Fernando Arrabal en la terraza del Círculo de Bellas Artes (Madrid)
Fernando Arrabal en la terraza del Círculo de Bellas Artes (Madrid) - m. berrocal
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Fernando Arrabal: «Vivimos en una astracanada trágica»

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Hace unas semanas Fernando Arrabal regresaba a las Terceras de ABC con un artículo sobre fútbol –otra de sus pasiones junto al ajedrez–. Él ganó el Premio Mariano de Cavia en el año 1998. Nos ponemos en contacto para entrevistarlo, pues prevemos un absoluto divertimento. Entre todas las opciones, él prefiere que le mandemos unas preguntas por e-mail. Imaginamos que porque tal vez así controle lo incontralable de su discurso «pánico». A veces, indescifrable. Pero así es Arrabal. Por eso esta conversación es en «Clave de fa», como él mismo la define en el correo electrónico.

Usted ha dicho que no es de España ni de Francia, donde lleva viviendo muchos años, sino del exilio.

Soy de... Destierrolandia. Como lo fueron Picasso y Dalí, Max Ernst y Modigliani... y una ringla de nombres. Ni franceses, ni enteramente del país donde nacimos. Con infinitos embudos de papel de estraza. Solo los loros aborígenes hablan el esperanto sin acento. Por ello lego al pueblo español todo lo que recibí durante los 60 y pico de años del «exilio».

¿Qué siente y qué piensa de su país de origen?

Obviamente, nostalgia. En las antípodas. Sin embargo a los chihuahuas que no soportan el flamenco les encanta el brazo de gitano. La hipocondría que se coge en los hospitales (en los que tanto he vivido) es más nociva que la que se contrae en tratados de medicina.

¿Y de Francia?

En estos momentos, el primer ministro francés, la alcaldesa de París y la lumbrera visible de la televisión gala son españoles. Valls, Hidalgo y Pujadas. Hubieran podido ser mis hijos. Las bases (los pilares y soportes) de la «modernidad», el dos de mayo de este año, me eligieron como «único elector». Como en su día a Dubuffet o Boris Vian. Con el único voto: determinante. Los ángeles, los dinosaurios o los diablos ¿tienen la misma esencia e índole que las proposiciones matemáticas? Creo que Umberto Eco, Dario Fo, Milan Kundera o Simon Leys merecían el título de «único elector» más que yo.

¿Vivimos inmersos en un sainete o en un drama?

En un drama sainetesco. En una astracanada trágica.

¿Ha pensado alguna vez en volver a España y quedarse?

Si Dios fuera tuerto ¿solo habría cinco mandamientos? Tengo en Francia a mi familia. A muchos amigos. A algunas de las personas que me enseñaron casi tanto como la madre Mercedes de mi primera escuela de párvulos en Ciudad Rodrigo. Amigos escritores como Kundera, Houellebecq, Jodorowsky... O artistas que me regalaron los cuadros de mi legado. Algunos fallecieron como Topor, Beckett, Breton, Ionesco...

Usted nace en Melilla. ¿Qué recuerdos tiene?

Siempre recuerdo a mi padre «enterrando mis pies en la arena de la playa». Con briznas de oleaje. Celebrando el ADN. Y la raíz de mi lengua.

¿Y qué piensa de los asaltos a la verja?

Una tesitura tan espantosa como difícil de resolver. Resulta grato adoptar posturas moralizantes. Con la generosidad ajena. El arcoiris del paraíso es blanco.

¿Cómo recuerda su salida para el exilio?

«Cuando salí de mi tierra volví la cara...» Me fui a Francia con una beca. Obtenida por mis modestos premios literarios. El universo solo es una confusa componenda de partículas elementales. Al llegar a Francia descubrieron que estaba tuberculoso. Tuve la suerte de conocer a Lis. Me operaron... fue un cuento de hadas. Mi Carta a Franco, en vida del dictador, también fue otro cuento de hadas. No comprendí (y sigo sin comprenderlo) que fuera el único español de mi gremio que le escribiera al general. A pelo. Sin partido. De pronto se vendieron centenares de miles de libros de la carta. Los españoles venían a la frontera a comprarlos. Amar disparatadamente y, como consecuencia, inventar ideas desmesuradas.

