«Los pliegues de la tierra»: una historia poética y amarga de amor en Ranikhet
Mapa de los principales escenarios de «Los pliegues de la tierra», que transcurre en la localidad de Ranikhet
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«Los pliegues de la tierra»: una historia poética y amarga de amor en Ranikhet

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La periodista y editora Anuradha Roy es, junto a Kiran Desai, Arundhati Roy, Jhumpa Lahiri o Tania James, una de las mejores escritoras de origen indio surgida en estos últimos años. Se dio a conocer internacionalmente con su novela «Atlas de una añoranza imposible». Si en aquella excelente primera obra recreaba las vicisitudes de una familia bengalí a lo largo de la primera mitad del siglo XX, incidiendo en la tremenda diversidad social y cultural de la India, en su nueva novela, «Los pliegues de la tierra», vuelve la vista hacia un enclave mítico: el Himalaya, legendaria cordillera vista, en este caso, desde sus más recónditas y bellísimas profundidades boscosas. Un lugar de atracción de numerosos turistas y curiosos que recalan cada año en algunos de los secretos pueblos de sus laderas y un hipnótico enclave en el que nada es lo que parece y en el que no pocas vidas, anhelos y fantasmas se han quedado atrapados para siempre.

La aldea donde se centra esta historia poética y amarga de amor, fugas y mágicos encuentros, traiciones y venganzas ocultas, se llama Ranikhet. Un embriagador rincón célebre desde los tiempos de la colonia.

Un refinado lugar de vacaciones

Acantonamiento de frontera siempre en estado de alerta, entre Pakistán, Nepal y China, Ranikhet tiene a gala ser un refinado lugar de vacaciones desde la época de los británicos, con sus hoteles de lujo, sus extensas fincas y mansiones, sus partidas de «cricket», sus carreras de caballos y «picnics» a la luz de la luna. Los alpinistas suelen parar ahí de camino a las cumbres.

En Ranikhet no solo las montañas esconden cadáveresConsciente de que «hay personas que llevan las montañas dentro, como otras llevan el mar», Maya, una joven maestra, compite desde el comienzo con una pasión no humana: el amor y nostalgia de su marido, Michael, por las expediciones anuales al Himalaya, que prepara concienzudamente a lo largo del año. Para este tipo de gente, dice ella, «cualquier otro lugar es un exilio».

Había sido repudiada por su familia al enamorarse de Michael, un indio cristiano de segunda generación. Pero su felicidad durará poco. Cuando se le comunique que Michael ha fallecido durante una escalada, Maya decidirá trasladarse a Ranikhet, ese paraje remoto del que apenas sabe nada.

Historias de la frontera

Es así como Maya abandona su ciudad natal y una vida cómoda a más de 2.000 kilómetros de distancia. Muy pronto se da cuenta de que en Ranikhet no solo las montañas y los misteriosos lagos helados esconden cadáveres en sus profundidades. También existen extraños guardianes de secretos legendarios, reliquias de los tiempos del Raj, la administración colonial británica. Es el caso de Diwan Sahib, un carismático y extravagante personaje que poco a poco se convierte en centro de esta trama que gira en torno a la verdad, el honor y la honestidad.

La pasión hace correr ríos de tinta en medio de una vida pública despiadada«Antiguo y genuino noble indio» antes de la independencia y la partición del país, en su día ministro de Finanzas de un «nawab» (gobernador) del estado de Rajastán, Diwan Sahib es un erudito conocedor de la vida salvaje y de los más célebres viajeros de las montañas. Desde hace años está escribiendo una biografía sobre Jim Corbett, «el mayor naturalista de la India», coronel del ejército indio-británico, autor de «Los devoradores de hombres de Kumaon», «el tercer gran libro de cuentos de la India, después del ''Mahabharata'' y el ''Ramayana''». Un escritor y cazador que admira a Fenimore Cooper, Jack London y Mark Twain, pero más que nada ama cientos de historias de la frontera, novelas de exploración y aventuras.

Diwan es, sobre todo, el supuesto depositario –o al menos así lo creen muchos que periódicamente se dirigen a él para confirmarlo– de una mítica correspondencia de amor. Nada más ni nada menos que algunas de las apasionadas cartas de amor que se intercambiaron Edwina, la esposa de lord Mountbatten, y el Nehru. Es decir, la esposa del virrey británico, a punto de partir, y el primer ministro de un país recién declarado independiente. Una pasión que hizo correr ríos de tinta, dividida entre «la fuerza incontrolable del amor» y esa vida pública «despiadada, implacable, que se mantiene gracias a las convenciones».