• Última Hora Alfonso Grau, imputado por la financiación irregular continuada del PP de Valencia
  • Última Hora El Gobierno retrasa la aprobación de los Presupuestos de 2018 una semana

libros

Enrique Vila-Matas: «Me gusta sentirme extranjero incluso en mi propio país»

Enrique Vila-Matas triunfa en Francia, donde está considerado uno de los «diez grandes» de la literatura extranjera. De este éxito en el país vecino habla con su traductor al francés, André Gabastou, y con la crítica Mercedes Monmany

De izquierda a derecha, André Gabastou, Enrique Vila-Matas y Mercedes Monmany, durante la conversación celebrada en Madrid
De izquierda a derecha, André Gabastou, Enrique Vila-Matas y Mercedes Monmany, durante la conversación celebrada en Madrid

La prestigiosa revista «Magazine Littéraire» destacaba en su portada de agosto este titular: «Diez grandes voces de la literatura extranjera». Allí, entre Alice Munro, Orhan Pamuk y John Irving, figuraba un único español: Enrique Vila-Matas, autor indiscutible ya para el canon literario contemporáneo de nuestro país vecino. Y es que Vila-Matas (Barcelona, 1948) triunfa en Francia y más allá: a los grandes elogios que le ha dedicado la «Paris Review» se unen los del «Times Literary Supplement» y los del «New Yorker». Por si fuera poco, Paul Auster le cita en sus obras y se declara devoto de su literatura. Por algo será.

De la presencia constante de Enrique Vila-Matas en Francia y de la enorme difusión que recibe allí cada uno de sus títulos sabe mucho André Gabastou, que, además de amigo, es su traductor al francés –y de Bioy Casares, de Onetti, de Sánchez Ferlosio, de Borges–. Con ambos ha conversado la crítica de ABC Cultural Mercedes Monmany. Un diálogo a tres bandas sobre todos los Vila-Matas que existen –el español, el francés, el brasileño, el norteamericano y el irlandés, por hacer corta la lista–; también sobre los ataques que ha recibido y sobre el futuro de la literatura.

Mercedes Monmany: ¿Hay autores predispuestos al éxito cuando son traducidos a otra lengua?

André Gabastou: La recepción de la obra es un gran misterio. Por ejemplo, yo pensaba que Mario Bellatin iba a tener mucho éxito en Francia, porque la suya es una literatura muy experimental, pero, en cambio, cuenta con muy pocos lectores. Y hay otros casos muy misteriosos, como Bernardo Atxaga, que tuvo mucho éxito con «Obabakoak», aunque después lo ha tenido cada vez menos. Creo que es quizá porque transcurre demasiado tiempo entre la publicación de cada una de sus obras.

M.M.: ¿La constancia influye en el éxito?

A.G.: A los críticos franceses les gusta mucho Vila-Matas; sobre todo, a los profesores de La Sorbona, y ya se sabe lo que decía Borges: «Los que hacen el éxito literario son los profesores». Hay un poco de verdad en esto, pero no toda. Creo que, por lo que se refiere a Vila-Matas, influye otra cosa: el gusto de los franceses por la metaliteratura. Tenemos el ejemplo de «Madame Bovary», de Flaubert, que se escribe sobre las obras románticas que lee Emma; y antes, por supuesto, está el caso de Cervantes. Esta idea funciona muy bien en Francia, así que el misterio del éxito de Vila-Matas no es una sorpresa total.

Enrique Vila-Matas: También hay que tener en cuenta que Christian Bourgois, mi editor en Francia, desde el primer momento decidió publicar todos los libros. Los primeros no tuvieron apenas recepción crítica. Hasta que con el sexto o séptimo...

A.G.: La gran recepción crítica de Vila-Matas empieza con «El mal de Montano», que logró el Premio Médicis en 2003.

