Una mujer admira una obra presente en la muestra
Una mujer admira una obra presente en la muestra - EP

Victor Vasarely: psicodelia y arte alucinógeno

Vuelven los 60. El Museo Thyssen reivindica la obra del fundador y padre del Op Art con una retrospectiva

MadridActualizado:

En los años 60 y 70 se puso de moda el Op Art (arte óptico) y la «locura Vasarely» lo inundó todo: camisetas, minifaldas, vajillas, revistas, carteles, fachadas... Había reproducciones baratas de sus obras en la antesala del dentista, el vestíbulo del cine, la oficina bancaria, la discoteca, la universidad y hasta en las iglesias. Así explica Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen, la fama que llegó a tener Victor Vasarely como fenómeno mediático. «Vasarely era el Op, como Warhol había sido el Pop. Consiguió lo que ni siquiera Warhol había logrado: la perfecta y completa saturación del mundo visual. Fue morir de éxito». Ambos quisieron democratizar el arte, que éste pasara de manos de unas élites a las masas. Warhol lo hizo multiplicando en serigrafías a Marilyn, Elvis, Jackie, Elizabeth Taylor... Vasarely, menos mitómano, optó por otras estrellas menos mundanas (las del firmamento) y cambió la moda, el cine, las fiestas, las drogas, el sexo y todos los excesos que vivieron en la «Factory» por la abstracción geométrica, la física, la teoría cuántica, los algoritmos y las permutaciones.

Una de las salas de la exposición con cuatro lienzos de Vasarely
Una de las salas de la exposición con cuatro lienzos de Vasarely - EP

Durante años, había caído en cierto olvido (se consideraba un arte demodé, que había envejecido mal), pero los 60 han vuelto con fuerza. Dos décadas después de su muerte, tres retrospectivas recuperan su figura: en septiembre en Fráncfort y en febrero de 2019 en el Pompidou parisino. Pero el Museo Thyssen se ha anticipado con una muestra en la que el grueso de los fondos (88 obras y dos películas) procede de los museos Vasarely de Pécs (su ciudad natal) y Budapest y la Fundación Vasarely de Aix-en-Provence, que preside su nieto Pierre. Para éste, que acudió ayer a la presentación, su abuelo «no ha tenido el reconocimiento que merece. Hizo un nuevo arte. Estaba muy orgulloso de ser húngaro, cuyo idioma siempre habló».

Dos personas, ante «Feny» (1973), de Vasarely, propiedad de la baronesa Thyssen
Dos personas, ante «Feny» (1973), de Vasarely, propiedad de la baronesa Thyssen - EP

Obra interplanetaria

Da la feliz coincidencia de que en el Reina Sofía se exhibe actualmente la obra de Sempere (el principal artista cinético español) y en la Fundación Mapfre el trabajo de Brassaï, el fotógrafo que mejor retrató los bajos fondos de la noche parisina. Ambos nacieron en Hungría, se establecieron en París, donde conocieron el éxito, y cambiaron sus impronunciables nombres por otros mucho más comerciales. Ambos se hallan entre los artistas húngaros más universales del siglo XX. Fundador y padre del Op Art, Victor Vasarely (1906-1997) pintó, tejió, esculpió, diseñó edificios (el Campus Universitario de Caracas, la estación de Montparnasse en París)... Su obra es interplanetaria. Y no es una exageración. El astronauta francés Jean-Loup Chrétien llevó al espacio 154 de sus serigrafías. Tituló muchas de sus obras con nombres de estrellas y constelaciones. Es el caso de «Feny», una de las obras que la baronesa Thyssen tiene prestadas al Estado español. Por cierto, Màxim Huerta, otro ministro de Cultura –esto sí que es alucinógeno y no las obras de Vasarely– con el que negociar su colección (y ya van...)

Una joven ante «Vonal-Fegn» (1968-71), del Museo Vasarely de Pécs
Una joven ante «Vonal-Fegn» (1968-71), del Museo Vasarely de Pécs - EP

Creador del «Manifiesto amarillo» (1955), este artista de la forma y el color, radical y visionario (tradujo la utopía en vida real), es una de las figuras clave del arte cinético y uno de los grandes renovadores del arte del pasado siglo, comenta el comisario de la exposición, Márton Orosz :«Fue el MoMA, con su exposición “The Responsive Eye”, en 1965, el que dio celebridad, casi de la noche a la mañana, al arte óptico y lanzó a la fama a Victor Vasarely». Sus vibrantes obras bidimensionales adquieren la tercera dimensión gracias a la sensación de movimiento que producen en nuestras retinas. Crean ilusiones ópticas... y pueden producir mareos. Como el que sufrió ayer la traductora contratada para la rueda de prensa. Son los efectos secundarios de un arte psicodélico, alucinógeno: las obras parecen cobrar vida. Unas obras que bien podrían haber sido creadas por ordenador... o tras un atracón de LSD.