de puertas adentro

Trabajo en equipo en la «factory» de barrio de Eugenio Merino

El de Eugenio Merino es un estudio en el que se trabaja en equipo. Un antiguo almacén donde suena música rap y, entre plásticos y aerógrafos, se gestan de principio a fin las esculturas que le han aportado tanto éxito como polémica

El ipod dispara música rap. En el habitáculo del fondo, lo que era la oficina de un almacén de esta antigua empresa de construcción reconvertida ahora en el taller de Eugenio Merino (Madrid, 1975), Rebecca se afana con el rotulador, mientras Irati da los últimos retoques a la indumentaria de una escultura de Kim Jong-il. La idea es que al arrimarle a un potente foco de luz, se proyecte sobre la pared una inmensa sombra del dictador norcoreano, que ridiculiza aún más la imagen que este tipo de personajes tienen de sí mismos. Fuera de este espacio, y entre plásticos que protegen de la emisión de vapores tóxicos (a los que Merino es alérgico), Miguel manipula disolventes para ensamblar un megáfono que acabará siendo parte de una pieza del artista... La idea romántica y prejuiciosa del creador solitario encerrado en un taller silencioso salta con esta descripción por los aires.

Cuando no hay dinero

«Aquí trabajamos tres personas –explica Merino–. Yo soy el que plantea las ideas, aunque hemos llegado a tal punto de complicidad que en ese brainstorming participamos todos. No veo razón para que no sea así. Con Miguel Montoya llevo colaborando dos años. Es más que un amigo. Es una persona con la que se puede trabajar sin problema y luego te puedes ir de copas, algo capital en España, donde no hay dinero y, o te lo pasas bien con lo que haces, o no haces nada. Irati Musitu nos ayuda en la elaboración de los moldes para las esculturas, con los acabados finales, el vestuario, el pelo... Es una profesional de todo ello. Y ahora nos acompaña Rebecca Clark, una estudiante que ha llegado con una beca Leonardo y que va a estar aquí seis meses participando de todo el proceso. Es la segunda persona con la que trabajamos así. Y la experiencia está siendo tan positiva que tengo idea de ponerme en contacto con la Facultad de Bellas Artes para hacer algo similar».

«Tenemos muy claro que no se realiza una escultura que no se sepa antes que va a ser exhibida»Este es, pues, el lugar donde se modelan esas esculturas que tanta notoriedad han dado a nuestro protagonista: «Comencé trasteando en el garaje de mis padres –recuerda–. Entonces hacía lo que quería, porque el trabajo no tenía rentabilidad ninguna. Pero en cuanto comenzó a crecer el volumen de la obra, no me cabía nada. Entonces, me salió un proyecto para un coleccionista en Barcelona y me mudé. Allí tuve dos pequeños talleres, en Sans y en Sant Andreu, para sacar adelante el encargo específico que se me había encomendado. Pero fue un poco una locura, porque no podía separar las fases del trabajo, y tenía que ir todo el día con la mascarilla. Hace un año volví a Madrid y encontré este espacio. Este sitio está bien porque la zona acristalada –y los plásticos– evitan que el trabajo más engorroso contamine todo lo demás. En cualquier caso, no es aquí donde se realiza la labor más "sucia"».

Merino nos revela que hay un segundo taller en Tres Cantos, «con un espacio abierto estupendo para las labores más tóxicas y delicadas». Y que luego, hay algunas actividades «que no se pueden hacer ni en un estudio, ni en el otro, como son las que implican materiales como el bronce, que nosotros no controlamos». «Quizás en lo que más se tarda es en encontrar esa idea genial que termina convirtiéndose en una escultura –admite Merino–. Hay que estudiar todo mucho antes de dar el primer paso, porque va a suponer una gran inversión de dinero. Luego el tiempo de modelado me lleva unas dos o tres semanas, para que el parecido sea perfecto. A la realización de los moldes le dedicamos una semana larga y posteriormente quedan las labores de vestirlos, de colocarles el pelo, los acabados en silicona. Lo que sí tenemos muy claro es que no se realiza una escultura que no se sepa previamente que va a ser exhibida».

De lo delicado a lo más espectacular

Le preguntamos al artista si no cree que su labor como escultor ha terminado por comerse a sus demás facetas como artista: «Lo cierto es que trabajo en todo simultáneamente. Sigo haciendo un poco de todo. Esto es lo más espectacular, pero aquí, en estos noventa metros cuadrados que ocupamos, también se hacen piezas más pequeñas, se hacen dibujos...». Lo que no se ven por ningún lado son libros acumulados, recuerdos o cualquier objeto abandonado: «Aquí no puede haber nada de eso. Nuestro trabajo mancha mucho y acabaría todo perdido. Pero además, por una cuestión de salud, para mí es fundamental separar la vida profesional de la personal. En casa de mis padres no lo respetaba y eso significaba no ponerle nunca fin a lo que hacía».

«En España no hay dinero. O te lo pasas bien con lo que haces, o no haces nada»Sea como fuere, Merino y los suyos no tienen nada parecido a lo que se conoce como «jornada laboral»: «Venimos al taller cuando hay algo que hacer. Es absurdo movilizar recursos y tiempo de forma inútil. El 12 de junio inauguramos exposición en la galería UNIX de Nueva York, y por eso ahora el espacio está más lleno de obras, y también por eso en el último mes hemos tenido que trabajar todos los días». El artista se refiere a esas «neveras» de refresco que no se le despintan al que entra en el taller y que contienen «congelados» a George Bush padre, a Vladimir Putin y a Kim Jong-il. «Estas se encontrarán en Estados Unidos con otras tres piezas similares pertenecientes al proyecto que inicié en 2012; la primera, con Franco. La idea siempre fue hacer una habitación con los políticos de los más variados pelajes, cuyo resultado final fuera una especie de instantánea de la serie Futurama. En Nueva York también se exhibirán algunos de los punching-balls con los bustos de otros tantos políticos como los que se han visto en la galería ADN o en ferias, y la pieza pequeña de la sombra del dictador coreano. Es un pequeño homenaje a los enanos de Juan Muñoz».

«Es polémico el que opina»

El madrileño ha mencionado a Franco, y nosotros inevitablemente recordamos toda la polémica que se ha suscitado con su fundación. ¿Es Eugenio Merino un creador polémico?: «Ser polémico en España significa que eres una persona que piensa y opina. Lo normal es quedarse callado y hacer una obra estética. No renuncio a que mis obras tengan un fondo estético, que además es fundamental, porque lo importante es que el mensaje llegue de la mejor manera posible; pero su componente irónico y su sentido del humor no siempre se entiende, y al mundo del arte en ocasiones le genera tensiones y lo rechaza». El artista reconoce que, en algún momento, se ha visto superado por las circunstancias: «Pero no tanto ahora con lo ocurrido en los últimos años. El peor momento tuvo lugar con la pieza de las tres religiones. Lo he pasado muy mal, pero también muy bien. Y de todo se aprende. Ahora soy consciente de que toda toma de posición tiene consecuencias y que hay que vivir con ello».

Merino piensa a medio plazo y se ve desarrollando su labor en este mismo espacio: «El taller me gusta. Y tu lugar tiene que ser coherente con tu volumen de trabajo. Este, por el momento, es oportuno. En cualquier caso, mi labor como artista no es estar todo el día manchándome las manos, sino pasarme la jornada pensando. Quizás el noventa por ciento de las ideas que se me ocurren no se desarrollan, pero es bueno que queden ahí».

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