Detalle de la instalación «¿Dónde mueren los pájaros?», de David Escalona
Detalle de la instalación «¿Dónde mueren los pájaros?», de David Escalona - d. escalona
arte

David Escalona desnuda su intimidad en su Proyecto ABC Cultural

Actualizado:

Acabo de abrir la puerta que permanecía cerrada durante meses, y no sabría explicar la razón, si es que la hubiera. Tal vez ha llegado la primavera, y de nuevo ese cosquilleo en el estómago; tal vez sea la necesidad de contar algo… Porque mejor cerrar la puerta cuando no se tenga nada que mostrar, cuando todo se acumula y acabas siendo presa de la repetición, porque «producir» en el «taller» es lo esperado, y todo acaba siendo una pantomima en mitad de un escenario en el que se espera ver al artista actuar, cuando la mesa de la cocina o cualquier lugar pueden ser suficientes para hacer sin demasiados aspavientos.

Ahora está de moda abrir los estudios que prometen un contacto más directo con el artista, convocar a una comunidad de anónimos que disimulan con una copa de vino en la mano o, quizá, una taza de té con pastas y agradable música de fondo, mientras observan las obras estratégicamente colocadas en una pared... cuando tan sólo se ha cambiado de escenario y la actitud contemplativa no es muy diferente a la que solemos tener en una galería.

Aunque hemos de reconocer que hacernos una foto con el móvil y colgarla inmediatamente en Facebook nos da cierto placer y que, tal vez, ese sea el sentido, el de adoptar poses para las redes sociales, al lado de la obra y, ahora, con el artista «más cerca» que nunca…. «Pasen y vean para ser vistos, por otros desconocidos que agregamos en nuestra lista de amigos». Así pues, asistimos a una extraña performance condicionada por la instantaneidad y ubicuidad en esta era de las telecomunicaciones que, posiblemente, esté erosionado nuestra intimidad que, tal vez, haya mutado a una nueva modalidad, aunque permanezcan como ruido de fondo viejas fórmulas consabidas. Por ello pararse y permanecer con la puerta cerrada durante meses puede constituir todo un acto de rebeldía o de resistencia.

«¿A quién o qué hay que salvar?»

Ahora, como un extraño, abro la puerta y observo el paracaídas del ejército intacto sobre una cama en la que ya no duermo, donde un pájaro amarillo con las patas doradas permanece cerca de la almohada… ¿Te salvaste? ¿ A quién o qué hay que salvar? ¿Salvar? Mientras recuerdo a Joe Bousquet, aquel poeta que, tras ser abatido por un tiro en la I Guerra Mundial, tuvo que aguardar inválido durante toda su vida en una habitación, postrado en una cama, donde solía escribir resistiendo estoicamente tras haber comprendido, como un hombre libre, «todas la violencias en una sola violencia», según Deleuze.

«Asistimos a una extraña performance condicionada por la instantaneidad que erosiona la intimidad» En la pared de la habitación siguen las manos rotas de madera apuntando, el único fragmento que pudo salvarse tras la quema de una iglesia en plena Guerra Civil Española y que, celosamente, guardaba un anciano envueltas en un pañuelo. Colgadas están también las cananas de cuero con los cartuchos de caza sin usar que mi padre tuvo en el fondo del armario durante más de 25 años después de haberse vuelto sentimental, mientras que en sus huecos sin plomos coloqué mis dedos amputados.

«¿Qué herida no es de guerra y venida de la sociedad entera?», resuena otra vez Bousquet en la habitación, mientras observo mis cicatrices. Pero, «¿ Dónde mueren los pájaros?», pregunta que me hace Chantal Maillard y que constituye el título de una exposición que se inaugurará en la galería Isabel Hurley próximamente, un proyecto donde la poeta colaborará con una serie de poemas a modo de conversación.