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Renata Adler, literatura que toma rehenes

Escritura fragmentaria armada con la estrategia de un «disc-jockey», así es «Lancha rápida» de la escritora estadounidense

La autora estadounidense Renata Adler
La autora estadounidense Renata Adler - ABC

«La idea de los rehenes es muy profunda. Quedarse embarazada es tomar un rehén, como lo es dirigir una casa de empeños, ser banquero, recibir una carta, hacer una fotografía o escuchar una confidencia». La literatura de Renata Adler también toma rehenes. Te agarra con imágenes deslumbrantes. «Lancha rápida» no es una novela, al menos no lo es en el sentido de Tolstói, Flaubert o Stendhal, ni falta que hace. No tiene sentido que después del siglo XIX haya quien se empeñe en algo así.

La no novela de Renata Adler ganó el Ernest Hemingway Award. La segunda, «Pitch Dark», se publicó en 1983. Consideradas sus únicas obras de ficción, ambas se volvieron a publicar en 2013 en la colección de clásicos de «The New York Review of Books».

Renata Adler (Milán 1938) forma parte del parnaso guay de las escritoras americanas. Escritoras de coolto, por retorcer el lugar común. Ahí donde están Elizabeth Hardwick (1927-2007), Paula Fox (1923), Joan Didion (1934), Janet Malcolm (1934) o incluso la más ágrafa Fran Lebowitz (1950). Qué error el de Céline tirando de Didion para sus anuncios teniendo a mano a alguien con la pinta de una jefa india. El retrato más famoso de la escritora es el que le hizo Richard Avedon en 1976.

Rebelde con trenza

Adler cree que fue la primera de su serie de freaks. Pero la serie de celebridades como fenómenos y monstruos es anterior. Dorothy Parker y Carson McCullers se ven patéticas en sus retratos (McCullers parece una retrasada abandonada en una institución mental). Sin embargo, Adler resulta imponente.

Educada en Bryn Mawr (como Ana Patricia Botín), Harvard, Yale, Georgetown o la Sorbona, empezó a escribir en «The New Yorker» en 1963, cubriendo los más importantes acontecimientos de la época, de Selma a Vietnam. Fue también la primera mujer crítica de cine en «The New York Times».

Rebelde con trenza, se metió en un par de líos. Uno al criticar de manera cruel una recopilación de críticas cinematográficas de la intocable Pauline Kael. Otro, al publicar «Gone: The Last Days of The New Yorker», donde no dejaba títere con cabeza, incluida la de la propia revista. Se convirtió en una apestada para sus colegas. Hasta que muchos años después, tras un artículo suyo sobre una biografía del dibujante Saul Steinberg, una nueva generación neoyorquina la rescató y reivindicó. Hasta el «New Yorker» le dio la bienvenida al mundo de los vivos.

El vuelo de un colibrí

«Lancha rápida» es la voz de Renata Adler. Una voz brillante, sensible, con una capacidad de percepción fuera de lo común. Se trata de escritura fragmentaria armada con la estrategia de un «disc-jockey». La narradora es Jean Fain, joven periodista con ese tipo de mirada capaz de captar el vuelo de un colibrí.

«Nuestro autor de necrológicas es un cotilla exacerbado y pedante. Entiende mal las cosas, pero las entiende con detalle.» Y sobre una pareja que va en coche: «Entonces, en una especie de éxtasis, empezó a abofetear la cara de su novia. Con la mano abierta le dio en la mejilla izquierda y con el dorso de la mano, en la derecha. Su chica siguió conduciendo, como si los bofetones fueran el limpiaparabrisas o alguna otra característica del jeep».

«Lancha rápida» podría ser un conjunto de aforismos o artículos. Pensemos en agrupar columnas de Leila Guerriero y darles forma de libro. Lo de Renata Adler es así. La diferencia está en que lo escrito por esta sí produce envidia.

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