus porcentajes exhaustivos, estaría lleno de lágrimas en cada página, más que un diario sería un naufragio, NO hay que querer ver el vaso medio lleno: el nuestro está vacío. Por otro lado, cuando una mujer despunta en el mundo del arte, como, por ejemplo, la grande por excelencia, la señorita Abramovic –Si fuera española la llamaríamos «la folclórica»– NO tiene otra cosa que afirmar que ella NO es feminista, algo que nada tiene que ver con dejarse los pelos de las axilas, sino con la igualdad entre hombres y mujeres. Y mientras se tatúa una estrella de cinco puntas en el vientre, señala que una artista que tiene hijos NO puede ser una buena artista.

Esta afirmación tuvo lugar coincidiendo con su exposición en el CACMálaga. Para mí fue como una patada en mis partes más íntimas. Tanto me indignó que me vi en la obligación de contestarle utilizando las armas de artista –porque lo sigo siendo, aunque sea mujer y tenga dos maravillosas hijas–: El Método de Marina Abramovic no funciona cuando tienes hijos, un proyecto en el que trabajo con mi hija Myna generando una parodia irónica y reflexiva del vídeo de Abramovic con Lady Gaga. NO es menos cierto que mientras yo invierto tiempo en limpiar la mierda de mis hijas, ella se acomoda en una pulcra sala de un cirujano plástico de Nueva York para que le inyecten Blu tack –que es lo que utilizamos los artistas para pegar nuestras obras a la pared cuando NO tenemos dinero para marcos– y seguir manteniendo esa apariencia de diva impecable. A mí, ahora, me huele mejor lo mío que lo suyo y seguro que, como dice mi madre, me duele a mí más que a ti.

«Si te quise fue por tu pelo»

Aunque nos empeñemos en cambiar las cosas y parezca que avanzamos poco a poco, ese NO de Ana sigue estando presente. Hace nada me llamaron para participar en una exposición colectiva debido a que su comisario, después de disfrutar de la última retrospectiva de las Guerrilla Girls en Matadero, se dio cuenta de que en su programación había muchos más hombres que mujeres, y quiso contribuir con una reflexión: nos propuso a cuatro artistas mujeres participar como infiltradas, con total secretismo, en la nueva exposición que iba a inaugurar en el espacio que dirige y en la que el plantel inicial eran cuatro hombres.

Mis compañeras y yo estuvimos trabajando cada cual en su pieza. En mi caso, opté por una técnica artesanal asociada a la mujer, y realicé una frase bordada con hilo negro sobre una colcha blanca en la que se podía leer: «Mira que si te quise fue por tu pelo, ahora que estas pelona ya no te quiero», mítica frase de Frida Kahlo, que siempre ha resonado en mi cabeza, y que algún día me tatuaré sin dudarlo. Una obra en la que la artista aparece vestida con traje de hombre, con el pelo corto y las tijeras en la mano: una masculinización en toda regla. La potente frase resume gran parte de mis reflexiones sobre el papel de la mujer en la sociedad, en general, y en el arte, en particular, porque NO estamos presentes ni parece que se nos espere. Una vez inaugurada la exposición y descubiertas las infiltradas hasta en la hoja de sala, cuando tocó hacer la crítica de la misma, cuál fue mi sorpresa al advertir que NO se nos había tenido en cuenta por parte del crítico, aún siendo parte indisoluble de la propuesta. La reflexión sobre la situación de la mujer en el arte por parte del comisario dejaba en evidencia su palmaria realidad: NO fuimos infiltradas, fuimos invisibles y esta es una de las miles de púas que tengo clavadas… Hoy parezco más un cáctus que una persona.

Un par de piernas en condiciones

Cuando me ofrecieron la oportunidad de hacer este Proyecto ABC Cultural, en mi cabeza rondaba continuar y concluir A 153 cm sobre la tierra. Pero para hacer este proyecto sólo tenía un inconveniente: que mi menisco lleva fastidiado desde hace ya un mes. Así que, por un instante, me encontré sin saber qué hacer. Entonces pensé en un par de proyectos inconclusos que podía retomar, pero necesitaba un par de piernas en condiciones para hacerlos, ya que suelo ser la cara, el cuerpo y las manos de mis trabajos. Una tarde, para que pudiese hacer reposo, mi querido esposo –un feminista encantador que, ante la ilusión que me hacía que nuestras niñas llevasen primero mi apellido, decidió darme ese gustazo–, se las llevó al parque y, aunque prometí que NO me movería del sofá, subí las escaleras, busqué en mi caja de pelucas y me coloqué la rubia con la que siempre aparezco en mis proyectos.

