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Elena Medel: «¿Poeta o poetisa? Llámeme poeta, por favor»

Elena Medel no se agota en la poesía, género en el que lo más raro que le ha ocurrido es que la traduzcan al «swahili». Como ensayista publica ahora «El mundo mago», su visión de Machado

Elena Medel, autora de «El mundo mago. Una vida con Antonio Machado» (Ariel)
Elena Medel, autora de «El mundo mago. Una vida con Antonio Machado» (Ariel) - roldán serrano

Dice que en su infancia robaba horas al sueño, con una linterna bajo la manta, para leer cuando tocaba dormir. «Sigo en las mismas», asegura. Por eso no se deshace de las ojeras. Tampoco de las marcas del bolígrafo en la mano cuando subraya. «Viajo con el ordenador y dos o tres libros más de los que necesito», dice también. Lo que no menciona Elena Medel (Córdoba, 1985), quizá por pudor, son los premios que ha conseguido, a pesar de su precocidad: el Andalucía Joven por Mi primer bikini (2001), el Loewe en la categoría de Creación Joven por Chatterton (2014). Versos que, junto a los de Vacaciones, Tara y Un soplo en el corazón, caben, todos, en Un día negro en una casa de mentira (Visor, 2015), el último título de Elena Medel... o casi, pues detrás viene empujando El mundo mago. Una vida con Antonio Machado (Ariel), autor al que descubrió en un viejo ejemplar que había en la casa de su infancia –el único libro de poesía, de hecho–, anotado y subrayado por la adolescente que, andando el tiempo, se convertiría en su madre.

Entre la publicación de «Mi primer bikini» y «Tara» pasaron cinco años, y ocho entre «Tara» y «Chatterton». ¿Es usted lenta o es que no tiene prisa?

Una mezcla de ambas. Escribo con parsimonia: surge una idea o una música o una imagen, las anoto, y tiempo después otras, y reflexiono, y las conecto, o no. El poema crece con el tiempo; muchos de los textos de Chatterton se forjaron durante años, cambiando de rumbo y sensaciones. Me gustan los libros que trascienden la mera colección de poemas y forman un todo: cuando intuyo qué quiero decir o cómo, investigo qué han escrito otros antes, busco modelos... Lleva su tiempo.

Por cierto, antes de continuar: cómo tengo que llamarla, ¿poeta o poetisa?

Llámeme poeta, por favor.

Dicen que en sus versos no existe el humor. ¿Qué responde?

Que sí, pero no de la forma en que late en los poemas de María Eloy-García o Manuel Vilas. En Chatterton cumplen esa función el pastiche, la desfiguración, los estereotipos, la ironía... Existe, sí, para reírme de mí misma.

Sus poemas han sido traducidos a más diez idiomas, entre ellos el «swahili». ¿Qué se siente?

Extrañeza. ¿Cómo interpretarán los poemas de una ya no en otro idioma, sino en unas circunstancias tan diferentes?

¿Elena Medel se considera la voz de una generación o va por libre?

Hablar por una misma, y expresar de forma clara y fiel lo que se quiere decir, ya exige suficiente esfuerzo. Me interesan los libros que escapan de esas fronteras: acabo de leer Noches insomnes, de Elizabeth Hardwick, que escribió en otra lengua y en otro tiempo, pero que he sentido más cercana que a muchos coetáneos.

«Un día negro en una casa de mentira» recopila su poesía escrita entre 1998 y 2014. ¿No es aún demasiado joven para eso?

Desde luego. Pero ninguno de mis libros, excepto Chatterton, se encontraba en papel. Desde Visor me ofrecieron reunirlos en un único volumen, y aproveché para reescribir, corregir e incorporar poemas.

¿Le gusta lo que escribe o es crítica con su literatura?

Me cuesta muchísimo dar un texto por acabado. Como he dicho, corrijo, corrijo y corrijo, y aunque se haya publicado lo retomo y lo reescribo. Nada me convence nunca del todo.

Dirige la revista «Eñe» y es editora del sello La Bella Varsovia. ¿No le basta con la escritura?

Disfruto leyendo a los demás: podría vivir sin escribir, pero jamás sin leer. Aunque suene egoísta, editar o reseñar me permite compartir aquello que me ha entusiasmado. Lo que no me basta, me temo, es el tiempo que me queda para seguir leyendo.

¿Por qué eligió ese nombre para su editorial, La Bella Varsovia, y por qué crear un nuevo sello, habiendo tantos?

La Bella Varsovia evoca un refugio para los amantes de la poesía. Hoy existen más sellos dispuestos a apostar, pero hace once años no abundaban las oportunidades para quienes se arriesgaban en su escritura. Cuando me dedico a La Bella Varsovia me siento en casa.

«En la escritura no existe la casualidad», ha declarado usted. ¿Qué quería decir?

Que ninguna decisión vinculada a las palabras es inocente. El género, el punto de vista, los referentes... los soporta, ojalá, un discurso sólido. Por ejemplo: mantener la escritura de uno al margen de la realidad es una decisión política.

También ha dicho que las palabras son un clavo ardiendo. Explíquese.

Escribo mucho por gusto; por una necesidad casi física, aunque termine descartándolo. Ciertos libros me han salvado en los momentos difíciles.

Empezó a publicar a los dieciséis años. ¿Se considera una escritora precoz?

Me temo que sí.

En su nuevo libro, «El mundo mago. Una vida con Antonio Machado», analiza la forma en la que los poemas del autor de «Campos de Castilla» atraviesan nuestras lecturas y nuestra vida. ¿Todo lo que nos ocurre lo escribió antes él?

Desde luego. En estas relecturas me asombró reconocer mensajes que definían lo que me sucede hoy, lo que nos sucede hoy. Sus reflexiones sobre la sociedad española, sobre la importancia de la educación y sobre la igualdad se mantienen vigentes. Al margen de esto, existe un Machado sorprendente por su lejanía al tópico: casi experimental, vanguardista a su manera. Juega con la identidad y con la forma, no se toma en serio...

Convénzame: ¿por qué leer hoy a Antonio Machado?

Por su clarividencia, por esa lucha por la palabra clara y exacta, y por poemas como «Consejos», los proverbios o el «Juan de Mairena». Machado es un taller de vida y de escritura.

¿Y por qué leer a Antonio Machado y no a su hermano Manuel, por ejemplo?

¿Y por qué no a ambos? ¿No resulta atractivo ese programa doble, saltando del ras de suelo de Antonio al cielo de Manuel?

¿Y a usted? Deme unas cuantas razones para leer la poesía de Elena Medel.

A riesgo de quedarme sin editor, descubra o relea a María Elvira Lacaci o a Paloma Palao. Mucho mejor...

¿Para cuándo una novela suya?

No lo sé. Igual sí, igual no. Siempre escribí narrativa, incluso antes que poesía. He abandonado varias novelas después de años de escritura y nunca termino de cerrar un libro de cuentos. Hace tiempo que trabajo en una historia que parece que sí, aunque igual termina siendo que no... En todo caso, no me parece que la poesía sea poca cosa; todo lo contrario.

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