E.V.-M.: En Italia, por ejemplo, hasta que no me publicaron en cuatro años cinco libros seguidos, no hubo interés. En mi caso concreto es la obra lo que interesa, más que un libro suelto; un libro no indica casi nada. Lo mismo ha ocurrido en Brasil. Allí se publicaron cinco en cuatro años, y eso hace que la gente se haya hecho con «mi» biblioteca.

M.M.: Luego es cierto que influye la insistencia, la presencia continuada de un autor en el mercado.

E.V.-M.: Influye que el editor decida publicar la obra con una frecuencia normal.

A.G.: En realidad, cuando un libro no se vende, en Francia rechazan al autor, pero Christian Bourgois jamás ha hecho eso. Ha publicado a Vila-Matas siempre.

E.V.-M.: Hace política de autor.

M.M.: Esa fidelidad o esa paciencia de las editoriales medianas no la tienen los gigantes editoriales.

A.G.: Por supuesto que no.

M.M.: La presencia de Enrique Vila-Matas en Francia no ha dejado de incrementarse de forma imparable. También han sido constantes los vínculos y complicidades intelectuales y creativas con muchos escritores y artistas franceses. Ha publicado libros con el novelista Jean Echenoz y ha participado en numerosos eventos literarios con él. Asimismo, ha colaborado con artistas tan inusuales como Sophie Calle o Dominique Gonzalez-Foerster. ¿Se encuentra como en casa cuando va a Francia?

E.V.-M.: Bueno, una vez estaba en un congreso de escritores en Nantes. Me encontraba en un café con todos los escritores franceses invitados. A todos les conocía y charlaba con ellos, y de repente me sentí muy feliz, porque era como si tuviera yo una doble vida: podía haber estado con escritores españoles en la misma situación, hablando de las mismas cosas. Era como tener más de una vida.

M.M.: ¿Le da la impresión de que en Francia es igual de entendido que en España?

E.V.-M.: Llega un momento en que uno piensa, cuando es joven, que su mundo se va reducir al de los escritores de su tierra, y de repente un día estás sentado con otros que no son de tu país.

M.M.: Otros que son sus iguales en ese momento.

E.V.-M.: También me siento norteamericano cuando estoy en Nueva York.

M.M.: Aparte de sentirse francés en Francia o norteamericano en Estados Unidos, ¿dónde se siente más valorado?

E.V.-M.: Si me guío por los lectores, está bastante igualado en este momento. Aunque en Estados Unidos es donde se está produciendo ahora mismo más interés por mi obra, sin duda. He publicado ya cuatro libros y el año que viene publicaré dos de golpe. Hay una gran demanda en Estados Unidos. Pero no quiero reivindicar un lugar u otro.

M.M.: ¿Cómo ha sido su relación con la crítica a lo largo del tiempo? Fuera de España ha tenido críticos muy inteligentes: Christopher Domínguez Michael en México, el mítico descubridor de talentos Maurice Nadeau en Francia, Franco Cordelli en Italia...

E.V.-M.: Fuera de tu «pueblo» te ven con más normalidad y objetividad. Eso significa que dicen la verdad las opiniones críticas de fuera más que las del interior. Hay más objetividad porque hay menos intereses cruzados, menos historias paisanas. No soy el único que lo afirma. El reconocimiento de fuera ha llegado de forma más objetiva, porque no se fijan en si uno es más alto o más bajo, más simpático o menos simpático, más folclórico o menos folclórico. Ahí sí que funciona el veredicto internacional. Lo que pasa es que estamos en un lugar donde a veces oigo: «A mí qué me importa lo que diga ''The New York Times''». ¿Qué puedes hacer ante eso? Nada.

M.M.: Hay muchas citas de Enrique Vila-Matas que ya forman parte de nuestro patrimonio; la gente las repite. Por ejemplo: «Cuando escribo no soy ni chino ni polaco».

E.V.-M.: Hace poco he estado en Dublín. Hablé con Eileen Battersby, la crítica literaria más importante de Irlanda, muy temida. En aquel momento me sentía escritor irlandés. Estaba con John Banville y con ella y era como si formaba parte de otra historia. Un poco, seguramente, escribo también por eso, para ser otro, y me gusta sentirme extranjero, de alguna forma, en todos los lugares, incluido mi propio país.

