Tadao Ando envuelve de paisaje la nueva sede del Clark Art Institute
Exterior del nuevo Clark Art Institute, ampliado por Tadao Ando - Tucker bair
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Tadao Ando envuelve de paisaje la nueva sede del Clark Art Institute

El afamado arquitecto japonés Tadao Ando ha sido el responsable de las obras de ampliación del Clark Art Institute, en Estados Unidos. Un proyecto de más de diez años cuyo secreto es la integración del edificio en el espacio natural

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Con un fondo de más de 9.000 piezas artísticas y centro para la investigación y divulgación de la Historia del Arte, el Clark Art Institute (Williamstown, Massachussets), fue fundado en 1955. Sito en un parque natural de más de 56 hectáreas, en 2001 inició un programa de replanificación con un proyecto diseñado por el estudio Cooper, Robertson & Partners, que proponía la renovación y ampliación del edificio principal, la construcción de nuevos inmuebles, la reconfiguración del entorno paisajístico, la instalación de cinco puentes y más de seis kilómetros de tramos peatonales.

El resultado de este trabajo de más de una década ha sido un enriquecimiento de los servicios y capacidades de The Clark, con una vinculación más intensa de los nuevos elementos arquitectónicos al entorno paisajístico en el que se insertan.

Lograr esto era complejo. La decisión debía ser muy precisa. Se optó así por una estrategia basada, por un lado, en el cambio de sentido del acceso al edificio original del museo, con un recorrido que propicie la contemplación del paisaje –un concepto que Ando ya había utilizado en el Lundor Center–; por otro, en el establecimiento de un enclave unificador.

Por amor al arte

Cuatro equipos de arquitectos son los artífices de esta tarea: Tadao Ando ha diseñado una nueva construcción destinada a acoger exposiciones temporales, áreas de ocio y un pabellón para usos polivalentes; ha generado asimismo otro pabellón –enteramente de cristal– que actuará como nuevo acceso principal al museo, cuya remodelación ha sido llevada a cabo por el equipo neoyorquino Selldorf Architects, que también se ha encargado de la renovación de la sede del Manton Research Center, una construcción de 1973 que alberga una de las mayores bibliotecas dedicadas a la Historia del Arte de EE.UU.

No se eligió a Ando por el «efecto Prizker». El japonés ha superado la prueba con notaReed Hilderbrand Landscape Architecture, en estrecha colaboración con Ando, ha rediseñado el entorno ajardinado, así como la enorme piscina que constituye el eje protagonista de la intervención paisajística. El despacho Gensler ha actuado como equipo ejecutivo y ha supervisado los aspectos relativos a sostenibilidad en cada una de las fases del proyecto.

El respeto al paisaje que circunda al edificio y al arte que cobija su interior ha sido la premisa desde la que Ando afirma haber desarrollado su intervención. El edificio de nueva planta se convierte en el eje básico y servirá como entrada principal (la antigua fachada principal, de 1955, obra de Daniel Perry, queda ahora como testimonio): construido en piedra, hormigón y cemento, y con una altura de dos pisos, encara la piscina de tres niveles (diseñada por Ando junto a Reed Hilderbrand), que actúa como aglutinante de integración de los diversos y heterogéneos elementos naturales y arquitectónicos.

Asume Ando que siempre tuvo claro que la presencia del agua sería el elemento unificador del conjunto. Tras el esmero en la estética de la piscina, con igual importancia se ha tendido a crear un complejo sistema hidrológico que contribuye a la reducción de los niveles de consumo de agua en el campus.

Tirar la primera piedra

Un corredor de cristal y granito rojo de Minnesotta (es la primera vez que el japonés emplea piedra en uno de sus edificios, accediendo a la petición de Michael Conforti, director de The Clark), une el edificio de Ando al pabellón de cristal que actúa como nueva entrada principal.

Mejoras en aspectos decorativos, de iluminación y circulación… Ponen de manifiesto cómo el objeto de la remodelación es proveer al visitante de unos espacios de disfrute y conocimiento de las obras artísticas desde unas condiciones espaciales y sensoriales plenamente contemporáneas.

Si en un principio podría plantearse que el motivo de la contratación de Ando es el efecto «arquitecto-pritzker», la toma de contacto con el edificio corrobora que esto se ha superado. Acaba imponiéndose el sentido de un trabajo de equipo bien integrado. La participación de Ando no alcanzaría el mismo valor sin el modo en que Reed Hilderbrand la enlaza con el conjunto existente y renovado del campus. La suma de fuerzas hace que el proyecto trascienda el carácter de ampliación.