¿Qué es lo primero que recuerda de su llegada a Francia?

La inspiración escalando gólgotas a borbotones. ¡Salud, Alfred Jarry en la tangente de Dios! A pesar de nuestra diferencia de años (Ionesco, Beckett, Tristan Tzara...), me trataron desde el primer momento pateando paganos. Perfumados de barro. Zozobrando en la nata de la utopía. Naufragando en charcas de aceite. Con confianza y sobre todo con humor.

Breton, Dalí… ¿Cree que este tipo de personalidades se podrían dar o repetir en estos albores del siglo XXI tan políticamente correctos?

En el café surrealista (presidido por André Breton) estuve «diariamente» tres años. Trapenses de su Majestad Vocación. Jugábamos y no solamente al cadáver exquisito. No se rendía culto a Don Dinero. Aprovechábamos el ocio. Ninguno hacía un «trabajo», o una «obra», «novelas»... Realizábamos algo, que parece tan enigmático, como el surrealismo. Con los patafísicos, sin obligación ninguna, alcanzamos la «ciencia» del Doctor Faustroll. Algunos pánicos creen «arrabalizarse». El «pánico» analiza la confusión, el ajedrez, el rigor matemático. «Arrabalizarse» es un invento de Jodorowsky. Quizás algunos del grupo pánico me acogen «arrabalizados». Es posible que inmerecidamente quisieran tener lo que ellos creen que es mi pasado (mi padre, mis cartas, mis involuntarios «escándalos») y mi presente. Todos quisieran ser un chiste de jacuzzi con la joconda Gioconda.

Con Buñuel comparte la experiencia de ver a la Virgen.

La aparición de la Virgen es uno de los instantes más voluptuosos de mi vida. Un alboroto de versos. Escribiendo al margen de otro margen. Yo diría que fue reconfortante y gozoso. Sucedió a los 17 años. En la playa de Malvarrosa. Casi como lo conté en la novela La torre herida por el rayo. Buñuel me contó su aparición. Como más tarde la narraría en sus recuerdos. Algo diferentemente. A pesar de que se trató de un sueño, según él, la conmoción surgió en el último momento. Cuando él (medio dormido) se dirigió a la Virgen: «Vd no se me puede aparecer: yo soy agnóstico». Y la Virgen con una sonrisa le dijo: «Yo también a ti te amo sobre todas las cosas». ¿Con tambores de Dadá?

Irreverente, polémico… Sobre usted se han vertido infinidad de adjetivos.

El más curioso es el de provocador. Ninguno de mis amigos lo ha sido. La provocación es irracional e inopinada. Y sobre todo incalculable. Todas las personas que venero no podían ni fiarse ni servirse de un acaso tan estrepitoso. La verdad es que no solo algunos se «arrabalizan», sino que otros a veces me tratan de «chivo expiatorio». A causa de ciertas intuiciones que son menos extravagantes de lo que parecen. Como trincheras de aceite de ricino y de lejía.

Regresemos a España. La Transición es un capítulo que parece haberse cerrado de golpe en un proceso natural: muerte de Suárez, abdicaciónde de Don Juan Carlos… ¿Qué opinión tuvo y tiene de Adolfo Suárez?

Prefiero su aeropuerto. O a Cernuda también escolapio. Como Cela y Cajal.

¿Y de Don Juan Carlos?

El Rey me tendió su copa (que yo había derramado durante mi discurso) en el Premio Mariano de Cavia. Convertido yo en mago sin ketchup. En la città del sole sin solares. La verdad es que los Arrabal y los Borbones llevamos sendas encontradas y divergentes. Plutarco y cierra paralelos. Mi hermano fue cadete de Aviación, en San Javier, con el Rey Juan Carlos. En la promoción XIV. Su hijo y el hijo del rey (Felipe VI, ahora) también coincidieron en la promoción 48. Enclaustrados en la esperanza sin código de barras.

¿Y del nuevo Rey de España, Felipe VI?