M.M.: Con Banville ha sentido mucha complicidad.

E.V.-M.: Solamente como lector. Como lector me han interesado muchísimo esas voces suyas y esa especie de barroquismo que utiliza.

M.M.: Repite siempre una frase de John Banville sobre el estilo.

E.M.-V.: La frase de Banville que siempre he repetido es de una entrevista que le hizo Rodrigo Fresán: «El estilo avanza poderosamente y la trama se arrastra detrás».

M.M.: ¿Las múltiples citas literarias de la obra de Vila-Matas han sido una dificultad añadida a la hora de traducir sus libros?

A.G.: Antes de existir internet, sí, tuve muchos problemas con las citas, pero después, muy pocos, porque busco rápidamente en la red los datos que antes me costaba días enteros encontrar; una línea de Proust, por ejemplo, que me pasaba dos o tres días rastreando. Tenía mucho miedo de los periodistas, porque los periodistas franceses enseguida protestan: «El traductor es un vago, no ha buscado, se inventa la cita». Recuerdo que Marguerite Duras escribió una frase muy sofisticada, muy pedante, que Vila-Matas transformó en una frase muy sencilla.

E.V.-M.: Mi frase era: «Escribir es escribir aquello que escribiríamos si escribiésemos». Esta es la interpretación que yo le di a una frase muy enrevesada de Marguerite Duras… En realidad, la que puse yo significa algo un poco distinto de la suya. Pero luego ha sido muy citada esta frase como de Marguerite Duras y en realidad es totalmente mía. «Escribir es escribir aquello que escribiríamos si escribiésemos.» La de Duras es muy complicada, no se entiende.

A.G.: Enrique la hace inteligible. Se puede decir que recompone la literatura universal, la retoca, como un «lifting» o un «remake».

E.V.-M.: La gracia es cuando la veo citada: «Como decía Marguerite Duras…» Solo me ha pasado con dos frases: con la de Marguerite Duras y con otra de Kafka: «Alemania hoy le ha declarado la guerra a Rusia, por la tarde fui a nadar». En realidad, la segunda parte de la frase es «por la tarde, escuela de natación». Y recuerdo que cuando incluí la frase en «Hijos sin hijos», «por la tarde fui a nadar», me llamaron de Anagrama: «Oye, hay que poner “por la tarde he ido a nadar”». Les dije: «No, no, “por la tarde fui a nadar”». Porque la frase era mía. Luego la he visto reproducida en una película de David Trueba; también la he visto reproducida por escritores famosos: «Como decía Kafka…»

M.M.: Hay gran cantidad de frases que Vila-Matas ha puesto en circulación. La más repetida es la de Erik Satie.

A.G.: «Je m’appelle Erik Satie comme tout le mond.»

E.V.-M.: «Me llamo Erik Satie como todo el mundo.» Descubrí que se podía decir «Me llamo Carlos Ruiz como todo el mundo» o «Me llamo André Gabastou como todo el mundo», que es un titular perfecto.

M.M.: Como ha narrado en sus novelas «Dublinesca» y «Aire de Dylan», desde los últimos años se producen en su vida numerosas mudanzas: se cambia de editorial, de casa y de barrio; pero sobre todo se produce la gran irrupción internacional, especialmente en el duro y difícil mercado internacional: grandes elogios en el «Times Literary Supplement», en «The Paris Review», importantísimos despliegues en el «New Yorker». Se producen, además, grandes pérdidas: desaparecen dos de sus más grandes amigos, Antonio Tabucchi y Roberto Bolaño. ¿Cómo ha vivido toda esa etapa, todo ese vértigo?

