«Dextrocardiaco»: Historia de la «historia de amor» de Abel Azcona y Juan Arcones
Abel Azcona (izquierda) y Juan Arcones (derecha) posan junto a la obra de Juan Yuste - j. d.-g.
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«Dextrocardiaco»: Historia de la «historia de amor» de Abel Azcona y Juan Arcones

La novela de Juan Arcones se convierte en «argumento» de la primera exposición comisariada por el «performancer» Abel Azcona. Su sede: Factoría de Arte y Desarrollo. Un análisis sobre las destructivas relaciones humanas

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Se denomina «dextrocardia» a la patología por la que una persona nace con el corazón en el lado derecho de su cuerpo, y no en el izquierdo, como todo el mundo. ¿Significa eso que no poseen con la misma capacidad para amar propia del resto de los mortales? Dextrocardiaco es el título de la primera novela, recientemente publicada, de Juan Arcones (Madrid, 1986), que se ha convertido en el «guión» de la exposición homónima comisariada por Abel Azcona para Factoría Arte y Desarrollo, en Madrid. Con las obras de creadores como David Catá, Camo, Fernando Bayona, David Trullo y Juan Yuste, entre otros, se construye una reflexión sobre las relaciones humanas, la idea de vínculo, la enfermedad y la obsesión. Otra forma de acercarse al trabajo de Azcona, que, por primera vez, ejerce de comisario para ejecutar, en su opinión, una nueva performance coral.

«Dextrocardiaco» nace como una novela, pero se convierte en «guión» de una exposición. ¿Cuál es la historia del libro?

Juan Arcones: La novela tiene su origen en un blog que escribía yo hace cinco años, y que tenía el mismo título. Lo puse en marcha a raíz de una ruptura, como forma de soltar todo lo que tenía acumulado en mi interior. Eso me llevó a escribir sobre el amor, la obsesión por otra persona, la relación... Lo cierto es que tuve muchos seguidores, con los que interactuaba, e incluso a les gustaba el término «dextrocardiaco», que usaba como metáfora. Llegó un momento en el que me tuve que plantear qué hacía con todo aquello. Y se me ocurrió saltar a la novela. El libro es una historia de ficción de un chico de 22 años que se llama Marc, al que su pareja le deja por mail. En una fiesta conoce a otra persona y lo que surge se convierte en algo que parece amor correspondido. Pero con el tiempo, eso no es así, y el protagonista se obsesiona. Es mi primera novela.

«Muchos se han sorprendido con las obras. Esperaban algo más agresivo» (A. A.)¿Y cómo conoce Abel Azcona la novela y decide utilizarla para una exposición?

Abel Azcona: Juan y yo nos conocíamos previamente,y a mí me pareció que su novela (cuyo proceso de elaboración también viví) podría ser la base para una exposición, porque creo que en España no se había abordado bien hasta la fecha una muestra sobre temática LGTB o con artistas de referencia que aborden las temáticas del cuerpo. La novela llegó en el momento exacto, justo cuando Juan quería desarrollar una serie de actividades en torno al libro. Y nos pareció interesante que ciertos artistas la «leyeran» y la reinterpretaran a su manera. Nosotros jugamos con la idea de «la enfermedad del amor», la dificultad de enamorarse, la obsesión por conseguirlo... Hay que destacar que no todos los artistas convocados son gays, como David Catá, pero su discurso encajaba muy bien en el conjunto. La muestra se articula en torno a artistas con los que yo había colaborado, pues yo me considero más creador que comisario. Y son cuatro o cinco ideas más generales, extraídas del libro, sobre las que se va cimentando la exposición.

Estas serían...

Serían más bien conceptos: «Piel», «sudor», «obsesión» y «semen». Cuatro términos que inciden mucho en una relación sentimental. Casi todas las obras hablan también de un abandono, algo implícito en mi propia labor como artista, y por eso es muy importante para mí que forme parte de esto. Por otro lado, diríamos que todos los artistas convocados se han enamorado, se han obsesionado y los han abandonado.

¿Quiénes serían esos artistas y cómo desarrollan esas ideas en sus trabajos?

