Detalle de uno de los cuadros de la pintora Charlotte Salomon, a quien David Foenkinos dedica su último libro
Detalle de uno de los cuadros de la pintora Charlotte Salomon, a quien David Foenkinos dedica su último libro
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David Foenkinos: «Fui a todas partes menos a los campos de concentración»

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«Una pintora alemana asesinada a los veintiséis años, estando embarazada.» En diez palabras resume David Foenkinos (París, 1974) la biografía de la protagonista de Charlotte (Alfaguara). Desde que aprende a leer su nombre en una tumba hasta su final en una cámara de gas, el autor de La delicadeza sigue el rastro a Charlotte Salomon en su huida. Lo hace con una novela escrita, casi, en verso; o, más bien, a ráfagas. Frases muy cortas, veloces, que condensan el pulso de la Historia. «En enero de 1933, el odio llega al poder.» Por ejemplo. O: «En dos horas ponen a punto los engranajes de la Solución Final». Aunque algunas frases no sean suyas, como esta otra de Billy Wilder: «Los pesimistas acabaron en Hollywood y los optimistas en Auschwitz».

Allí, en Auschwitz, murió Charlotte Salomon. Hasta llegar al campo de concentración nazi, la pintora judía vivió rodeada de suicidios familiares: su tía, su madre. Una existencia irrespirable que Foenkinos recrea en una novela contenida, asfixiante, opresiva y otros adjetivos que no se me ocurren ahora. Salvo brutal. No es extraño que Charlotte haya logrado el Premio Renaudot y el Goncourt des Lycéens con esta historia sobrecogedora. Un libro muy próximo a Lennon, la biografía que el autor dedicó al beatle, pero a años luz de distancia de El potencial erótico de mi mujer, En caso de felicidad o Estoy mucho mejor, narraciones, cómo decirlo, blanditas. Charlotte no lo es, en absoluto. Pero dejemos que sea el propio Foenkinos quien nos lo explique.

¿Cómo descubrió la historia de Charlotte Salomon?

La descubrí hace nueve años, en una exposición que hubo en París. No sabía ni quién era, no sabía lo que iba a ver y me causó una impresión increíble. Me fascinaba su trabajo y también me conmovía, porque sus obras son autobiográficas. Y tuvo una vida fascinante.

«He intentado escribir este libro muchísimas veces», reconoce. ¿Por qué no pudo terminarlo hasta ahora?

Puede que fuera algo demasiado emotivo para mí. Charlotte me resultaba tan conmovedora… Y no sabía cómo contar por qué me conmovía tanto. Además, había muy poca documentación. Tuve que investigar para reconstruir su vida; sobre todo los últimos meses y cuando la denunciaron.

¿Charlotte Salomon llegó a convertirse en una obsesión?

Las obsesiones suelen tener connotaciones negativas. En mi caso, no dejaba de pensar en ella, en su fuerza, en cómo consiguió sobrevivir mediante la creación. La mía era como la admiración que siente un enamorado.

¿Por qué ha elegido contar esta historia, casi, en verso?

No puede decirse que lo eligiera. Al cabo de algún tiempo, me resultó obvio. No son versos, sino una novela con respiraciones. Quería aligerar el relato dándole esa forma, suavizarlo. Y también imprimirle una sensación de urgencia, de acoso. Me han dicho que el libro es indisoluble de esa forma. Es una huida, como la vida de Charlotte.

¿Y no será que ha escrito «Charlotte» a pinceladas, como si, en lugar de escribiendo, estuviera usted pintando?

Yo diría que es más bien musical. La música es un elemento importante de la vida de Charlotte. De hecho, su obra, tan moderna, incluye indicaciones musicales. Mi intención es que fuera como un canto.

¿Ha inventado algo o todo es real?

Todo lo que se refiere a su vida es real. A veces me dicen: «Algo habrá tenido que inventarse, es una vida increíble». No; todo es verdad. He novelado los pensamientos, las emociones, lo que yo me imagino que ella debió de sentir.

Angustia, opresión: no sabría decirle qué se siente leyendo «Charlotte». ¿Qué sentía usted mientras escribía esta novela?

Fue doloroso pero también conmovedor ir siguiendo su rastro. Era una forma de acercarme a ella, de revivirla. Para mí, es un personaje fuerte, luchador; una mujer luminosa.

Usted ha visitado –y deja constancia de ello en el libro– los lugares por los que pasó Charlotte. ¿También Auschwitz?