E.V.-M.: En el caso de las muertes de amigos, como unas pérdidas irreparables que son para mí un problema con el que tendré que vivir de ahora en adelante. Y en cuanto al eco de la obra en tantos lugares, como un reto extraordinario, a pesar de todos los inconvenientes que tiene esto, de cara a seguir escribiendo. Y viendo también que aumenta la comprensión de mi obra. Por tanto, he vivido esta etapa como un estímulo, que siempre es necesario y que todos necesitamos para seguir en el día a día.

M.M.: Usted habla mucho de sus amigos escritores, por los que siente gran admiración, como Juan Marsé e Ignacio Martínez de Pisón. Una especie de camaradería entre autores cuyas literaturas no tienen mucho en común.

E.V.-M.: Cuando hay dos o tres escritores que se parecen mucho y tienen la misma edad, pueden acabar matándose; realmente es mucho mejor tener amigos con puntos de vista totalmente diferentes. Que no haya colisión.

M.M.: Marsé es mayor que usted y Martínez de Pisón, más joven.

E.V.-M.: Nuestra amistad está fundamentada, al contrario de lo que se cree, en la admiración hacia el otro; en la admiración y en el respeto hacia el otro: si no hay esto… De hecho, he dejado de frecuentar a algunos amigos porque les he perdido el respeto y la admiración.

M.M.: De los entresijos de la obra de Enrique Vila-Matas han conversado autor y traductor en «Fuera de aquí» (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores). ¿Cómo surge la idea de escribir este libro?

A.G.: La idea era huir de esas obras que ponen al escritor en un pedestal. Yo quería un libro vivo.

E.V.-M.: Escapa por completo de la entrevista periodística. No hay ninguna pregunta tópica, ninguna. Cuando André me las formuló, todas eran extrañas para mí, me obligaban a pensar por dónde quería ir. Todo está marcado por Gabastou. La idea, por ejemplo, de que cada capítulo se centre en una de mis novelas; la historia de mi estilo. Es una biografía literaria. Aunque, como decía Marguerite Duras, generalmente los escritores no tienen vidas interesantes.

M.M.: Con la excepción de un autor sobre el que usted ha escrito: Ernest Hemingway.

E.V.-M.: Si hubiera cazado menos elefantes y se hubiera roto las costillas menos veces, quizá hubiera podido escribir mejor. Efectivamente, al final de su vida se pega un tiro. Y se pega un tiro porque sabe que tenía mucho talento y que lo desperdició. Hemingway es el creador de la figura del escritor que hoy hace entrevistas, que tiene una vida interesante y que sale en la televisión. Es el creador del escritor aventurero; del escritor que, en lugar de escribir, sale en los medios. Es el anti-intelectual. El intelectual es el que trabaja. Hay un momento en que las editoriales hacen contraportadas disimulando la posible intelectualidad del libro para no ahuyentar a los lectores que tengan miedo de que el libro sea intelectual. Volviendo a Hemingway, por un lado está él, y toda la secuela de seguidores, y por otro, los escritores más escondidos.

M.M.: ¿Ocurre lo mismo en Francia?

A.G.: Allí hay dos públicos: el público de los libros literarios y el público que se interesa por las historias. Para este último, la literatura no existe. Son dos públicos completamente alejados el uno del otro.

E.V.-M.: A mí me gusta decir que son las dos Españas, las dos Españas de estéticas y gustos literarios opuestos. Recuerdo que cierto director de una editorial dijo: «Nosotros tenemos dos colecciones, una en la que tenemos libros ''best sellers'' y otra en la que tenemos libros de escritores literarios». Se anuncia el futuro.

M.M.: ¿Qué futuro será ese?

E.V.-M.: El de la literatura convertida en un espacio mínimo y muy minoritario. Permanecerá como reducto. En las catacumbas... Me acuerdo de Marguerite Duras. El estreno de una de las películas que dirigió coincidió en París con el estreno de otra de The Who, y ella creía que las colas eran para ver su película. «¡El éxito, el éxito!», exclamaba. Era una alucinación, claro, porque todo el público iba a ver la película de los cantantes. Entonces descubrimos que ella aspiraba, legítimamente, a ser leída por todo el mundo. Al ver que creía que todo el público era para ella, yo le decía: «Mais non, Marguerite, mais non, Marguerite»... Volviendo a lo anterior, tengo un amigo italiano que dice que hemos vuelto a las catacumbas, como los primeros cristianos. Eso sucede ya con los lectores de poesía, que son grupos muy pequeños. En todo caso, dentro de los «best sellers» hay algunas piezas que están muy bien escritas y que merecen el éxito que tienen; y dentro de la obra minoritaria de vanguardia también hay grandes oportunistas. Hay de todo en cada sector.

