Aleksandr Ródchenko. Diseño de portada para la revista «LEF» con retrato inédito de Ósip Brik (1924). Detalle
Aleksandr Ródchenko. Diseño de portada para la revista «LEF» con retrato inédito de Ósip Brik (1924). Detalle - MUSEO ESTATAL DE BELLAS ARTES PUSHKIN

La vanguardia rusa reclama su espacio en el Dadá

El Museo Reina Sofía revisa este movimiento, que nació en 1916 en el Cabaret Voltaire de Zúrich

MadridActualizado:

Rusia invade estos días España, no con tanques, sino con obras de arte. Si la semana pasada Chagall tomaba el Guggenheim Bilbao, ahora hace lo propio el Dadá en el Museo Reina Sofía. En los relatos canónicos este movimiento, que nació en 1916 en el Cabaret Voltaire de Zúrich, también pasó por Nueva York, París, Berlín..., abanderado por Tristan Tzara y con Marcel Duchamp como su mejor reclamo publicitario: su «Fuente» (un urinario, y no es metafórico), de 1917, rompió todos los esquemas y el mundo del arte ya nunca fue el mismo. Pero Rusia estaba ausente hasta ahora en ese relato dadaísta. Es esta exposición, pues, la primera aproximación al arte vanguardista ruso vinculado al Dadá internacional. Abarca desde 1914, cuando estalla la Primera Guerra Mundial, hasta 1924, con la muerte de Lenin –el líder bolchevique frecuentaba el Cabaret Voltaire– y el nacimiento del surrealismo. Y, entre medias, la Revolución rusa de 1917, cuando se produce una reacción dadaísta contra la cultura burguesa.

Pero, ¿qué es Dadá? En ruso significa «sí, sí», aunque, paradójicamente, este grupo decía no a casi todo. Entre las características que definen el movimiento destacan el nihilismo, el absurdo, la ironía y la parodia perversas, la burla, el azar, la crítica, una estética radical, cierto anarquismo... Sus obras son rupturistas, extravagantes, excéntricas, agitadoras y pacifistas.

Una de las salas de la exposición
Una de las salas de la exposición - MUSEO REINA SOFÍA

Exhaustiva investigación

Con un carácter multimedia (pintura, dibujo, cine, teatro, música, poesía), tratan de fusionar lo visual y lo verbal, escandalizar al público y menospreciar los valores artísticos. «El constructivismo ruso y el Dadá son dos caras de la misma moneda», asegura Manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía. En la sala A1 del museo recalan, hasta el 22 de octubre, medio millar de piezas de 90 artistas cedidas por importantes museos y colecciones privadas. La exposición es el resultado de una exhaustiva investigación que ha arrojado nueva luz y material inédito sobre este asunto.

Ilin (Nal)«Futurismo en un pueblo» (1914)
Ilin (Nal)«Futurismo en un pueblo» (1914)- MUSEO LITERARIO ESTATAL RUSO VLADIMIR DAHL

Según Hans Richter, en su libro «Dadá. Arte y anti-arte», «las tendencias Dadá hicieron su primera aparición en Rusia». Concretamente, con «Victoria sobre el sol», una ópera del aburdo de Aleksei Kruchónij (el libreto es de Velimir Jlébnikov, el diseño de Malévich y la música de Mijail Matiushin). Es de 1913, con lo que, de ser cierto, se adelantaría tres años a la aparición del dadaísmo en Europa occidental. Frente a esta modernidad, que apuesta por la autoría individual, ellos propugnan un arte colectivo (lo denomiman todismo): figuras como Malévich, Rózanova y Tatlin exponen juntos sus collages, ensamblajes y objetos encontrados en exposiciones antiacadémicas. Una de las ramas del Dadá ruso fue el nadismo. Su lema: «Todo tiene su inicio en la nada». «No hay nada en el arte», propugnan.

La muestra, que cuenta con la colaboración de la Comunidad de Madrid, ha sido comisariada por Margarita Tupitsyn, quien afirma que, al igual que los dadaístas occidentales, los rusos detestaron y sufrieron la I Guerra Mundial. Se intensifica la conciencia de la importancia política de su revuelta cultural. Kruchónij, Malévich o Rózanova promueven campañas contra la guerra con la creación de carteles y collages antibelicistas. Es el caso de «Los héroes y las víctimas de la revolución», de Mayakovski. El «Monumento a la Tercera Internacional» de Tatlin fue el epítome del anti-arte para los dadaístas. Decía Tatlin: «Nada de arte... A la mierda el arte».

Aunque siempre se ha asociado vanguardia rusa y futurismo, para Marinetti, autor del manifiesto de este movimiento, «los rusos eran falsos futuristas». Malévich no se mordía la lengua: «Nosotros hemos abandonado el futurismo y nosotros, los más valientes entre los valientes, hemos escupido en el altar de su arte».

Varvara Stepánova. «Charles Chaplin haciendo la voltereta» (1922)
Varvara Stepánova. «Charles Chaplin haciendo la voltereta» (1922) - COLECCIÓN PARTICULAR

Grosz y Chaplin

Obras geométricas como «Cuatro cuadrados», de Malévich, y «Dibujo con línea y compás», de Ródchenko, se exhiben en las salas del Reina Sofía junto a películas como «El asalto al Palacio de invierno» (1920), de Nikolái Yevreinov, y «El diario de Glúmov», de Eisenstein (concebida como inserción cinematográfica para su adaptación teatral de «Hasta el más sabio se equivoca», de Ostrovski); escenografías y vestuarios de Stepánova y Mayakovski... Teatro del absurdo y político, cine paródico y propagandístico. Así es Dadá: «En cada sí, Dadá ve simultáneamente un no. Dadá es un sí-no», advierte Theo van Doesburg.

Entre sus influencias, la pintura expresionista de George Grosz, el cine de Chaplin... La última parte de la exposición se centra en los puentes que se tendieron entre dadaístas occidentales y los orientales que visitaron París, Berlín y Nueva York. Fue el caso de Goncharova y Lizzitzky, que expusieron sus trabajos en la galería Der Sturm de Berlín. Los artistas rusos se integran en los círculos Dadá de Tristan Tzara, Paul Éluard, Kurt Schwitters o Francis Picabia.