Carlos Martiel, es un artista cubano que el pasado año ganó el Laguna Prize. En Capitulación rememora cómo tuvo que abandonar la isla y dejarlo todo atrás. Bruno Isakovic es un performancer croata muy, muy potente, que trabaja siempre desde la danza contemporáneo y el cuerpo. En The Garden of Thoughts baila semidesnudo alrededor de una bombilla, metáfora de una pareja con la que acaba de tener una ruptura, y en la que repite esa obsesión de la polilla por el foco de luz, aunque sea algo que le hace daño. Diego de los Reyes se centra aquí en fragmentos del cuerpo de personas que han pasado por su vida. Idan Bitton, en colaboración con Alfredo Ferran Calle, muestra un vídeo de un beso que dura 90 minutos, una acción que puede significar mucho o no significar nada, según la persona y la situación. Catá es el más joven de la selección. En A flor de piel muestra el resultado de coserse en las manos fotos de sus seres queridos. Esa es la huella y heridas que le dejan.

Continuamos con Eduardo Hurtado, que el día cinco de junio, además, realizará una performance.

Así es, inspirada además en la novela. Hablará de su propio cuerpo, de historias de amor... A él le acompañan otros creadores como David Trullo, con una pieza muy poderosa, en el que, a modo de urna funeraria, recoge los restos de una relación pasada. Emilio Rojas habla de una habitación para encerrar a las personas que hacen demasiadas preguntas, pero que no deja de ser una reflexión sobre su cuerpo, sobre su entrega, sobre la inmigración... Camo colabora conmigo en Winning Horse, basado en una relación sexual real que sirve como metáfora para hablar del tema del colonialismo, ahora con el español conquistado o dominado. FlanKo es arquitecto y eso se nota en su dibujo, que pone el acento en la infidelidad. Cain Q trae una fotografía del proyecto Voyeur. Héctor Barros recupera un personaje muy habitual en su trabajo como comiquero para narrar una historia de dolor y ruptura. Fernando Bayona fotografía a un conocido actor porno en un salón burgués. Es también una imagen de la intelectualidad que se le niega a este tipo de actores. Ismael Álvarez presenta una ilustración en la que su protagonista juega a hacer el pino sobre un cubo de rubik, resultado de los equilibrios que tenemos que hacer todos en una relación. Y finalmente, Juan Yuste habla de una relación con un artista a cuyo nivel es incapaz de llegar y del que expone su corazón.

«Creo más en el desamor que en el amor. Me parece mucho más atractivo visualmente» (A. A.)Este es su primer trabajo como comisario.

Yo he coordinado festivales de performance con anterioridad en Nueva York, Pamplona y Bogotá, y eventos performativos como «Diálogos en acción«, con artistas colombianos, en el Museo de Arte Contemporáneo de Bogotá. Sí que es cierto que como exposición plástica, esta es la primera.

¿Y cómo encaja esto en su trayectoria?

Yo creo que encaja bien porque para mí el performance es un diálogo directo con los espectadores y aquí de lo que se trata es de esbozar un diálogo directo con muchos artistas. Plasmar eso en fotografía o vídeo, o no hacerlo, es secundario.Y el que me conoce como artista, si se acerca a estas obras descubrirá que dialogan bien con mis intereses. Porque son creadores que hablan del abandono, de la sexualidad... Para mí todo esto no deja de ser un acto performativo.

¿Hasta qué punto encerrar a unos artistas en una galería no es otro de sus actos de confinamiento que le han hecho tan famoso?

Sin ir más lejos, esta es una galería en la que yo estuve siete días viviendo. Esta muestra es un acto de confinamiento como creo que lo es cualquier relación de pareja. No creo en ellas. A lo que se suma que la galería es un poco como una jaula, por las rejas de su puerta.

Juan, ¿usted lee la novela en las obras?

J. A.: Sí. De hecho, muchas nacen de la lectura directa de la novela, como las de Flanko o Ismael Álvarez. El protagonista del libro es un ser muy dependiente y se obsesiona con otra persona, que es la que lo domina. Eso lo refleja a la perfección la obra de Camo. Me gusta la urna de David Trullo, llena con recuerdos. Siempre decimos que hemos superado una relación, pero también siempre guardamos un montón de cosas que nos remiten a ella, lo que nos hace volver antes o temprano, como en el vídeo de Bruno... La muestra está compuesta de diferentes capítulos que te hacen navegar por los estadios que supone una relación de pareja y las emociones que suscita. Estas son algo que siempre marcan, positiva o negativamente.