M.M.: Una de las críticas que se le ha hecho a su obra es que cita a demasiados autores extranjeros y a muy pocos nacionales.

E.V.-M.: Yo creo que he hablado de tantos escritores españoles, aunque algunos ni lo merecen, que es absurdo que se me eche esto en cara. También hablo mucho de América Latina. Lo curioso es que se ha producido una situación indeseada: que los no elogiados se enfadan… He recibido cartas diciendo: «Hablas de fulanito, que es un mediocre, y jamás has hablado de mí». Sí que hablo de españoles, desde luego. Pero sí, se me tacha de internacionalista, de cosmopolita… «Podías hablar de algún realista, en lugar de hablar de Foster Wallace.» Estas cosas también las he oído. Y que soy «metaliterario». Cuando no has leído a un autor, le buscas el punto débil. Si alguien quiere hablar mal de Pérez-Reverte, dice: «¡Bah, hace novelas de espadachines!». Pero léetelo y verás que no habla de espadachines. Se busca siempre el punto débil, para hacer daño. Los que me tachan de «metaliterario» son generalmente los que no me han leído.

M.M.: ¿Cómo ve André Gabastou el panorama de la literatura escrita en español? ¿Qué momento vive?

A.G.: Me parece una literatura muy creativa. Lo dicen siempre en el Centro Nacional del Libro de París. Les asombra la diversidad de la literatura en lengua española.

E.V.-M.: Que aquí no había nada literariamente interesante es otro mito que se ha creado, por una especie de «negativismo» absurdo. Es alucinante. ¡Hay tantos autores! Algunos, efectivamente, malísimos, pero muchos muy interesantes. Y así se ve fuera. Es como ese otro tópico según el cual Francia está en plena decadencia. No es cierto. Ha habido decadencia en el intelectual francés, eso sí.

A.G.: Cada país habla mal de él. En Francia lo corriente es oír: «La literatura francesa es malísima…»

E.V.-M.: Aquí se ha repetido mucho que en Francia no tenían narrativa. Sí que la hay, y muy buena. Patrick Modiano y tantos otros forman una espléndida generación.

M.M.: También existen en Francia muy buenas revistas literarias.

E.V.-M.: No hay revistas literarias en España, han desaparecido por completo; no tienen el apoyo de nadie. Pero en Francia hay una gran vitalidad. En Francia, y en México, en Argentina, en Colombia, tienes una cantidad de revistas en marcha y muy leídas, y aquí no hay ni una. Cuando los escritores españoles viajaban a México, decían: «Pero qué ingenuos, qué ilusión les hace la literatura». Aquí ha habido, comparado con América Latina, una especie de desafecto hacia la cultura, desinterés, escepticismo.

M.M.: Para finalizar, hay una gran presencia hispana en la política francesa actual: el ministro del Interior, Manuel Valls, es de origen español; también Anne Hidalgo, la candidata socialista al Ayuntamiento de París.

E.V.-M.: Conocí al padre de Manuel Valls, era amigo de la gente de Barcelona, infravalorado en Cataluña. Lo ha dicho la viuda, la madre de Valls: «En Cataluña no le hicieron demasiado caso a mi marido, más en Madrid».

A.G.: Era un pintor no muy conocido.

E.V.-M.: Pasaba lo siguiente: que si no eras conocido en el círculo de pintura muy ideológica, conceptual, no valías nada. Entonces, lo apartaron, y así les va...

Toda la actualidad en portada

comentarios