Como me rondaba la idea de sacar adelante una obra sobre si Dios fuese mujer, me puse diferentes barbas postizas y, con el móvil, me hice algunas fotos. Es curioso, pero, cuando uno se coloca una peluca, es como una especie de meditación: imagino que, al NO transpirar bien el cuero cabelludo, las ideas se empiezan a agolpar. Conforme miraba las fotos, se me vino a la cabeza la imagen de Mendieta con la perilla realizada con recortes del pelo de su marido. Sí. Su marido. Aquel que sigue guardando el misterio del NO y que acaba de inaugurar exposición en el Museo Reina Sofía.

Cuanto más profundizaba en la vida de Mendieta, más me apetecía hacer un proyecto que naciese de ella, un homenaje quizás, y decidí subir mi foto barbuda al Facebook, red social sin la cual este proyecto NO habría sido posible, y, en un instante, ya lo tenía, lo vi claro: necesitaba que mujeres artistas se hicieran una foto con barbao bigote y me la enviasen; voces individuales que gritan por un mismo fin. En ese mismo momento me pregunté: ¿Por qué sólo artistas? NO sólo en el campo de la creación estamos ausentes y poco valoradas, sino en toda la sociedad en general. Así que escribí un mensaje genérico en el que pedía la colaboración en este nuevo proyecto que se estaba fraguando. Han sido exactamente 133 las mujeres que finalmente se han sumado a mi proyecto; un grito peludo en toda regla de mujeres barbudas y/o bigotudas que me han hecho extremadamente feliz. Luego dirán que nosotras NO nos apoyamos las unas a las otras, y seguirán mintiendo. Durante la semana de duración de la convocatoria, me di cuenta de que este proyecto titulado «NO» sería colectivo, vivo y abierto. Algunas de las imágenes eran increíbles. El conjunto de todas habla por sí solo: un grito contundente y directo de las mujeres frente a la omnipotencia y omnipresencia masculina en la sociedad.

«Hay que masculinizarse»

Las he dividido en cuatro bloques: Mujeres que miran al frente; Mujeres que miran al cielo o con esperanza a algún sitio; Mujeres como diosas, aquellas imágenes que nos transportan a otro espacio-tiempo en el que otra realidad divina es posible; y Mujeres incatalogables, donde están todas aquellas instantáneas que no he conseguido unir a ninguno de los apartados anteriores. El proyecto aquí presentado plantea la tesis de que, para sobrevivir como mujer en esta sociedad, hay que masculinizarse, pero esto NO es sino un postizo, un artificio añadido que nos otorga un estatus dentro del mundo fálico. Pero no es real: nosotras NO somos así; nosotras somos mujeres y como mujeres queremos y debemos vivir y morir. Ya NO seremos más aquella Eva que nació de la costilla de aquel varón. Ahora partiríamos esas costillas porque la igualdad, lejos de lo que dicen y prometen, esta lejos de ser una realidad patente.

NO somos iguales, ni queremos serlo y tampoco deseamos que ningún género sea más que el otro; sólo un trato igualitario con respecto a las diferencias y sin este sentimiento de inferioridad que nos acecha a todas. El vaso NO está lleno y es labor de todas y todos llenarlo, y aunque el mío rebose de felicidad después del apoyo brutal que me han brindado todas las mujeres que han participado en este proyecto barbudo, pero también por todas aquellas que participarán: mujeres, hermanas, amigas, madres, hijas, desconocidas o amantes, habéis puesto vuestro grano de arena para la gran montaña que se prepara, un punto y seguido en una narración asfixiante en la que nadie tenía tiempo de respirar.

Gracias sinceras a todas.

PD: Si alguien intenta empujarme por una ventana, está claro que SÍ seguiría luchando.

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