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Concha Jerez y José Iges en Tabacalera. Huellas y ecos (digitales)

Como pareja artística, Concha Jerez y José Iges se han ocupado de las posibilidades expresivas de los medios de masas. Tabacalera (Madrid) recupera sus hitos en «Media-mutaciones»

«Viaje más reciente» (en la imagen), es la producción más reciente de Iges y Jerez
«Viaje más reciente» (en la imagen), es la producción más reciente de Iges y Jerez - abc

La imparable expansión de la tecnología es el signo que marca y determina todo el proceso de despliegue de la modernidad. Un nuevo giro, o deriva, en ese proceso es el que tiene lugar con la creciente configuración digital de todos los soportes de comunicación y de transmisión cultural a partir de la década de los noventa del siglo ya pasado, hasta ahora mismo, cuando ese horizonte sigue plenamente abierto.

Ese gran cambio –o giro– deja también, naturalmente, su impronta en las artes, con el surgimiento y expansión de lo que se llama arte multimedia, una línea que marca una voluntad de integración de todos los soportes expresivos: lenguaje (verbal y escrito), formas visuales, sonido y acción (performance), en la unidad que la tecnología digital hace posible.

Dos artistas españoles, y de una importantísima proyección internacional como son Concha Jerez (Las Palmas, 1941) y José Iges (Madrid, 1951), que trabajan desde 1989 como unidad –en este caso creativa, y no digital–, recuperan ahora sus propuestas de mayor alcance en esa línea de trabajo multimedia en una magnífica y sugestiva exposición: Media-mutaciones, que se completa y actualiza con nuevos proyectos específicamente concebidos para la ocasión.

Articulada en un conjunto de relatos, que se ramifican en proyectos o series abiertas de instalaciones multimedia, fotomontajes y una instalación sonora, la muestra tiene como intención declarada hacer visible la distancia que el arte establece con los canales de comunicación que configuran nuestra experiencia y nuestras vidas, permitiendo así tomar consciencia de lo habitualmente inadvertido, y, muy en primer plano, de la medida en que esos canales de comunicación, pretendidamente asépticos y transparentes, encierran declives y desviaciones de sentido que hacen posible formas de dominación y de generación inconsciente de consenso social muy potentes e intensamente autoritarias.

Esa intención, moral y política, impregna también el sentido del montaje y la presentación de las propuestas, articulados como un itinerario abierto, destinado a que los públicos recorran hacia fuera y hacia dentro las tramas eclécticas e híbridas de las vidas humanas en este tiempo presente, caracterizado por la dominación global y la consecuente mezcla «de todo en todo» que ese tipo de dominación propicia.

Juego de sombras

La selección de obras en la muestra tiene su inicio cronológico con una amplia instalación: Argot (1991-2015), que aquí se presenta en una nueva síntesis que recoge sus reelaboraciones sucesivas en una nueva versión más intensa y depurada. De verdad, emocionante: las voces y ecos, las partituras y escritos, las imágenes y sombras, que el artista recorre en su búsqueda de la obra.

Y, después, todo un recorrido que va desde una ubicación en los planteamientos transgresores y de acción de Fluxus hasta las propuestas más avanzadas del net art y del arte de acción: Habitación de lectura 1492-1992 (1992-1999); Bazar de utopías rotas (1993-2007); El ojo de Polifemo (1997-1998); Net-Ópera (2000-2002), que se despliega en tres proyectos; Teatro de guiñol (2002); Terre di nessuno, también en tres proyectos, como Persona (2005-2015); los fotomontajes Dentro Afuera (2009); la cartografía sonora Tierras de nadie (2012-2013) y su obra más reciente: Viaje a ninguna parte (2014-2015), una serie de tres acciones para vídeo, realizadas en espacios inaccesibles al público de esa fábrica abandonada de producción comercial de tabacos en la que se presenta la muestra, y en las que Jerez e Iges se sientan y caminan rumbo a ninguna parte.

Hay también una sala documental, en la que se puede consultar información sobre las performances y obras audiovisuales y sonoras realizadas conjuntamente a lo largo de los últimos 25 años. Además, durante el periodo de apertura de la exposición tendrán lugar dos performances, así como visitas guiadas por los artistas, y se ha desarrollado igualmente una guía pedagógica concebida para facilitar a los visitantes distintos niveles de aproximación a las obras.

En definitiva, Concha Jerez y José Iges ponen ante todos nuestros registros perceptivos, ante nuestra sensibilidad y nuestra inteligencia, los surcos que el trabajo, la experiencia y la comunicación imprimen en nuestras vidas. Y trazan la acumulación de voces superpuestas, de sonido y escritura, de imágenes visuales estáticas y en movimiento, con la que el arte desvela las huellas y ecos de esos filtros invisibles de dominación que encierran la democracia en un ámbito básicamente reducido al consumo. O esto o aquello, según lo que la potencia persuasiva de los canales de comunicación determine con mayor o menor intensidad en el juego de sombras de nuestros deseos de poseer y digerir.

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