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David Catá: «Me interesa la vertiente emocional del dolor»

David Catá convierte el cuerpo en pantalla sobre la que proyecta el paso del tiempo. Galería Cero es sede de su primera muestra individual

No basta con tener recuerdos. Para el gallego David Catá (1988) es necesario cosérselos a la piel. El proceso da lugar a uno de los estudios actuales sobre la memoria más interesantes entre los jóvenes creadores españoles. Sus series fotográficas quedan recogidas en la muestra En la piel, en la galería Cero (EFTI), la institución que le vio nacer.

Cuerpo memoria y tiempo son los tres conceptos sobre los que pivota su trabajo.

El cuerpo aparece como soporte. Es el tiempo el que lo va modificando, con claras señales externas como las arrugas, las manchas, las cicatrices... Es el ejemplo más claro de que todo es efímero. También los recuerdos. Me seduce su volatilidad.

«Entiendo lo que hago como un ritual basado en el cariño»¿Uno se llega a obsesionar con los temas que trata?

Desde luego. Se cambia de una serie a otra a partir de pequeñas ideas, pero pronto te das cuenta de que estás hablando de lo mismo. Y no todo lo que se da por finalizado está acabado, sino que se puede retomar.

«La piel como lienzo en el que se teje a los seres tatuados en el alma». ¿Es entonces sólo un soporte para los recuerdos?

No, no sólo eso. De hecho, yo la empleo como medio para plasmar lo interior. Y me interesa además como concepto. La piel nos protege del exterior, es el órgano más extenso, y sobre ella se reflejan los efectos de la vida. A mí me da pie a usar metáforas como la del hilo de costura que la traspasa, que es también el hilo de la vida, o a emplear elementos externos que inciden en mi cuerpo, con lo que estoy estrechando vínculos e invitando a que formen parte de mí. En cierto modo, se trata de hacer visible lo interno en esa frontera entre lo uno y lo otro que es la piel.

«Todo es efímero. También los recuerdos. Me seduce su volatilidad»He de preguntarle por el dolor. Aquí hay imágenes duras.

Aunque pueda parecer que pongo en marcha un acto agresivo contra mi cuerpo, el dolor no me interesa. De hecho, lo que hago, lo entiendo como un ritual basado en el cariño. A mí estos cosidos no me duelen, no sólo porque son superficiales, sino además porque los llevo a cabo con los recuerdos de mis seres queridos. El dolor que me interesa es el de su pérdida. Me seduce la vertiente emocional del dolor, no la física.

¿Hasta que punto le interesan los discursos sobre la construcción de la identidad?

En cierta manera, estoy hablando de identidad, porque me apoyo en los miembros de mi familia para ver cómo me han «formado» y «deformado». Y aunque estoy hablando de ellos, creo estar esbozando un autorretrato continuamente.

¿Y que es más importante el proceso o los resultados?

Todo me interesa. Por eso documento los procesos. Todos los trabajos son performances, por lo que el apoyo videográfico es capital. La foto solo paraliza un momento. Y lo que introduzco en vitrinas son «piezas finales» resultado de la acción. Son el resto, el recuerdo.

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