John Coates: los índices bursátiles y las hormonas
Imagen de la vía dopaminérgica. La dopamina es una de las drogas más adictivas del cerebro
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John Coates: los índices bursátiles y las hormonas

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Nadie sabe lo que puede un cuerpo, afirmó Spinoza, pero lo que hoy podemos decir es que cada vez sabemos más de sus poderes o, mejor dicho, de su inextricable actividad con la mente. Este libro de John Coates, investigador en neurociencias y finanzas que trabajó en Wall Street, es realmente apasionante.

Muchas veces nos hemos preguntado, alarmados, por la irracionalidad en las subidas o bajadas de los mercados financieros, y olvidamos que los operadores tienen cuerpo: se estresan y padecen subidones (o mermas) de hormonas esteroides (producidas por los testículos: el 95 por ciento de los operadores en todo el mundo financiero son hombres; las mujeres poseen un 85 por ciento menos de testosterona). La testosterona, por cierto, además de transportar oxígeno a la sangre, aumenta la confianza y, en ocasiones, las acciones temerarias.

Amén de los factores racionales relacionados con los minuciosos conocimientos financieros de la Bolsa, los mercados se mueven también por la proporción de toma de riesgo, y en estas rápidas decisiones, aunque con resultados a largo plazo, el cuerpo tiene mucho que decir. Que decidir.

De cuello para arriba

La adrenalina, el cortisol (u hormona del estrés) y la dopamina (una de las drogas naturales más adictivas del cerebro) influyen en muchas acciones, algunas fatales. Más que causas, Coates dice que las hormonas son lobistas: nos recomiendan y presionan en cierta dirección. Y no solo en las finanzas, el deporte o la guerra (esta apenas estudiada en el libro), sino en el resto de las actuaciones de nuestra vida.

Muchas burbujas están infladas con testosteronaAdemás de un minucioso estudio de biología y neurociencia aplicada a las tomas de decisiones rápidas y en las que nos jugamos algo, este ensayo es una introducción a la economía bursátil y a la actividad que llevan a cabo los operadores en el parqué, terreno en el que Coates trabajó durante doce años para Goldman Sachs o Merrill Lynch.

Aquí encontrarán explicaciones de primera mano sobre cómo operan en nuestro cuerpo y en nuestros actos los excesos de confianza durante una burbuja o racha ganadora, que no siempre es codicia. Coates sugiere abandonar la perspectiva neoclásica de la economía, que la supone totalmente racional, consecuencia del platonismo (economía de cuello para arriba), y propone, con Aristóteles como origen, una visión unitaria de cuerpo y mente, apoyado en la idea, difícil de rechazar, de que las «regiones cerebrales que procesan nuestras habilidades de razonamiento están inextricablemente ligadas a los circuitos motores».

Población clínica

Según Coates, las hormonas son «lobistas», presionan en cierta direcciónSon admirables las páginas dedicadas al estrés, orígenes y consecuencias en nuestra salud y decisiones tanto en situaciones extremas como cotidianas. Y es que el estrés no solo es una de las causas principales de enfermedades en el mundo moderno, sino que acentúa el riesgo de que, «llegada una crisis, pueda convertir una comunidad financiera en una población clínica. Una vez que esto ha ocurrido, toda economía se resiente».

Hay, pues, que intervenir tanto en la naturaleza como en la cultura, porque biología y gestión empresarial están relacionadas con las crisis financieras. También, propone Coates, debería promocionarse en los centros de decisiones financieras a las mujeres, y a los hombre de cierta edad, porque muchas burbujas están infladas con testosterona. No es que las mujeres no tengan apetito de riesgo, sino que toman las decisiones con menos rapidez. Un libro rico en análisis que concluye con la afirmación de que conocernos es conocer nuestras razones, pero también la bioquímica: no es deshumanizarnos, es liberarnos.