A. A: Yo creo más en el desamor que en el amor. Me parece mucho más atractivo visualmente. Y Dextrocardiaco comienza desde el desamor. Pasamos más tiempo a lo largo de la vida desenamorados que enamorados. El enamoramiento, si dura, se convierte en otra cosa.

Esta es una nueva colaboración de Abel Azcona con esta galería.

Así es. Aquí he realizado diferentes talleres, he realizado el proyecto Black Hole, en el que estuve a oscuras durante siete días en contacto con diferentes agentes del arte, publicistas, gente del cine... Allí pasé de todo: nos conocimos, hablamos, se practicó sexo... Después he colaborado con ellos en Room Art Fair, con diferentes performances que a mí me interesaba que se desarrollaran en el contexto de una feria, para subrayar la prostitución a la que está sometido el arte, en una feria además que se desarrollaba en la calle Montera. Esta es mi cuarta colaboración, aunque es algo totalmente diferente.

«Nuestra sociedad ha tendido demasiado a lo políticamente correcto» (J. A.)Pero aquel que no le conoce. Si se acerca a la galería, ¿se va a llevar una idea correcta de quién es usted?

Durante la inauguración fueron muchos los que me comentaron que se habían sorprendido con las obras. Esperaban algo más agresivo. Yo intento que mi trabajo sea plásticamente agradable de ver. Pero eso no quita para que el contenido no sea muy fuerte. Hay casos en los que hablamos de un abandono, en otros de una violación, en otras de gente que ha tenido que abandonar su país por su condición sexual... Son historias dolorosas, pero bellas. Y estamos demasiado habituados a que cuando hablamos de queer art todo tenga que ser demasiado ordinario. Penes, semen y orgías. Eso no se ve aquí, cuyo resultado es pura poesía visual. Y funciona. Una relación de pareja comienza siendo algo bello y puede acarrear mucho dolor.

¿Usted, Juan, conocía a los artistas antes de la exposición?

J. A.: Conocía a unos cuantos. Ahora, a raíz de la exposición, he terminado de conocera a todos los demás. La de David Catá la había visto recientemente en Galería Cero. También conocía a Ismael Álvarez...

¿Y ha sido co-curator de la muestra, de alguna manera?

El que realmente sabe de esto es Abel. Y me fiaba al cien por cien de la selección que realizara.

¿Es sano para un escritor realizar ejercicios como estos?

J. A.: Es muy sano no encerrarte en ti mismo y en tu actividad. Yo empecé a escribir el blog para analizar lo que me pasaba y para exteriorizarlo. Luego eso dio pie a una novela... La muestra es un capítulo más en ese proceso.

A. A.: Las sinergias son básicas en todas las disciplinas. Juan es además director de cine, para mí es un creador. Y esto, en su conjunto, es la labor de un montón de artistas jóvenes que reman en la misma dirección en momentos tan complicados.

«Estamos habituados a que cuando hablamos de “queer art” todo tenga que ser ordinario» (A. A.)¿Hay algo sobre lo que no se pueda escribir o hacer arte?

A. A.: En mi caso no. Pero es que no puede y no debe haber límites en nada: en el arte, en el sexo, en la vida... Todo límite es un problema y es un término feo. Todo debe visibilizarse.

J. A.: Tampoco en la literatura. No hay que ponerse límites, no hay que autocensurarse. Nuestra sociedad en Europa ha tendido demasiado a lo políticamente correcto.

Un proyecto como «Dextrocardiaco», ¿se podría repetir o se perdería frescura?

A. A.: Claro que es posible. Siempre es bueno contar historias. Y se puede hacer con otros artistas y hasta con otros argumentos. Esta novela daba mucho juego porque los palos que toca nos han afectados a todos alguna vez. Incluso la propia exposición, que nació de un libro, puede evolucionar y acabar siendo otra cosa. Siempre estamos en proceso.