«Los bosnios», un réquiem de Velibor Colic
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«Los bosnios», un réquiem de Velibor Colic

En «Los bosnios» Velibor Colic alterna el relato de atroces crímenes de guerra con pasajes de una poesía sonámula, recuerdos y testimonios. La guerra de Bosnia de los años noventa revive en estas páginas

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Muchas veces se ha dicho que la memoria de los Balcanes es una memoria de sangre. Una espiral de crueles venganzas que, generación tras generación, nunca se ha logrado enterrar por completo. Así lo afirmó el escritor albanés Ismail Kadaré en su célebre «Abril quebrado» (Alianza). Unos muertos se solapan con otros, y unos hechos terribles parecen imitar de forma macabra salvajadas ya cometidas en otros tiempos: civiles de cualquier edad asesinados, mujeres violadas y convertidas en esclavas sexuales, ciudades arrasadas, iglesias y mezquitas voladas por los aires.

Si en «Un puente sobre el Drina», obra maestra y gran clásico de Ivo Andric, único Premio Nobel de Literatura concedido a lo largo de la Historia a un escritor de la ex Yugoslavia, el lector aterrorizado presenciaba el empalamiento –narrado paso por paso, con todos sus más mínimos detalles– de un campesino cristiano del siglo XVI a manos de los turcos, en «Los bosnios», de Velibor Colic (Modrica, Bosnia, 1964), el empalado es un pobre tullido musulmán que nunca había conseguido andar derecho. Lo fueron a buscar a su casucha de adobe unos soldados serbios borrachos. «Por primera vez en su vida –dice con amargo sarcasmo el narrador– Adem estaba erguido. Estaba de pie contra la pared de su casa natal, empalado en una estaca. Le habían roto la columna vertebral para enderezarle».

Son los de Colic unos «collages» de historias breves y espeluznantesVelibor Colic recoge en su pequeño e impresionante libro, alternando atroces crímenes de guerra con pasajes de una poesía sonámbula y espectral, gran cantidad de recuerdos y testimonios, en ocasiones fulminantes retratos, de lo que fue la guerra de Bosnia de comienzos de los años 90 del pasado siglo. Pasajes como el citado ilustran la tremenda dureza y la bestialidad sin límites con la que se llevaban a cabo en aquellos días las operaciones de limpieza étnica.

Obligado a cantar

El empeño de Colic está sobre todo dirigido a honrar simbólicamente, y a devolver un nombre, unos rasgos, una fugaz identidad al menos, a miles de seres anónimos desaparecidos en aquella feroz contienda de vecinos contra vecinos. Son los suyos unos «collages» de historias breves y espeluznantes, que adquieren el tono de resonancias fantasmagóricas y ultraterrenales. La piedad, la compasión, cualquier rasgo de sentimiento humano ha desaparecido, como en ese relato de una crueldad abismal en el que un adolescente bosnio, antes de ser asesinado en un restaurante de las afueras de Sarajevo, es obligado a cantar. Antes de cavar su propia tumba tiene que entonar romances rusos, en un siniestro ceremonial.

En «Los bosnios» el empalado es un pobre tullido musulmán Como la literatura de esa zona de memoria no deja de darse la mano sin cesar en Bosnia, «tierra de miedo y odio», la magnífica «Carta de 1920» de Ivo Andric, un croata que escogió ser serbio y que creyó firmemente que una Yugoslavia unida era posible, parece dialogar desde el pasado con la «Carta a un amigo muerto», escrita en nuestra época por Velibor Colic, y que cierra el volumen de «Los bosnios». Una misiva llena de pesar, como en su día lo estaba la de Andric, y que habla de ese «furor que sigue desencadenándose en nuestra tierra, ese sangriento festín al que estamos convidados desde hace tiempo». Otro nuevo réquiem por Bosnia.

Colic es uno de los escritores de los Balcanes más interesantes de la actualidad, junto a Miljenko Jergovic, Vladimir Arsenijevic, Dubravka Ugresic, Svetlana Drakulic, David Albahari y Predrag Matvejevic. Antiguo soldado declarado desertor, emprendió el camino del exilio al igual que muchos de los citados, refugiándose en Francia en 1992, tal y como narra en uno de estos relatos.

En ese país debutó con su impactante libro «Los bosnios», escrito en francés, al que seguirían, entre otros, un texto dedicado a los últimos días de Modigliani, «Crónica de los desaparecidos», y una última y reciente obra, «Sarajevo ómnibus», muy elogiada por la crítica.