Fui a todas partes menos a los campos de concentración. Creo que allí dejó de ser ella. Le arrebataron su vida. Me impresionó estar en la habitacioncita de hotel donde pasó dos años pintando. Ahora, como el libro ha tenido tanto éxito en Francia, van a poner allí una placa conmemorativa. Es una gran alegría, una forma de que vuelva a existir.

«Los pesimistas acabaron en Hollywood y los optimistas en Auschwitz.» Terribles palabras de Billy Wilder.

Es una frase que lo resume todo. Me fascina esa generación de alemanes de la década de 1930. La que dominaba ampliamente las artes y las ciencias. Algunos enseguida se dieron cuenta de que tenían que escapar; y otros creyeron hasta el final que su país, aquel por el que habían luchado, detendría el avance de la barbarie.

Al hablar de los judíos, usted destaca, sobre todo, su dignidad.

Sí, siempre me han llamado la atención esas fotos donde los deportados aparecen bien vestidos, de pie, intentando seguir siendo humanos en el rebajamiento.

Ha entrevistado a testigos que aún recuerdan a la pintora alemana. Su novela, a ratos, parece una crónica.

Necesitaba encontrar testigos que me ayudaran a llenar los huecos. Pero para mí se trata de una novela de emociones, no tiene nada de periodístico.

¿Cómo es «¿Vida? ¿O teatro?», la autobiografía que escribió Charlotte Salomon?

Un mundo total, moderno e inédito. El resplandor de un genio de la pintura. No olvidemos que en 1938 estudió Bellas Artes en Berlín y ganó el primer premio. Tenía por delante un porvenir inaudito.

Por qué cree que Charlotte Salomon la tituló precisamente así, «¿Vida? ¿O teatro?»

Como la vida le resultaba insoportable, con una desgracia tras otra, decidió transformarla en una obra de teatro para sobrellevarla. Es una simbología magnífica. Y también volvió a crear su pasado para revivirlo. Era una forma de no estar sola.

En «Charlotte» no hay sitio para el humor. ¿Estamos ante un nuevo David Foenkinos?

Se puede ser irónico y serio a la vez. Nadie es una sola persona. Me encanta el humor, lo cual no está reñido con el amor que me inspira Charlotte Salomon. ¿Un nuevo Foenkinos? ¡Pues no lo sé! Puede que mi próximo libro sea frívolo. Lo importante es reflejar lo mejor posible lo que sientes en lo más hondo. Lo que es seguro es que este libro me ha cambiado la vida.

Usted parece coleccionar premios. «Charlotte» ha sido finalista del Goncourt y ha ganado el Renaudot y el Goncourt des Lycéens. ¿Está preparado para el día en que no le den premios?

Que estos dos premios recaigan en la misma novela es un hecho histórico. Y me hace muy feliz que se trate de este libro, porque ha servido para centrar aún más la atención en la vida de Charlotte. Los jóvenes están descubriendo con admiración la vida de esta mujer maravillosa. Ya no necesito ningún otro premio.

Antes de «Charlotte» le dedicó una biografía novelada a John Lennon. ¿Qué debe tener un personaje para atrapar su atención?

Son libros con una intensidad muy distinta. Charlotte me tenía obsesionado. En Lennon lo que me intrigaba eran la infancia, las heridas del personaje, y cómo supo luego construirse a sí mismo. Puede que ese sea el vínculo. Superar las heridas mediante la creación.

Milan Kundera es su ídolo. ¿A quién más lee usted?

Leo muchísimo. Me gustan Philip Roth, la literatura rusa, Romain Gary…, entre otros muchos.

¿Lee literatura española?

Precisamente ahora estoy releyendo Bartleby y compañía, de Enrique Vila-Matas, una auténtica obra maestra.

Su éxito se debe tanto a la literatura como al cine. ¿Se considera un escritor con suerte?

He pasado diez años sin tener ningún éxito. Y de repente, La delicadeza impresionó a muchísima gente. Estas cosas siempre son muy raras. Pero no me he quedado encerrado en un éxito o en un proceso mecánico. Charlotte es un libro diferente a los demás que podría no haber impresionado a los lectores, y se ha convertido en mi mayor triunfo. Me gusta contar historias. Y a veces, también puedo hacerlo para el cine. Seguramente, el año que viene haré otra película

Fue operado del corazón con dieciséis años. ¿Qué cambió en su vida?

Lo cambió todo. Soy un superviviente. Luego aprecias la vida de otra manera, eres más sensible. Después de que me operaran, me dediqué a la lectura, a la escritura y, en ocasiones, incluso al amor.