Creo que soy la única persona «de mi gremio» que asistió a la solemne entrega (en la Academia General del Aire de San Javier) del diploma al futuro Felipe VI. En un patio humilde de cuartelito a toda vela. Con Dios sin sarcasmos ni rebuznos. Y fue un 14 de julio: la toma de la Bastilla. Mi sobrino (muerto en la flor de la edad) y él eran muy amigos. Por eso viene a ver, puntualmente, a la familia en el aniversario del trágico desenlace.

Vayamos a los reconocimientos que no ha recibido (el Cervantes, el Príncipe de Asturias…) ¿Se siente olvidado?

Los premios son aleatorios. A Cervantes no le hubiera tocado. Habrían galardonado a Avellaneda. Con reversibles colegas. Sin necesidad de estos hierros.

¿Qué piensa de los premios Nobel en lengua castellana: García Márquez y Vargas Llosa?

Mis encuentros con ambos fueron escasos y relevantes. Fueron laberintos realzados por ametralladoras y urinarios. En Puerto Alegre, Vargas asistió a mi simultánea de ajedrez. Me condujo en silla de ruedas una inteligente y despampanante brasileña. Es muy cansado recorrer kilómetros de tablero a tablero. La mujer de Vargas tiene una bonita letra inconfundible aunque se disfrace de secretaria. Con García estuve en el palacio presidencial mejicano.

¿Qué es una persona pánica? ¿Y el Colegio de la Patafísica?

Eso quería saber también Tristan Tzara (creador de Dadá). Por pura guasa decía que él también se consideraba «pánico». Pero prefería jugar al ajedrez. Murió el día de Navidad. Con tan solo 67 años. Lleno de vida. Risueño. Militante y dadá. Tres años después moriría André Breton. Yo había publicado en La Brèche los primeros textos pánicos: mi Piedra de la locura. Puede sorprender que los surrealistas y los patafísicos me hayan alzado a lo más alto, sin dejar de considerarme «pánico»... Los cuatro avatares de la modernidad (dadá, surrealismo, pánico y patafísica) son muy diferentes. El dios Pan reconcilia los contrarios y el rigor matemático de la confusión. Con lógicas de espejismos rotatorios. Cuatro incompletudes para conjurar ombligos.

¿Cree que vivimos en un estado de la cultura que algunos definen como espectáculo: la cultura del espectáculo?

Guy Debord era un verdadero superdotado. Se expresaba como un obispo. Para él, se debía actuar en los hechos y no asistir a ellos como si fueran mero espectáculo. Escribía y hablaba con encanto y precisión. Un día me dijo: «...Me emborracho en cuanto puedo... y el resto del tiempo bebo mucho».

¿Conoce a Lady Gaga?

Hubo un año en que fue la más influyente de Time. Precisamente el año en que se maquilló con un filete. Meses después de que, maquillados con filetes, y en procesión, el grupo «borgesiano» y científico (con Gustavo Cherif) me otorgara en Buenos Aires el «título» de «santo». De la misma manera que «la teoría de conjuntos» dio origen a la creación de Alemania, Italia, etc... y la Unión de Eslavos del Sur (Yugoeslavia). Sin que los geopolíticos conocieran la entonces vanguardista teoría matemática. Ni los tisonniers (atizadores... badilas) políglotas.

(La que fuera la primera pregunta del cuestionario, Fernando Arrabal la pasa al final. Lo especifica y así se lo dejamos. Sus razones «pánicas» habrá tenido.)

Se prodiga poco por España. La última vez ha sido con «Dalí versus Picasso». ¿Por qué?

La Cultura está y estuvo en las catacumbas. Time cada seis meses propone una lista de «influyentes». (Palabra «pánica».) Sin dramaturgos, ni poetas, ni filósofo alguno. Al «editor» (al redactor jefe) de esta revista le encantaría colar nuestros nombres en las listas. Los de Kundera, Houellebecq.... La Cultura siempre estuvo en el desván o en las bodegas. Por pura chiripa, inmerecidamente, soy una de los personas de la Cultura más presente en el «aire». ¿Cuántos millones de personas me ven o me han visto «milenariamente»? España me acoge y nos acoge igualmente bien que el resto de los países del mundo. Cuando la inmortalidad bosteza. Tendría que tener otras vidas para responder a todos los que me piden verme en sus teatros, en sus salas de conferencia, en sus festivales, en sus universidades. Sin becerros de oro en sus casas de fieras.